Entrarle a las desigualdades

Por José Ignacio Lanzagorta García

No es ninguna novedad: el azar de nuestros puntos de partida puede marcar buena parte de nuestros destinos. No es lo mismo nacer en el campo que en la ciudad; no es lo mismo ser hombre que mujer; no es lo mismo nacer dentro del seno de la mayoría cultural hegemónica que en una minoría asediada; no es lo mismo nacer en un hogar con altos ingresos que con bajos ingresos; con ambos padres o con uno o una sola. En el trayecto y sólo para unos pocos, algunas de las desventajas de esos puntos de partida podrán ser superadas. Para los más, esas desventajas se irán sumando y entrecruzando con otras: el acceso a servicios de salud, el acceso a una educación y buenas condiciones para el aprendizaje, el acceso a actividades remuneradas y derechos laborales. Cuando decimos que México es un país muy desigual estamos diciendo que tenemos a uno de los hombres más rico del mundo y a más del 40 por ciento en condiciones de pobreza, pero también muchas cosas más. Si no entendemos todas esas posiciones y trayectorias de desventaja, difícilmente podemos hacer algo para mitigarlas.

Esta semana el Colegio de México publicó el informe Desigualdades en México 2018. Es un reporte accesible, con datos precisos y contundentes, donde podemos dar cuenta de algunos de estos puntos de partida y de otras desventajas que se pueden acumular en el camino. Ahí podemos ver estas dinámicas de desigualdad en la educación, en el ingreso y en el trabajo, atravesadas por el territorio como por el género. En México, por ejemplo, es tres veces más probable que un estudiante de altos ingresos acabe la prepa que uno de bajos. Si alguien nació en un hogar en situación de pobreza, lo más probable es no la supere de adulto. Si una mujer cuenta con estudios de educación superior, tiene una probabilidad menor que un hombre de sí usar sus conocimientos en un trabajo remunerado. Cerca de la mitad de la población no cuenta con prestaciones asociadas al servicio social y el ingreso promedio entre sector formal e informal comienza a emparejarse. Esto, entre muchos otros datos.

El reporte, sin embargo, pone un énfasis fundamental: las desigualdades pueden comenzar, entrecruzarse y acumularse en nuevos ámbitos. Cambios en la sociedad y cambios en el planeta, nos abren nuevos horizontes favorecedores y desfavorecedores. Por ejemplo, el informe presta particular atención al retorno de migrantes de Estados Unidos que si bien solíamos verlos como exitosos microempresarios, los datos muestran una fuerza laboral que encuentra un terreno más hostil y a veces menos protección institucional que quienes no se marcharon. También pone en la mesa un tema que no podemos seguir soslayando: las temperaturas van a subir, en algunos sitios las sequías se agravarán y en otros las lluvias se intensificarán, otros sitios se inundarán. El cambio climático marcará nuevas posiciones de ventaja o desventaja en estos puntos de partida. Tenemos la oportunidad en puerta de atender esas desventaja antes de que ocurran.

Imagen: Shutterstock

Es incómodo hablar de desigualdades. No necesariamente y no en todos los puntos de partida, pero en el mundo de las ventajas y desventajas, muchas veces tener algo puede ser a costa de que alguien no lo tenga. Si en una apretadísima estructura de costos de una empresa los hombres ganan más que las mujeres para un mismo puesto (esto, sabemos, es una metáfora pero no una ficción): la solución imposible para la empresa sería subir el sueldo de las mujeres al nivel de los hombres. Para los que estamos en posiciones privilegiadas, a veces nos resulta más fácil hablar de la pobreza que de las desigualdades, del asistencialismo que de la justicia. Lo primero exige filantropías, lo segundo desapegos. Estamos prontos para encontrar ahí donde las desventajas puedan ser atendidas sin cargo a los aventajados y, por supuesto, esto existe.

Si los puntos de partida de la vida de las personas pueden marcar desigualdades, éstas a su vez pueden ser el punto de partida o estar relacionadas o agravar un gran número de problemas sociales: de salud pública, de productividad económica, de innovación tecnológica y científica y hasta de paz y estabilidad institucional, social y política. Es importante poner el tema de las desigualdades como prioritario en el país. El informe del Colmex también revisa cómo ha sido atendido el tema de las desigualdades en las campañas presidenciales. Aparece de forma desequilibrada en las diferentes plataformas y con algunos lugares comunes y formulismo que ya conocemos: “cerrar la brecha” y así.  La próxima semana es el debate presidencial en el que este tema estará sobre la mesa, habrá que poner especial atención y, sobre todo, entrarle al asunto de las desigualdades.

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José Ignacio Lanzagorta es politólogo y antropólogo social.

Twitter:@jicito