Cine

CuadroXCuadro: ‘2001: A Space Odyssey’ y la humanización de la máquina

En el cuento El centinela de Arthur C. Clarke, una pirámide alienígena en la Luna ha estado evaluando el desarrollo de la civilización en la Tierra. Cuando los humanos rompan su barrera entre espacio y tiempo y lleguen al satélite, estarán lo suficientemente preparados y avanzados para establecer contacto con esa desconocida raza que puso una máquina piramidal en la Luna. “No nos queda más que hacer sino esperar”, dice el protagonista de la historia.

Este cuento corto pero complejo, aún imposible en nuestra actualidad, fue la base con la que Stanley Kubrick y el escritor y científico británico, crearon el guión de la película de ciencia ficción más grande de todos los tiempos y la presentación del cine como una herramienta que cuestiona las razones de nuestra existencia. Y si ahora esas preguntas no tienen respuestas, en 1968, año en que se liberó, las posibilidades eran aún menos.

La década de los 50 se convirtió, de acuerdo con los expertos, en la edad de oro de las películas de ciencia ficción con títulos como The Thing From Another World o The Man from Planet X, ambas del 51, o a nivel internacional la producción de Godzilla en 1954. Como consecuencia de los avances tecnológicos de la Segunda Guerra Mundial, liderados por las investigaciones y experimentaciones de los nazis, es que la ciencia ficción, como un género dentro del cine, no sólo celebró la creatividad del hombre al llevarlo por mundos imposibles, sino también exploró y presentó un abanico de posibilidades para el futuro de la humanidad a partir de una combinación devastadora: hombre, ciencia, conocimiento y lo desconocido.

Pero el género no sólo exploró criaturas fantásticas y la posibilidad de descubrir otros planetas, sino también la mezcla de horror, distopía y mundos postapocalípticos que aumentaban la iniciativa del hombre por llegar primero a la Luna en medio de una carrera espacial en la que nadie resultó ganador. Este quizá sea el referente más obvio de la más grande obra de Kubrick; sin embargo, hubo más de un factor social y político que se ve reflejado en el argumento de 2001: A Space Odyssey.

El año en que se estrenó el filme, es uno de los más influyentes en la era moderna y la velocidad que tomó la historia de la humanidad. Cada uno de los sucesos que ocurrieron, dictaminaron de alguna manera la forma en que se construiría la sociedad y la base de la misma. Y no sólo en aspectos sociales o políticos, sino también en el arte como una forma de sintetizar la belleza, pero sobre todo, mostrar las posibilidades del hombre como un ser creativo de forma individual y colectiva.

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Keir Dullea y Gary Lockwood como Dave Bowman y Frank Poole.

En ese 1968 fue asesinado a los 39 años Martin Luther King. Seis meses después durante los Juegos Olímpicos celebrados en la Ciudad de México, dos atletas negros mientras sonaba el himno nacional de Estados Unidos, realizaron el saludo del Black Power en silencio, frente a millones de personas y con una medalla de oro y bronce sobre sus cuellos. Pero la historia de ese año cambió al mundo, no sólo a América. Así que mientras Francia vivía su Mayo del 68, en el este comenzaba la famosa Primavera de Praga que se cerró de forma violenta con la invasión de la URSS.

México reveló con una revolución estudiantil, las dos caras de su sociedad y la decadencia de un Estado que se mantuvo en el poder por la resistencia –o acaso fue miedo– de la misma población civil. Pero también, desde un lado más amable y como resultado del nacimiento de la contracultura, la NBC televisó por primera vez en la historia, un beso interracial entre el blanco capitán James Kirk y la teniente Uhura de la serie Star Trek: “De donde vengo, el tamaño, la forma y el color no marcan la diferencia”.

Y también, como mencionamos, por la Segunda Guerra Mundial que dividió al mundo, 1968 se desarrolló en medio de una Guerra Fría que dio paso a la llegada del hombre a la Luna un año después no sin antes, a través del cine, ofrecer un primer testimonio de la cara del universo y los alcances de la humanidad. Y con esto, llegamos al estreno de 2001: A Space Odyssey, la obra maestra visual del séptimo arte gracias a Stanley Kubrick y obra maestra literaria del director junto a Arthur C. Clarke.

