La importancia del presupuesto 2019

Por Diego Castañeda

El nuevo congreso que está se ha instalado al comienzo de este mes tiene una de las tareas más importantes para la nueva administración: aprobar un presupuesto funcional al plan de gobierno, que no sea inercial y más bien rediseñe por completo las partidas de gasto para orientarlas a las prioridades del gobierno.

No es una tarea sencilla y es además de la importancia más alta para el nuevo gobierno porque aquello que no se logre modificar de arranque tiende a volverse más complicado conforme la administración avanza. Como muestra de lo complicado que es rehacer en su totalidad un presupuesto, tenemos el ejercicio de 2016 donde se intentó y se fracasó rotundamente en hacer lo que entonces se llamó un “presupuesto base cero”En el caso del “presupuesto base cero” se prometía un presupuesto rediseñado por completo, sin inercias revisando partidas, eliminando duplicados, etc. En los hechos esto nunca pasó y en lugar de recortes que se anunciaban el gobierno federal terminó gastando más; eso sí, con algunos recortes como los que recibió Pemex y a la inversión pública que tuvieron un impacto negativo en la economía nacional.

La razón del fracaso rotundo de ese “presupuesto base cero” fue, según nos decía la SHCP en ese momento, que existían inercias imposibles de romper y gastos comprometidos como el gasto no programable en pensiones, servicio de la deuda y otros que limitaban lo que se podía hacer.

congreso

La importancia del presupuesto 2019 estriba justo en donde fracasó el presupuesto de 2016, en lograr un verdadero rediseño presupuestal que libere recursos y pueda romper con los vicios de los presupuestos durante los últimos tres sexenios. Para hacer eso es necesario que la Cámara de Diputados se comporte de forma distinta a los últimos años, que evite las tentaciones de colocar recursos en el llamado “fondo de los moches”, que trabaje muy de cerca con la nueva SHCP para encontrar eficiencias y ser responsables en la estimación de las variables macroeconómicas que caen en sus manos, como el precio del petróleo.

Debemos recordar que la nueva administración de Andrés Manuel López Obrador se puso una meta muy ambiciosa en términos de ahorro de recursos: 500 mil millones de pesos, equivalente a poco más de 2 puntos de PIB con los que se deberá financiera un ambicioso programa de inversión pública, infraestructura y programas sociales. Evitar los errores del presupuesto 2016 pasa por un fuerte ejercicio de responsabilidad y asumir costos políticos importantes para poder romper las inercias del gasto, es normal que diversos grupos que se benefician del presupuesto se resistan al rediseño si pierden recursos; hacerlo a pesar de las presiones será quizá el reto más duro para el congreso y, sin duda, es donde falló de forma más rotunda el proceso presupuestal 2016.

El riesgo más grande para la siguiente administración es que, si con la mayoría que cuenta en ambas cámaras, no logra aprobar una ley de ingresos y de egresos que permita el cumplimiento de las promesas más importantes del nuevo gobierno, la dificultad de lograrlo en años subsecuentes aumentará. Los presupuestos suelen ser difíciles de modificar sobre la marcha por todos los arreglos políticos que involucran. No obstante, si tienen éxito y el congreso puede entregar un presupuesto funcional para la cuarta transformación, entonces se abrirán muchas posibilidades, como mejorar el gasto federalizado, mejorar recaudación local, inversión pública eficiente, entre otras tantas cosas.

Siempre se suele hablar de finanzas públicas sanas, crecimiento, y demás cuando discutimos la economía mexicana. Todo eso comienza con el trabajo presupuestario, especialmente en la Cámara de Diputados, por esa razón lo más interesante de aquí hasta que comience el nuevo gobierno el primero de diciembre va ser el presupuesto, la verdadera manifestación pública de los objetivos políticos del gobierno.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda

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