‘Volver y rectificar’: mira estos documentales sobre la vida después de prisión

Mario usa lentes y camisa blanca. Si las fotografías en su historia son un referente, entró a la cárcel muchos años antes de que tuviera problemas de vista y de que se le notaran las arrugas en el rostro. Mario tuvo tiempo de sobra para pensar y para sentirse solo. Después de todo, en su estancia en prisión nadie lo visitó. Ahora que recuperó la libertad tiene una idea que no sale de su cabeza: “Si a mi me juzgaran por el daño que le hice a mi familia me darían cadena perpetua”.

Esa es solo una frase poderosa que marcaría la vida de un hombre arrepentido. Sin embargo, la historia de Mario no terminó ahí. 

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Mario y su familia // Foto: Volando hacia la libertad

Mario trabaja en un taller de costura y tiene una relación. Se convirtió en un hombre reflexivo. “Yo nunca había hecho las cosas bien”, recuerda. Ahora, en libertad encontró una nueva oportunidad: Mario vive con su hija Lupita y convive a diario con su hija Isabel. Trabaja todos los días junto a Verónica, su novia y con ellas encontró inspiración.

“Hoy tengo por quién ver y por quién luchar”, dice Mario en un documental que se llama Volando hacia la libertad, que, por cierto, él mismo escribió.

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Si pasas por un parque y ves a un joven aplaudiendo, gritando, haciendo caras, gestos y payasadas, salúdalo. Tú lo viste entre los juegos, pero cientos de personas lo conocen de asilos, clínicas de cáncer de mama, Alzheimer y hospitales infantiles. Su nombre es Rodrigo y es un maestro certificado de terapia emocional, de Yoga de la Risa y también trabaja como conferencista.

“Es válido volver y rectificar (…) tenemos errores. A veces graves y a veces no tan graves, pero siempre se puede rectificar”, explica Rodrigo en Un delito llamado transformación, un pequeño retrato documental de su autoría. 

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Rodrigo dando un taller // Foto: Un delito llamado transformación

En el video recuerda una curiosa visita con su padre en el penal de Santa Martha que lo inspiró a salir y platica con su hija de su vida en libertad. “Decidí tomar riendas de mi propia vida, hacerme responsable”, cuenta Rodrigo mientras lo vemos trabajar.

Ahora, su familia escucha sus reconocible chiflido en medio de un bosque, en la calle y desde afuera del portón de su casa. Lejos, muy lejos, quedó aquella época cuando lo escuchaban tras las rejas del penal.

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“La hora del café” se llama una obra de collage que hizo Oralia. Se llama así por un momento que marcó su vida, cuando llega la demanda de su divorcio en la cárcel y los juzgados le pidieron dar 90 pesos de manutención para sus hijos. Cuando la creó, pensaba únicamente en que en algún momento, Dios le regresaría la libertad y las horas perdidas.

Cuando salió de la cárcel, ella solamente se llevó sus recortes. Era lo único que necesitaba. “El tiempo es eterno, no ves llegar la salida. Para ellos son días, para nosotros son siglos”, cuenta Oralia de su tiempo en el reclusorio. Sin embargo, encontró en el arte del collage la terapia emocional que necesitaba, una manera de expresarse y la forma perfecta de contarle al mundo la experiencia de la vida sin libertad.

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Oralia y su familia // Foto: Agonía

Arte, lágrimas y la experiencia de volver a conocer —casi desde cero— a sus hijos. Así se presenta Oralia en un documental que ella misma hizo que se llama Agonía. 

“Ya hice los cuadros del antes, ahora me toca hacer los mejores: los del después”.

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Estos tres documentales forman parte de una muestra llamada Horizontes 2017 realizada en conjunto con el Instituto de Reinserción Social de la Ciudad de México. Los guionistas, personajes y creadores son personas liberadas de alguno de los centros penitenciarios de la Ciudad de México. Puedes ver las historias de Oralia, Rodrigo, Mario y el resto de los documentales dándole click AQUÍ. Vale la pena.

Acá para ver los documentales.

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