A Rush of Blood To The Head: el altibajo de emociones que queremos de vuelta

Los sentimientos son difíciles de expresar pero sobre todo, de plasmar. La habilidad de un artista, al menos en la música, es mostrarlos en letras, melodías, en compaginarlo todo para así dar pie a una canción, a un disco. A lo largo de la historia, hemos visto cómo las bandas se hacen famosas a partir de su disco debut y lo que sucede después puede continuar siendo una historia de éxito o algo completamente distinto. En el caso de Coldplay, ha dividido enormemente opiniones sobre qué disco es mejor, si el primero, Parachutes, o el segundo, A Rush of Blood To The Head.

A dos años del lanzamiento de su primer material de estudio, Coldplay regresó con A Rush of Blood To The Head, un disco que puede ser escuchado de principio a fin, que marcó la primera mitad de la década del 2000 y que hasta ahora, es considerado como uno de los discos dentro de la historia del britpop contemporáneo. Pero más allá de su estructura, de su impacto en la carrera de la agrupación británica o de cómo es que es importante dentro de la historia de la música, hablemos de los sentimientos que este disco puede generar, de lo que evoca a los sentimientos, a la memoria de muchos.

“Politik” es considerada como una de las mejores canciones de apertura, pero siendo sinceros, es hasta “In My Place” que la magia realmente comienza. Y ojo, con magia no me refiero a “es hermoso”, sino realmente a algo distinto que te mueve hasta el punto más diminuto del corazón. Esta canción, junto con “God Put A Smile Upon Your Face”, “Daylight”, “A Whisper” y “Clocks”, el gran éxito de Coldplay o mejor dicho, su canción más famosa, son las más  movidas. Esos constantes golpeteos de la batería, los riffs de las guitarras, la estructura melódica con un mayor uso del piano hacen que te sientas bien contigo mismo, y en el caso de “Clocks”, ni qué decir de ese loop que no deja de sonar. Es constante, es épico, te hace bailar y te pone feliz.

Tal como con Parachutes, en AROBTTH, Chris Martin y compañía logran llevarte por una serie de altibjajos emocionales, pero en su mayoría te sumen en la total melancolía, en el sentimiento de amor, de un amor no correspondido, pero es un amor tan puro que logra elevar todo lo necesario para generar una catarsis.

Aquí va un poco de la experiencia personal pues, recuerdo haber estado enamorada y escuchar este disco una y otra vez. También se me viene a la mente cómo en algún punto, sin tener los ojos de ese color, me dedicaron “Green Eyes”. La escuché sin cesar, grabando cada letra en el corazón. “I came here with a load, and it feel so much lighter now that I met you”. ¿Será? ¿Será que una persona puede quitarnos toda esa carga de encima, ese pesar, esa búsqueda de algo que no sabemos qué es pero que lo seguimos buscando? Probablemente. En su momento lo fue para mí.

No quería que acabara nunca. Sin embargo, como todo en la vida, terminó. Terminó con este mismo disco, con estas mismas letras que he escuchado en más de una película. De éstas, hubo una en particular que me movió bastante. El nombre realmente no lo recuerdo, pero sí recuerdo a un hombre en una estación de trenes, a una mujer llorando, él está a punto de irse, pero ella recorre cada pasillo, cada lugar hasta finalmente encontrarlo; todo esto ocurre mientras de fondo suena “The Scientist”, cuya letra dice algo muy cierto: “Nadie dijo que sería fácil”, pero tampoco nadie dijo que sería difícil dejar ir a una persona, y menos si es aquella a la que amas y con la cual imaginas un futuro. Tal vez la película tuvo un final feliz, pero mi historia de amor no.

Aquí llegó otra canción, “Warning Sign”, que como su nombre lo dice, refleja ese “cuidado” que debes tener cuando te rompen el corazón, cuando quieres, de alguna u otra forma, buscar a ese amor perdido, recuperarlo, tenerlo de vuelta entre tus brazos, amarlo. ¿Pero cuál es el punto? ¿Por qué no dejar ir las cosas que te hacen daño? ¿Por qué insistir? Tal vez algo nuevo toque tu puerta, entre por tu ventana y tú simplemente lo dejas ir.

El amor no es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Es complejo, tiene muchas vertientes, muchos significados. No es doloroso si es correspondido, pero es como una llaga que no sana si ese otro no te ama de la misma forma. También madura, crece y en algún punto, se acaba. Coldplay quiso reflejar todo esto en un disco, en A Rush of Blood To The Head, un material que lleva por título una frase que bien describe la reacción del amor en todos, un subidón en la sangre que llega a la cabeza, que de ahí se va a tu corazón, a tu pecho, a tu estómago, al vientre, a tus piernas, a tus pies. Un rush o aceleramiento de sangre que no te deja en paz, en ningún momento.

Si no escucha “Amsterdam”, tal vez uno de los cortes más atmosféricos, instrumentales y románticos de todo el disco, que evoca al primer encuentro amoroso que tuviste con esa persona tan especial, que hoy ya no es especial, solo parte de un recuerdo, de un sentimiento, de lo que alguna vez fue y a la cual tienes en mente cuando escuchas este disco, cuando se te sale una sonrisa porque hoy, Coldplay y A Rush of Blood To The Head son historia, historia de la buena, de la que queda marcada para siempre, de la que añoramos con la esperanza de que en algún punto, Chris Martin retome el camino y vuelva a construir letras tan profundas como estas, que te vuelve a generar toda esta serie de emociones como hace 16 años lo hizo.

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