Ya nadie quiere jugar con Kanye West, ¿o sí?

El racismo, los grupos de odio, la discriminación, violencia, pornografía infantil, maltrato animal, desigualdad de género y todos los puntos negativos de la sociedad, siempre han formado parte de ella. Entonces, ¿por qué nos parece que ahora hay más odio, racismo, maltratos, etcétera? La respuesta, por más sencilla que parezca, es el Internet. La red ha exhibido aquella cara de la humanidad que siempre se mantuvo en privado, escondida en países lejanos y tercermundistas.

Ahora, la cosa es totalmente distinta. Conforme la tecnología llega a todos lados, también llega a nosotros un bombardeo de información que nos dice que vamos de mal en peor, que las cosas no van a mejorar, sino todo lo contrario: nos estamos matando en forma de tiroteos escolares, contaminación, narcotráfico, guerrillas o amenazas nucleares. Hoy, ya nadie quiere jugar en internet.

Si las redes sociales como Twitter hubieran existido en la década de los 90, a todos nos habría gustado leer publicaciones que invitaran a todos a jugar con lo que es –o era en esos años– políticamente incorrecto. Las burlas o memes de la infidelidad de Clinton no hubiera dado paso a un debate sobre la situación de la mujer dentro de la política, ni la muerte de Diana habría sugerido que la depresión y ansiedad son problemas graves. Hace 20 años, la sociedad no estaba tan enterada de todo lo que sucedía en el mundo por el simple hecho de que el Internet no había llegado a su máximo punto de exhibir absolutamente todo en todas partes.

En la década de los 90 o antes, un tuit de Kanye West sobre cualquier tema, nos habría dado más risa que desprecio. Una invitación a que tuviéramos en mente lo que sentía Chris Brown después de golpear a Rihanna o decir que Bill Cosby era inocente, no habrían causado tanto impacto. Incluso, a principios de 2016 nos hubiera dado igual, pero la diferencia ahora es que Donald Trump es presidente y líder de la nación más poderosa del mundo, la diferencia es que un autoproclamado genio que dice que la esclavitud negra fue una opción, lo apoya sin medir las consecuencias de sus palabras y sin darse cuenta que hoy, ya nadie quiere jugar en internet.

Con una gorra de Make America Great Again firmada por el POTUS, Kanye West regresó hace unos meses a Twitter para publicar frases que formarían de un libro de filosofía que se escribe en tiempo real y, de paso, para anunciar que su regreso a la música estaba más cerca nunca. El viernes 1 de junio, Kanye West liberó Ye, su octavo disco de estudio con siete canciones que hablaban de varios temas de actualidad –porque la farándula ahora es un tema importante– como el del infiel Tristan Thompson, Stormy Daniels o el #MeToo.

Y a esas siete canciones, después de jugar con fuego y sin ventas físicas del disco, Kanye las puso todas tanto en Apple Music como en Spotify, en los primeros lugares en varios países del mundo, incluso en los que Trump se refirió a ellos como agujeros llenos de mierda de donde llegan miles de migrantes a vivir el sueño americano que Kanye representa junto a su esposa Kim Kardashian.

Para defender a su esposo de la controversia después de lo de la esclavitud, Kim dijo que Kanye estaba adelantado a su tiempo como si no fuera un ser de este mundo. Y para no ser de un mundo como en el que vivimos y vivir en el futuro, parece que Kanye West no se ha dado cuenta que su legado en la música, sin importar si está a la cabeza en las listas, puede terminar de una mala manera con la gente, como su amigo John Legend, pidiendo que se calle, dejé de publicar cosas en Twitter y que también deje de hacer canciones bajo la amenaza de que estarán más politizadas que nunca.

Entonces, felicidades a Kanye por llevar sus siete canciones a los primeros siete lugares sin considerar las ventas de Ye. Felicidades por ser un genio capitalista y productivo. También por hacer de un “I hate being / Bi-Polar / It’s awesome” un lema que abandera a las personas que de verdad tienen un problema con esta enfermedad. Sin embargo, quizá ya sea momento de que nadie le siga el juego que, pensando mal, podría convertirse en una de las peores pero más rentables formas de conseguir publicidad para un disco ¿Un genio la necesita?

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