Clarke y Kubrick formaron la pareja perfecta para diseñar una historia que no se saliera de las posibilidades de la tecnología, pero que al mismo tiempo pusiera como protagonista la trascendencia y su íntima relación con la existencia del hombre. Y así, un director y un científico construyeron la base del género de ciencia ficción en el cine y el objetivo a alcanzar de los próximo cineastas.

En El Centinela es una pirámide mientras en 2001 es un monolito que atestigua uno de los primeros pasos del hombre cuando uno de los protohomínidos del filme descubre en un hueso, una herramienta o arma que da paso a su forma activa en la naturaleza que, con millones de años de diferencia, marcaría la llegada del humano a la Luna donde se encuentra otro monolito –¿o acaso es el mismo?– que los invita a un expedición a Júpiter. Y con este primer contacto, es que comienza una historia en la que nada es lo que parece, ni siquiera el hombre:

Los astronautas Bowman y Poole, son los elegidos para ir a Júpiter y convivir con HAL, una supercomputadora con Inteligencia Artificial que, con base a algunos juicios, decide exterminar a la tripulación ante la negativa de ésta a seguir con su misión. De primera vista, nos enfrentamos a la misma historia de siempre: las máquinas se rebelan ante su creador. Sin embargo, con Kubrick y sus visuales impresionantes –que en total costaron unas tres millones de libras–, nada es lo que debiera y todo se convierte en un juego de la mente similar al de HAL con David Bowman.

En realidad, y a pesar de que Kubrick reveló en una extraña entrevista que su 2001 era una representación de “entidades divinas, criaturas llenas de energía, inteligentes y sin forma alguna”, la verdad detrás es otra: HAL es el único “humano” en el filme que, con una voz robotizada, es capaz de emitir cierta emoción sobre la supervivencia de una máquina ante la amenaza de ser desconectada. Una de las escenas de terror de la película, pero más humanas y reveladoras, es cuando Bowman se enfrenta a HAL después de que leyera sus labios y supiera de sus planes para apagar el sistema. Como si se tratara de una interacción entre dos humanos, Dave reacciona con pena y miedo ante la noticia de HAL mientras la máquina habla de la importancia de la misión como si se tratara de un sueño pero, ¿cómo razonar con sentimentalismos ante una máquina o viceversa?

“Dave, this conversation can serve no purpose anymore. Goodbye”.

Sin embargo, no hay nada más claro en la cinta que la declaración final de HAL cuando Dave llega a la mente de la computadora y la desactiva. Como si se tratara de una persona, la máquina ruega por su “vida” sin la posibilidad, ahora contraria, de poner los sentimientos y las pasiones en primer lugar:

“Dave, stop! Stop, will you? Stop, Dave. Will you stop, Dave? Stop, Dave. I’m afraid, I’m afraid, Dave. Dave, my mind is going. I can feel it, I can feel it. My mind is going. There is no question about it. I can feel it, i can feel it, I can feel it. I’m afraid. Good afternoon, gentleman. I am a HAL 9000 computer…”. Porque si el hombre construye la máquina, entonces debe haber cierta humanidad en ella…

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Clarke estudió con Kubrick aspectos científicos y literarios de la vida extraterrestre para crear este filme.

2001: A Space Odyssey no es una película divertida, ni siquiera es digerible; sin embargo, sus cinco años de planeación y sus otros dos de filmación, la hicieron necesaria dentro de la carrera espacial de la época y necesaria ahora que nos enfrentamos de forma directa a los peores miedos de la humanidad, los cuales van más allá de nuestros alcances como civilización tecnológica, sino como comunidad en sí misma que no encuentra su sentido de humanidad en ningún lado.

Cada concepto filosófico presente en el filme, se potencia con la capacidad de Kubrick de  explotar el cine como un medio visual que en 1968 generó más dudas que aplausos y que en 2018, con todo el misterio que la rodea, se ha convertido en uno de los más grandes filmes de la historia del cine.

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