A un año del 19S: La reconstrucción desigual

Por Gerardo Farell

En los días después de los sismos del 7 y 19 de septiembre del año pasado parecía que no había imposibles para la sociedad civil. Todos fuimos testigos de cómo la organización comunitaria rescataba personas atrapadas, conseguía materiales especializados y enviaba víveres a las zonas afectadas fuera del área metropolitana. A un año de la tragedia podemos ver que ese ritmo no se mantuvo. El interés por la reconstrucción decayó y ésta va avanzando irregularmente para las personas que perdieron su patrimonio. ¿Por qué ha sido un proceso tan desigual ? Existe una multitud de factores pero se hacen evidentes tres causales: las redes de apoyo, la organización comunitaria y el acceso a la burocracia.

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Foto: Luis Arango

 

Redes de apoyo

Hubo damnificados que ese día pudieron dormir en la casa de algún familiar o amigo, cuyas familias les facilitaron un préstamo para rentar en lo que se resolvía la situación de su edificio o que en su trabajo recibieron alguna prestación o seguro que los amparó en estos momentos de angustia, pero hubo tantos más que no fueron tan afortunados y han pasado un año de albergue en albergue.

Las redes de apoyo familiares y sociales son el principal sustituto cuando las instituciones del Estado se ven rebasadas y no pueden cumplir sus funciones como pudimos observar el día del desastre y en los meses subsecuentes. Estas redes pueden verse sobrepasadas, también, por el nivel de ingresos.  Sin duda los damnificados más pobres no pudieron recibir el suficiente apoyo ni de sus redes ni del Estado y son lo que probablemente siguen durmiendo a la intemperie el día de hoy.

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Foto: Luis Arango

 

Organización Comunitaria

Mientras que la zona céntrica de la ciudad se rehabilita paulatinamente, al sur la reconstrucción va lenta. Una posibilidad de esto es el número de unidades afectadas. Los edificios en zonas céntricas tienen un menor número de unidades que aquellos afectados en el Sur, que en muchas ocasiones son unidades habitacionales o colonias enteras. Un menor número de unidades significa un menor número de dueños y escrituras que se requieren para esclarecer la propiedad de las unidades ante las autoridades para iniciar el proceso. Las personas sin estos papeles son las más vulnerables a no recibir asistencia oficial, llena de trámites engorrososSon estas unidades y colonias donde el valor de la organización comunitaria es más palpable.

Un ejemplo de ello es el Multifamiliar Tlalpan, donde apenas el pasado 23 de julio se autorizó la reconstrucción del edificio 1C, después de 10 meses de acción comunitaria por parte de los vecinos damnificados. Este grupo ha logrado integrarse en una asamblea vecinal, la cual en diversas ocasiones tuvo que cerrar avenidas primarias para ser recibidos por las autoridades.

Tláhuac y Xochimilco son de las delegaciones más afectadas, poco se reporta sobre el avance de la reconstrucción en esas demarcaciones, la información también se concentra, en donde incluso se requiere realizar estudios de suelo para comprobar el estado de las grietas que causó el terremoto y que afectan colonias enteras. Algunas de estas colonias son organizadas por asambleas populares como el Frente Popular Francisco Villa.

Conocer a tus vecinos y organizarte es siempre una herramienta de respaldo en caso de emergencia y desastre.    

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Foto: Luis Arango

 

Burocracia estorbosa

El aparato burocrático que fue creado para lidiar con esto ha complicado más las cosas. Después del sismo se creó una Comisión de Reconstrucción, encargada de revisar todos los asuntos relacionados con los procesos de demolición, reparación y reconstrucción de estructuras dañadas. Su titular, Edgar Tungüí, ex-secretario de obras de la capital, llegó ahí después de que el pasado comisionado renunciara por el escándalo de desvío de recursos para fines electorales de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (hoy Congreso de la Ciudad de México). Al llegar, calificó de improvisación el Plan de Reconstrucción. Ha tomado un año organizar la incidencia de la Comisión. Además que el tema tomó tintes políticos durante las elecciones, siendo una de las principales banderas de Claudia Sheinbaum, quien hará prioridad la reconstrucción y rehabilitación de la ciudad, según afirma. Anunció también que ella realizará un censo propio de damnificados.

Lo cierto es que este esfuerzo ha avanzado bastante, especialmente en transparencia. Todos los procesos e información relevante se ha concentrado en Plataforma CDMX. Así pues, debemos dar seguimiento al uso de estos recursos. Transparencia Mexicana y Fundar acaban de publicar, precisamente, un informe sobre el destino de los recursos de la reconstrucción. Sin embargo, esto no fue así desde el principio. Los damnificados se enfrentaron a la incertidumbre, a la falta de atención y una ruta de acción clara, además de la diversidad de procesos técnicos y legales necesarios para acceder a los programas de apoyo, los cuales no han recibido máxima publicidad y son desconocidos por una gran cantidad de damnificados. Las personas sin experiencia para navegar el laberinto burocrático de la CDMX tienen que contratar a un despacho de abogados, y si no tienen el recurso, se enfrentan a una pared o a los coyotes legales.

Muchos otros factores demuestran la desigualdad que vivimos con el terremoto, desde los materiales de construcción en muchas de las viviendas afectadas hasta el trato y la atención que los damnificados reciben de las autoridades. Ésta sigue siendo una situación difícil y una herida abierta.  Se escuchó la voz de los damnificados del Multifamiliar Tlalpan en la Marcha del Silencio el pasado 13 de septiembre. Ya están hartos de vivir en la calle, de tener que cerrar Calzada de Tlalpan y que la gente se aproveche de ellos, pero sobre todo, están hartos de la indiferencia de tantos. Sabiendo que, en esta ciudad, a todos nos podría pasar.

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Gerardo Farell es  miembro de Wikipolítica CDMX,  organización política sin filiaciones partidistas .

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