Murió una niña somalí después de ser sometida a una mutilación genital femenina

El trabajo de las organizaciones e instituciones encargadas de proteger los derechos humanos de las personas, han sido cuestionados más que nunca. Las crisis humanitarias en todo el mundo como la de los migrantes, por mencionar alguna, producidas de forma violenta a partir de cuestiones culturales, políticas y económicas, no se han resuelto y los valores de las sociedades que las miran de fuera, se han ido perdiendo.

Los enfrentamientos étnicos, la crisis de hambre en Venezuela o la de los migrantes, sobre todo entre la frontera entre México y Estados Unidos y el enorme flujo migratorio hacia Europa, son algunas de las crisis más conocidas por la cobertura que los medios han hecho de ellas y, por ende, la conversación que se ha generado en redes sociales por parte de los usuarios. Sin embargo, hay más, crisis silenciosas que se llevan a cabo de forma clandestina y que se han llevado a millones de víctimas: la mutilación genital femenina.

Este ritual ligado de forma íntima a cuestiones culturales en la mayoría de los países del continente africano, Oriente Medio y Asia, se ha practicado, según datos de de la Organización Mundial de la Salud, en más de 200 millones de mujeres y niñas, sobre todo durante la infancia entre la lactancia y los 15 años. Somalia, ubicado en la región conocida como el Cuerno de África al colindar con Kenia y Nigeria, es uno de los países que más presenta este tipo de casos y donde apenas una niña de 10 años murió después de ser sometida a una MFG.

Murió una niña somalí después de ser sometida a una mutilación genital femenina

Deeqa Dahir Nuur de 10 años, murió desangrada. Tuvo una hemorragia durante dos días y cuando sus familiares la llevaron al hospital de Dhusmareb, la niña murió. No es el primer caso; sin embargo, es el primero que se hace público a nivel nacional e internacional, dejando de lado el rechazo de las autoridades por reconocer que esta práctica no sólo es inútil por no presentar beneficios a la salud de las mujeres, sino todo lo contrario: es sumamente peligrosa al producir complicaciones a largo plazo, o bien, poner en riesgo la vida de las niñas en cuanto se practican por falta de higiene y cuidado durante el procedimiento.

Se han reportado casos en que emplean rastrillos, vidrios de botellas rotas o palos afilados, además de los cuchillos, para cortar realizar clitoridectomías, excisiones o infibulaciones. La primera consiste en la amputación parcial o total del clítoris y a veces el pliegue que cubre el órgano; el segundo caso se aplica cuando amputan el clítoris y los labios menores en la que también pueden quitar los labios mayores. La infibulación consiste en estrechar la abertura vaginal al cortar los labios y coserlos. También hay otros métodos que lastiman los órganos sexuales femeninos como perforaciones, raspados y cauterizaciones.

De acuerdo con The Guardian, Somalia es el país donde más se realiza este ritual al presentar un registro donde 98 por ciento de las mujeres de entre 15 y 49 años, han sido “cortadas” como un ritual relacionado con la posición inferior de la mujer. Los cortes son realizados por hombres y mujeres por igual. En el caso de Deeqa, fue una mujer la que realizó el ritual; sin embargo, no puede ser arrestada porque como comentó el activista Hawa Aden Mohamed, no existen leyes que castiguen las muertes de las mujeres y niñas ni a quienes las provocan.

Murió una niña somalí después de ser sometida a una mutilación genital femenina

“Es difícil estimar el número de niñas que han muerto por MFG al mes o al día porque hay tanto secreto alrededor del tema, sobre todo en las áreas rurales”, comentó. “Sólo escuchamos de algunos casos cuando las personas se atreven a buscar ayuda médica en las ciudades”.

En teoría, la mutilación genital femenina es ilegal en Somalia y muchos países, pero las autoridades más conservadoras, sobre todo las que están apegadas a preceptos religiosos, mantienen la idea de que la MGF es necesaria, no tiene consecuencias negativas y es segura. La mutilación, como mencionamos, es una violación a los derechos de las mujeres, los derechos de los niños y los derechos a la salud y seguridad a la que todos los individuos debe acceder.

La realidad de las niñas y mujeres en Somalia no es la única. Algunas ideas socioculturales llevan a las sociedades a seguir practicando este ritual de discriminación a la mujer que pertenece a la educación y crianza de las niñas, así como la idea de prepararlas para el matrimonio o mantenerlas vírgenes. 

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