¿Qué fue lo que realmente mató a Ernest Hemingway?

En la mañana del 2 de julio de 1961, el escritor estadounidense Ernest Hemingway se sentó en la primera sala de su casa en Ketchum, Idaho, donde vivía con su esposa Mary Welsh y se disparó con una escopeta, su favorita. Vestido con la famosa “túnica del emperador”, que en realidad era una simple bata, el escritor se quitó la vida con un disparo que retumbó en todo el mundo.

¿La razón? Se trataba del prototipo de escritor que todos en algún momento aspiraron a ser: un hombre valiente que cambió el rumbo de la literatura gracias a la época en la que vivió, el Premio Nobel de Literatura en 1954, las tres guerras que tuvo que presenciar, las corridas de toros, su amor por Cuba, un alcoholismo conocido, el trauma generado por su madre y padre y la hemocromatosis hereditaria.

Hemingway, quien había condenado el suicidio –mas no la muerte– como un acto de cobardía, se había suicidado. Todo mundo lo sabía, pero nadie lo aceptó. Mucho menos su familia, quienes durante años manejaron el asunto como un terrible accidente en el que el escritor, mientras limpiaba su arma, se disparó de manera accidental. Sin embargo, debía llegar el punto en que se reconociera que un hombre que “no parecía pertenecer a la raza de los que se suicidan”, en realidad había desistido de los encantos de la vida.

¿Qué fue lo que realmente mató a Ernest Hemingway?
Ernest Hemingway en un safari en África en 1954. / Getty Images

Las razones que lo llevaron a ponerse el cañón de un arma de fuego en la frente, siguen siendo un enigma. Hemingway fue el primer Charles Bukowski de la literatura americana, y con esto no hablamos de su estilo literario ni lo maldito de su poesía, sino que como mencionamos, Hemingway representaba el triunfo del mundo de la literatura y de toda profesión en general: era encantador y un amante de las mujeres; también fue un gran deportista, atlético; había vivido tres guerras, así que el hombre sabía la diferencia entre los distintos tipos de muerte y el porqué no había que temerle a ninguna; recibió todos los premios a los que se podían aspirar, incluido el Nobel.

¿Por qué alguien que parecía tenerlo todo en la vida decidió conocerlo en la muerte? Hemingway estaba bastante enfermo. Alejado de su adorada Finca Vigía a las afuera de La Habana, donde pasó la mayor parte de su vida –de 1939 a 1960–, se supo, después de tres años del suicidio, que estaba sumamente deprimido, que incluso fue sometido a electrochoques y que los intentos de suicidio no eran una novedad. Aquí podría estar la respuesta, pero no podía ser tan sencillo.

Detrás de su muerte, la cual sigue siendo analizada por especialistas de todo el mundo, hubo un trauma mayor psicológico causado, supuestamente, por su madre, una “perra” que lo vestía como niña. Aunque también hay algo del padre en ese pasado, un hombre americano con temperamento agresivo y amor a las armas que también se suicidó con un disparo en la cabeza en 1928. De acuerdo con un ensayo titulado Ernest Hemingway: a psychological autopsy of a suicide, parecía que el escritor estaba destinado a morir por sus propias manos por su conducta autodestructiva, bipolaridad, daño cerebral y una personalidad narcisista. El doctor Christopher D. Martin llegó a esta conclusión después de estudiar sus obras literarias, leer su correspondencia, ver fotografías y checar los estudios médicos previos a su muerte. ¿El diagnosis? Además de todo lo anterior, en vida dio señales de cierta psicosis presentada en sus mecanismos de defensa como la ingesta de alcohol, su actitud agresiva, la práctica de deportes peligrosos y, por supuesto, la escritura.

¿Esta podría ser la respuesta? Sí, pero tampoco dice nada. ¿Acaso la hemocromatosis hereditaria que padecía dice más? El doctor Clarence Edmonds Hemingway, nacido un 4 de septiembre de 1871 en Illinois, se suicidó un 6 de diciembre de 1928. Cuando recibió la noticia de la muerte de su padre, el ganador del Nobel dijo: “Probablemente yo termine de la misma manera”. Junto a Ernest está su padre y otros cinco familiares que se quitaron la vida incluidos sus hermanos Úrsula y Leicester.

Esta historia de tragedias, las cuales se podrían asociar a un entorno romántico conocido en el mundo del arte, llega a un mismo punto nada literario llamado hemocromatosis, una enfermedad genética descrita como un desorden del metabolismo del hierro asociada a la sobrecarga de este micronutrimento inorgánico. La imposibilidad de metabolizar el hierro, acumulado en grandes cantidades depositadas en varios órganos como el corazón, cerebro, hígado y el páncreas, lleva a quien lo padece a un deterioro físico que, por ende, afecta al estado mental; sin embargo, si se detecta de forma temprana, se puede tratar, pero a Ernest Hemingway le detectaron esta enfermedad, común en personas de ascendencia europea, seis meses antes de que se quitara la vida.

No habrá nunca una respuesta directa ni objetiva a la muerte del escritor… y quizá no haga falta con títulos que inmortalizaron su figura y lo convirtieron en un icono de la cultura y el arte en el siglo XX. “En nuestros juegos deportivos”, escribió Hemingway en Muerte en la tarde de 1931 sobre las corridas de toros, “no es la muerte la que nos fascina, la muerte cercana, que es preciso esquivar; sino la victoria, y es la derrota, en lugar de la muerte, lo que tratamos de evitar. Todo ello tiene un simbolismo muy lindo; pero hacen falta más cojones para entregarse a un deporte en el que la muerte es uno de sus ingredientes”.

Comentarios