Cine

“Nosotros hablamos de lo que nos duele”: Entrevista con Tenoch Huerta sobre el cine mexicano contemporáneo

Por Olympia Ramírez Olivárez

La carrera cinematográfica de Tenoch Huerta puede ser descrita como polifacética. La gran variedad de personajes y los retos que conlleva retratarlos en la pantalla grande son la causa de importantes galardones a su nombre, entre ellos un Ariel por Mejor Actor. Su éxito ya atraviesa fronteras y su colaboración con grandes realizadores internacionales lo han posicionado como uno de los mejores actores mexicanos de la última década. Sus apariciones en diferentes proyectos de cine y televisión destacan por su increíble verosimilitud y capacidad de transmitir aquello que el personaje siente.

Aprovechando su participación en la tercera edición del Hay Festival Querétaro, conversamos un poco con él acerca de la expansión del cine mexicano, su importancia en cuanto a la transmisión de estereotipos y el minucioso proceso de selección para aceptar o no ciertos papeles.

Foto: Philip Cheung/Getty Images

El año pasado salió un artículo en varios periódicos acerca un hecho que debe celebrarse que es el crecimiento de número de salas nacionales que presentan cine mexicano.

Así es.

 

La distribución y la difusión en México se ha ampliado demasiado y, evidentemente, alrededor del mundo también. ¿Cuál es tu opinión respecto a la imagen del mexicano que proyecta esta nueva y amplia difusión del cine nacional?

Pues mira, en realidad la imagen no me preocupa demasiado; lo que me gusta son los temas. Hacemos ciento setenta y tantas películas al año y éstas tienen cualquier cantidad de temas: entre documentales, ficciones que abarcan animación, comedia romántica, que es lo que está más en boga, aunque en realidad no es lo que más se hace. Se hacen muy pocas comedias románticas, creo que ni el diez por ciento. Hay dramas, hay terror, thrillers. La infinidad de temas es maravillosa. Obviamente hay temas que nos obsesionan a todos en el país. Nos obsesiona el crimen, nos obsesiona la inseguridad, nos obsesionan ciertas cosas, pero no necesariamente estamos limitados a esos temas. Creo que el arte, en general, sirve para extirpar demonios: nosotros exorcisamos lo que nos está doliendo a través del arte, a través de la imaginación y, evidentemente, los temas de los que estamos hablando son los temas que nos duelen. En el cine norteamericano normalmente las películas son de guerra. ¿Por qué? Porque están en ella, cada generación tiene su propia guerra. Entonces tienen que hablar de eso porque les duele. Nosotros hablamos de lo que nos duele y lo hablamos de todas las maneras posibles. Así que la verdad sí estoy muy contento de que el público empiece a acercarse a nuestro cine. Algo que yo he dicho siempre y sigo insistiendo es que los distribuidores, los exhibidores, no están jugando con nosotros, están jugando en nuestra contra y espero que algún día entiendan que estamos en este barco juntos y que sería buena idea que nos empezáramos a apoyar. Tenemos un mercado de seiscientos cincuenta millones de hispanoparlantes, somos la comunidad hispana más grande del mundo y, además, somos uno de estos países que más cine produce con mayor cantidad de festivales y de gente ganando premios alrededor del mundo. Así que está toda la materia prima, todo el potencial, para que se haga de México una potencia cinematográfica, que eso significa, en términos económicos, un montón de divisas, un montón de dinero que puede entrar a este país a través de un producto que tiene un impacto ecológico mínimo.

 

Respecto a esto que dices de los temas, ¿tú eliges los papeles por los temas que tocan o por cómo es la estructura del personaje?

Lo que pasa es que me tiene que gustar, tiene que estar bien hecho, tiene que estar bien escrito. No me importa el género, pero, evidentemente, el perfil de personalidad y el perfil de la carrera que ya he forjado con mis trabajos previos hace que ciertas personas se me acerquen o no. En mi carrera sólo me han ofrecido dos comedias románticas. En las dos ocasiones no las pude hacer (yo tenía muchas ganas) porque ya estaba comprometido con otros proyectos. Mi regla general es: El proyecto que ya está firmado es el proyecto que se hace. Yo ya tenía otros proyectos y por eso no las hice; sin embargo, me ofrecen muy pocos proyectos de cierto tipo, de ciertos temas, de cierto corte porque, te digo, mi perfil personal y mi perfil de carrera, hacen que la gente se aleje un poco de eso y dentro de lo que sí me ofrecen me pasa una cosa muy clara: si yo cuando estoy leyendo el guión ya lo estoy actuando, ya lo estoy imaginando y ya lo estoy empezando a construir, entonces es el correcto.

