Entonces, ¿cómo funcionan las categorías de los huracanes?

En los seis meses que pasarán desde que empezó junio hasta el próximo 30 de noviembre será la temporada de huracanes en México. Por si tienes la duda, en este 2018, se espera que nos toquen 18 ciclones por el Océano Pacífico y 14 por el Atlántico. De esos, cuatro estarán por arriba del promedio. 

Entre los chistes de que se “llaman igual que tu ex y también destruyeron todo a su paso”, lo verdaderamente importante es estar preparados para lo que pueda suceder y, por supuesto, mantenerse atentos para saber qué esperar de un huracán. Comúnmente, la información más a la mano es la categoría del huracán en turno y tan solo eso, te puede contar mucho de la situación que podrías vivir.

Entonces, ¿cómo funcionan las categorías de los huracanes?

Así como la Richter es pa’ los temblores; para los huracanes tenemos una escala que se llama Saffir-Simpson. La escala fue inventada en 1969 por el ingeniero civil Hervert Saffir y el director del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, Bob Simpson y sirve para medir a los huracanes de acuerdo a la intensidad del viento. 

Originalmente, la escala solo medía los vientos y su capacidad de dañar construcciones. Después, le agregaron los efectos del oleaje y las inundaciones.

Una cosa importante: la escala no toma en cuenta la lluvia, ni cambia respecto al lugar donde ocurren. Así, un huracán 5 en medio de la nada no causaría ningún daño; pero un huracán 3 en una ciudad puede ser catastrófico.

Ahora sí, ¡a las categorías!

La categoría 1 tiene vientos entre 119 y 153 kilómetros por hora. Además, las olas pueden alcanzar hasta metro y medio de altura. En cuestión de daños, uno de estos no le hace ni cosquillas a los edificios. Sin embargo, casas flotantes, arbustos y árboles sí pueden salir golpeados.

La categoría 2 habla de vientos entre 154 y 177 kilómetros por hora y las olas llegan a los 2.4 metros. Sobre los daños, en uno de esta magnitud, los tejados y las ventanas comienzan a resentirse. Además, los daños a la vegetación ya son “importantes” y las inundaciones empiezan a ser considerables.

La categoría 3 menciona tiene vientos que alcanzan los 209 kilómetros por hora y las olas rasguñan los 4 metros. Los edificios pequeños verán daños estructurales, las casas móviles tendrán “destrucción”. Las inundaciones ya son cosa seria y llegan hasta tierra adentro.

La categoría 4 tiene vientos de hasta 249 kilómetros por hora. Mientras tanto, las olas llegan hasta los 5.5 metros. En las estructuras, los daños ya son “generalizados” y habrá desplome de tejados. Las playas se verán erosionadas y ni de diga sobre inundaciones.

¿El peor? Un huracán de categoría 5 y en este no hay límites. Si los vientos pasan de 25 kilómetros por hora y las olas de más de 5.5 metros, bienvenido. Las inundaciones llegarán a los segundo pisos cerca de las costas, habrá destrucción completa de tejados y “puede ser requerida la evacuación masiva de áreas residenciales”.

¿Algunos ejemplos?

El huracán Gilberto, que visitó en 1988, era de categoría 5. Entró por Cozumel y terminó hasta Monterrey. Dejó más de 200 muertos y casi 140 mil damnificados. 

Wilma, que llegó en 2005 para quedarse más de 48 horas estacionado en Cancún era categoría 4. Dejó ocho muertos, pero más de mil millones de dólares en pérdidas.

Manuel, que tocó tierra en 2013 era solo categoría 1. Al final, dejó 123 muertos y casi 220 mil personas afectadas; sobre todo, en la zona de Guerrero.

Otro es Isidoro, que pasó 35 horas rolando en la Península de Yucatán en 2002 era “solamente” categoría 3.

Patricia (2015) era categoría 5; Odile (2014) era categoría 4; Katrina (2005) también alcanzó el puntaje máximo.

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