Samanta Scweblin y la perenne angustia de una historia no resuelta

Por Olympia Ramírez Olivárez

El alivio es una de las sensaciones más satisfactorias de la experiencia humana, pues no sólo se presenta corporalmente, sino, también, en la mente: desde la ausencia de dolor en el organismo, hasta la falta de preocupaciones. Sus causas son diversas y aparece en distintos ámbitos de la vida cotidiana. En cuanto al proceso de lectura, el alivio se presenta con la resolución, desenlace, conclusión o final de una obra. El nudo o la problemática de un  texto de ficción puede elevar los niveles de adrenalina del lector para que después el mismo sienta relajación con las consecuencias de lo que sea que los personajes hayan decidido hacer. Pero… ¿qué sucede cuando en una historia no se muestran las consecuencias de dichas acciones?

En esta nueva edición de Pájaros en la boca (Almadía, 2018) de la escritora argentina Samanta Schweblin, con nueve relatos adicionales, podemos disfrutar de veintidós cuentos que rondan entre lo fantástico y el suspenso. La técnica de la autora logra, a la perfección, que el lector devore desmesuradamente cada una de las páginas; la narración está tan bien configurada que  nos transmite la tensión e incertidumbre de los personajes.

Brutalmente, Schweblin utiliza el poder de la palabra para sumergir al lector en un ambiente angustioso.  La destreza que la autora posee para crear escenarios llenos de intriga logra romper la barrera entre la ficción y la realidad para impactar tajantemente en la psique de quien lee. A pesar de todos los elementos fantásticos que aparecen en los cuentos de Pájaros en la boca, Schweblin expone algunas de las realidades de la vida humana: la rutina como condena, el morbo, la incertidumbre, el buscar el bien propio sobre el colectivo a toda costa, entre otras. A través de estos componentes extraordinarios, la autora consigue que el lector se identifique con la realidad de los personajes sin que éste se dé cuenta. Así, por más insólitas que las situaciones parezcan, podemos relacionarnos con el conflicto moral de los actores, porque no es el problema ni el contexto, mucho menos el resultado, lo que importa, sino la deliberación.

Schweblin nos lleva de la mano a lo largo de una historia cuyo final es el principio: es el momento en el que el personaje tiene que elegir qué camino tomar en el que la autora libera parte de la tensión y con el cual cierra el relato. Desde el primer contacto con cada una de las historias, podemos contagiarnos de la poca certeza que los personajes poseen acerca de la situación en la que se encuentran; sin embargo, al llegar al final de la narración, no conocemos exactamente qué fue lo que aconteció con la situación y los involucrados, aunque es posible conjeturar acerca de ello debido a la minuciosa selección de datos que el narrador proporciona en el camino. La importancia de cada una de las veintidós historias radica en la deliberación; el instante en el que los personajes deben decidir cómo enfrentarse a las anomalías de sus respectivas vidas da sentido a que dicha historia sea contada.

Asimismo, dentro de los cuentos podemos observar cómo se cuestiona constantemente el sentido común —aquellas cosas que damos por sentado desde siempre—. No sólo se presentan interrogantes que el lector deberá tratar de responder a partir de su interpretación de la obra, como ¿qué es lo que hace al arte ser arte? o ¿hasta qué punto está un padre (o madre) dispuesto a hacer por su hijo?, Schweblin, con base en dichas preguntas, también hace, indirectamente, declaraciones respecto a temas controversiales de la actualidad como lo es la planificación familiar y el aborto, la naturaleza de un crimen, las relaciones familiares, por mencionar algunos. Tanto la experiencia del lector como su análisis de los cuentos son fundamentales para poder formular sus teorías respecto al final de cada una de las historias contadas.

La tensión nos acompaña en todos y cada uno de los relatos presentes en este libro y el alivio parece ser un recuerdo que no volverá. Al no poder conocer con exactitud el final de los relatos, la angustia crece e inevitablemente nos lleva a reflexionar acerca de las decisiones que toman los personajes e, incluso, a preguntarnos qué es lo que hubiéramos hecho nosotros si nos encontráramos en una situación similar. El dominio de la palabra de la autora logra crear historias maravillosas que no tienen un desenlace convencional: la ausencia de las repercusiones de las decisiones tomadas no figuran por estas páginas y no son necesarias para comprender que los momentos importantes en cada uno de los cuentos son aquellos en los que sopesamos el conflicto y, finalmente, elegimos qué hacer para resolverlos. Definitivamente, Pájaros en la boca se presenta como una lectura obligatoria de este año.

Samanta Scweblin

Acá se puede leer “Agujeros negros”, cuento que forma parte de Pájaros en la boca y otros cuentos.

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