 

Casi todos tus personajes son diferentes entre sí. Tenemos, por ejemplo, a Sombra en “Güeros”, que no tiene una dirección concreta en la vida, pero va buscándose y  por otro lado está Enrique, quien es manipulado, se deja llevar por lo que le dicen los demás. Son distintos. ¿Llegas a relacionarte en algo con tus personajes? ¿Qué tanto les pones de ti a ellos?

Todos los personajes están construidos desde tu experiencia de vida. No puedes hablar de algo que no conoces, que no intuyes o que no has experimentado en cierta medida. Digo, nunca he asesinado a una persona en mi vida, ganas no me faltan (ríe), pero sí sé lo que significa destruir algo. Sí sé lo que significa arrebatarle la vida a un ser vivo porque de niño maté lagartijas, incluso maté a un gato en alguna ocasión. Todo eso te va dando equivalencias, no es exactamente lo mismo. Yo concibo más o menos a los personajes de la siguiente manera: tú tienes en tu vida un montón de emociones, un montón de sentimientos, un montón de experiencias y es como si fuera una ciudad: tienes un poquito más de esto, tienes un poquito menos de lo otro. Es como un edificio más alto y un edificio más chaparrito. Ésa es la configuración de tu personalidad, con subidas y bajadas. Como una ciudad, como unos edificios. Cuando tú haces un personaje, reconfiguras eso; le bajas un poquito a la compasión, le subes más al odio, por ejemplo. Le subes un montón al sarcasmo y le bajas un chingo a la prudencia. Vas reconfigurando el mapa y ésos son los personajes. La materia prima siempre voy a ser yo, pero el resultado siempre tiene que ser un universo interno que sirva para el universo externo que está en el guión y que después va a construir el director.

 

Ya para concluir, ahora tú eres uno de los actores mexicanos más importantes del cine nacional, justamente por esto, ¿crees que es necesario elegir papeles que tengan una finalidad moral en la historia, dar un buen ejemplo: que muestre qué se debe hacer y qué no; qué debe expresarse y qué callar?

No, no, no. Tú tienes que ser todo. Porque si así fuera entonces nadie interpretaría a Hitler, nadie interpretaría a Trump, nadie interpretaría a infinidad de personajes. Depende de dónde te pares en la historia. Hay gente que piensa que Benito Juárez fue terrible; hay gente que piensa que no lo fue. Hay gente que piensa que Plutarco Elías Calles fue la reencarnación de Satanás y hay quienes piensan que fue un gran patriota. Dependerá de dónde estés parado dentro del espectro de la vida y entonces será tu opinión del personaje. Pero tú como actor no puedes hacer eso. Tú como actor tienes que interpretar al personaje y se acabó. Es guardar las distancias y las proporciones como un doctor. El doctor no elige a quién va a atender. Él atiende a todo el mundo, tiene la obligación de salvarlos. Yo tengo la obligación de interpretar a todo tipo de personajes. Ahora, la obligación que tengo conmigo mismo es el perfil de carrera que quiero hacer. Sí tengo que elegir qué perfil de carrera y qué perfil de actor voy a mostrar a los medios. Como actor me refiero al chango que camina los 25 metros de alfombra roja. Ese chango es un perfil que yo elijo, que yo construyo. Soy yo potenciado. Soy yo más cool, más chido, más inteligente, más divertido, lo que sea. Es como una versión muy naturalista de mí. Lo que yo hago en pantalla ya es otro boleto. Si a mí me toca ser en pantalla un pederasta, pues seré un pederasta. Ahora, que tenga el estómago para aceptarlo ya es otra cosa. Si tengo que hacerlo, lo tengo que hacer. Yo creo que la moral jamás tiene que estar involucrada en el arte; el arte tiene que ser amoral. Al hacerlo amoral, automáticamente se vuelve crítico. No tienes que hacer cine crítico, qué hueva, se vuelve un panfletario. Tú nada más muestra lo que es. Di lo que piensas, di lo que sientes como director, guionista, autor, lo que sea. El artista o creador no debe hacer algo asumiendo una posición moral porque se vuelve doctrinario y eso es muy peligroso. Ya lo es por sí mismo, es inherente al quehacer humano. El medio que elijas por sí mismo da un mensaje. Los colores que elijas, la técnica, ya dicen algo. No hay necesidad de caer en un terreno tan bajo como la moralina.

 

Esta entrevista fue editada para privilegiar la fluidez de las ideas de Tenoch Huerta.

 

Comentarios