Zooropa: un gran disco que U2 no toma en cuenta y nadie se molesta en escuchar

“Jamás pensé que Zooropa fuera más que un interludio”, dijo en algún momento el guitarrista de U2, The Edge. Tal vez esto sea el pleno reflejo del sentimiento de la banda hacia este disco que fue lanzado el 5 de julio de 1993 y fue el sucesor de piezas como The Joshua Tree (1987) y Achtung Baby (1991). También es el material con el que más se arriesgaron, con el cual tomaron esa psicodelia de Pink Floyd en Animals y la mezclaron con música electrónica, synth-pop, post-punk, industrial y rock que no volvieron a agregar en algún otro álbum. 

Zooropa es experimental, divertido, bueno de principio a fin y sin embargo, es el disco más infravalorado no solo por la banda misma, sino por muchos de sus fans. Tan solo cabe mencionar que cuando fue lanzado, apenas y vendió 2 millones de copias, a diferencia de Achtung Baby que logró 8 millones o The Joshua Tree que alcanzó los 10 millones. También los singles promocionales fueron un rotundo fracaso; pasaron sin pena ni gloria.

Los que han tenido oportunidad de escuchar este disco coincidirán en decir que es uno de los mejores trabajos de U2, una agrupación irlandesa que desde un inicio se embarcó en un rock cargado de guitarras acompañado de letras sobre la guerra y una sociedad cansada de la violencia. Aquí encontrarás algo de eso, pero también tendrás la dulzura de canciones como “Baby Face”, que a base de sonidos melosos con un piano de juguete le da la pesadez con múltiples riffs de guitarra y la voz explotada en el sonido más agudo de Bono. 

Antes de ésta aparece “Zooropa”, tema que da nombre al disco y que comienza con un interludio, después con voces de radio y luego una larga melodía de piano. Esto, más allá de adentrarnos en el mundo de psicodelia de U2, nos deja con la interrogante de qué diablos estamos escuchando pues, como lo dije anteriormente, no suena en nada a U2. Sin embargo, el bajo y finalmente la batería acompañados de un riff de guitarra, le da todo el ritmo a una complejidad melódica que sucumbe ante la voz de Bono repitiendo “Zooropa”. 

Debido a que es un disco bastante experimental, lo que hace U2 es jugar con esas distorsiones, con esa libertad creativa en su máxima expresión. A partir de esto es que llega “Numb”, cuya letra apenas se escucha o mejor dicho, apenas se le entiende mientras debajo de ella hay capas de sintetizadores. Es un ligero toque de post-punk con synth-pop que jamás volvimos a escuchar en ellos, pero también,  es la declaración que en su momento quisieron dar: está bien ser nihilista y mezclar varios géneros dentro de un disco. Pero solo de vez en cuando…

Como prueba es que parte del álbum fue grabado en The Factory, el refugio de artistas como David Bowie, Lou Reed, Bob Dylan, Nico, The Velvet Underground y Mick Jagger. También fue producido por el mismísimo Brian Eno, de quien no hace falta decir mucho, excepto que es uno de los compositores de música electrónica y experimental por excelencia. En su momento Eno le ayudó a Bowie a crear una trilogía que pasó a la historia —la trilogía de Berlín—, le hizo sumergirse en un mundo lleno de libertad creativa para generar música a partir de simples máquinas y así tener como resultado Low, Heroes y Lodger. Con U2 hizo lo mismo, dejó que The Edge también tomara la batuta, que de cierta forma conservara ese toque característico de U2 pero que al mismo tiempo sonara como algo nunca antes hecho por la banda. 

En “Lemon” por ejemplo, Brian Eno se coloca detrás de los sintetizadores, de las cuerdas, el piano, el armonio y finalmente, funge como el arreglista para todo el disco. Esta canción es una pieza que junto con “Numb” bien podría escucharse al lado de canciones de The Prodigy, Aphex Twin o The Orb.

Luego está “Daddy’s Gonna Pay For Your Crashed Car”, un tema, el más extraño de U2, en el que Bono habla sobre su tema favorito: la heroína. Probablemente en ese entonces tanto él como el resto de la banda se encontraban consumiendo drogas —no por nada The Factory era catalogada como “un lugar para artistas y drogadictos”—. Aquí de principio a fin suenan los sintetizadores, las cajas de ritmo y se siente que hay algo de industrial noise rock por ahí. ¡Una maravilla! Especialmente porque el industrial surgió en los 80 como forma de expresión ante el fascismo, asesinatos en serie y ocultismo. A nivel sonoro es pesado, pero en el caso de U2, lo mezcla de una forma un poco más ligera pero no menos oscura. De nueva cuenta toma referencias del post-punk, synth-pop, techno y lo transforma con el uso de meras máquinas. 

Después, con “Some Days Are Better Than Others”, la agrupación le da toques de jazz gracias al uso del bajo y finalmente, en “The Wanderer”, hace un giro de 180 grados al pedirle a Johnny Cash, compositor, guitarrista y cantante que es considerado como uno de los músicos más influyentes del siglo XX y “el rey de la música country”, que cierre este disco tan experimental como su nombre mismo lo dice; para que llegue tocar algunos acordes y cantar de principio a fin la letra de la canción. 

El resto de los cortes más allá de ser flojos, son parte de este rompecabezas difícil de entender por los múltiples géneros que aborda, pero que no suenan mal cuando los escuchas en conjunto. Zooropa no es “el disco de la vergüenza” para U2. Es un material que merece ser escuchado, valorado, mencionado por los medios especializados en música en su aniversario pero sobre todo, que merece tener una oportunidad pues, una vez que se escucha, cuando vuelves a oír lo que Bono y compañía tienen para ofrecer, te das cuenta de que en algún punto de su carrera quisieron experimentar con máquinas, con la música electrónica y les salió bien. Que eran seres creativos y no tenían límites, pero que el poder de su género y el éxito de lo comercial los consumió.