CuadroXCuadro: La relación de ‘Psicosis’ y Hitchcock con la tragedia de Edipo

Dicen que no hay peor tragedia que la de Edipo rey de Sófocles. Este hombre, cuyo destino era envidiado por todos, se convirtió en la imagen pura del peor de los males, la mentira, el actuar sin saber y, como mencionamos, de la tragedia. Edipo, sin saber, asesinó al hombre que le había dado la vida. Y no sólo eso, se unió a su madre –nuevamente sin saber– y tuvo una descendencia que resultó insoportable para la humanidad. Toda esta historia fue descrita por el mismo Edipo como su “funesto oráculo”.

El segundo punto de la tragedia, y quizá el que causa más conmoción a la fecha, es la relación marital, y por ende sexual, de Edipo con su madre. Sigmund Freud, controversial en sus teorías, retomó la tragedia de Sófocles y Edipo para hablar de un sentimiento universal infantil que se define con base en el amor de un hijo hacia su progenitor contrario. Es decir, el amor y vínculo que una hija desarrolla hacia su padre y el que un hijo desarrolla por su madre.  Por supuesto, este amor en cualquiera de sus formas es totalmente inconsciente, similar al de Edipo, quien sin saber, se unió con su propia madre. Este vínculo nos persigue, expuesto de distintas formas, hasta nuestra etapa adulta.

CuadroXCuadro: La relación de 'Psicosis' y Hitchcock con la tragedia de Edipo
Sigmund Freud desarrolló diversas teorías relacionadas con el desarrollo psicosexual. / Getty Images

Ahora bien. Edipo, Sófocles y Freud, gracias a su fascinante historia y su relación con la naturaleza humana, se convirtió en el tema central de muchas historias que con el tiempo han sido llevadas a la literatura, o bien, producciones para la televisión y el cine. Sin embargo, resulta aún más fascinante e incomprensible –sin entrar en un círculo morboso– que Edipo se refleje en historias cuyos personajes pertenecen a la vida real. Por ejemplo, la vida de Edward Theodore Gein.

Ed Gein, como se le conoció después, tuvo un padre alcohólico y abusivo mientras su madre era fría con él. Constantemente lo insultaba y humillaba, pero esto no evitó que Gein desarrollará un amor y cierta idolatría hacia su madre al grado de querer convertirse en ella e intentar en distintas ocasiones un cambio de sexo superficial. Después de la muerte de su madre, durante algunos años, se dedicó a profanar tumbas de mujeres: les arrancaba la piel a los cadáveres y las utilizaba como una nueva identidad, también practicó la taxidermia con algunas partes del cuerpo y órganos que se convirtieron en parte de la decoración de su casa. Cuando murió el viejo que le ayudaba a desenterrar los cadáveres, cambió su rutina y comenzó a asesinar mujeres.

Ed Gein, asesino serial de la década de los 50 que inspiró varios personajes del género de terror.

Este cambio lo llevó ante la justicia en 1957. Cuando la policía entró a su granja en Plainfield, Wisconsin, descubrió con horror muebles compuestos con partes de cuerpos como lámparas o sillones, pero también bocadillos… Y así es como nació la figura del canibalismo que terminó por convertirse en la inspiración de grandes obras de terror como La masacre de Texas de 1974, El silencio de los inocentes de 1991 y Psicosis, novela escrita en 1959 por Robert Bloch y que sirvió como base para la adaptación cinematográfica del mismo nombre dirigida por el maestro del suspenso, Alfred Hitchcock. ¿Quién más?

Mucho se ha hablado de la fidelidad entre la novela de Bloch, quien sintió como una falta de respeto los cambios en la historia, y la película de Hitchcock. Por mencionar alguno, en la obra literaria Norman Bates es un gordo de lentes con poco cabello que se acerca más al imaginario actual del psicópata mientras en Psicosis de 1960, Bates es un tipo joven, delgado, de mirada solitaria pero actitud encantadora e infantil. “El mejor amigo de un hombre es su madre”, dice. Pero hay detalles más apegados a la personalidad del protagonista que determinaron por qué la novela no es tan conocida y la película de Hitchcock marcó un antes y un después en la historia del cine. Esos elementos son el hecho de que en Psicosis la película, las audiencias logran identificarse con el asesino antes y después de ser descubierto gracias a las técnicas conocidas del director para manipular a las masas a través de sus personajes principales.

En La ventana indiscreta de 1954, la audiencia se pone casi de forma literal en el lugar de Jeff, el fotógrafo postrado a su silla que espía a sus vecinos. Lo mismo en todos los filmes creados en los 30 años de carrera fílmica de Hitchcock antes de su obra más reconocida. En Psicosis no hay una excepción a ninguna de las reglas del cineasta. Está la rubia hermosa, esta vez personificada por Janet Leigh, quien a diferencia de otras musas como Ingrid Bergman y Grace Kelly, nunca volvió a aparecer en otro filme de Hitchcock por la idea del director de que su imagen estaría por siempre relacionado a Psicosis. También está el elemento más evidente de las películas de Alfred Hitchcock: el crimen en su forma más brutal y final, el asesinato. Sin embargo, Psicosis no se parece a ninguna de las películas hechas con anterioridad gracias a la narrativa y los tiempos en que decidió presentar las etapas de los dos personajes principales, pero sobre todo porque estos mismos, al final, resultan ser el mismo…

Marion Crane, ante el rechazo de su amante por cuestiones económicas, decide fugarse de su oficina con dinero que debía depositar en el banco. Su idea es irse a California con Sam y vivir una vida nueva en la que él no tenga que cargar con el peso de las deudas de su padre muerto ni una exesposa que exige pensión. Cuando va de camino en la carretera hacia su destino, comienza el remordimiento representado con la voz  consciente de su jefe. Antes de tomar la decisión de volver y no seguir con su plan, se detiene a descansar en el Bates Motel, reconocido por la enorme estructura vieja en la que viven Norman Bates y su madre, una mujer que parece querer tener el control sobre la vida de su hijo.

Janet Leigh y Anthony Perkins en ‘Psicosis’.

 

Norman y Marion platican un rato y ella se retira a su cuarto con la idea de tomar una ducha. Pero lo que no sabe, es que del otro lado, la mirada de Norman la está vigilando. Cuando se mete a la regadera, ocurre lo inesperado: una mujer aparece detrás de la cortina y asesina a Marion. La escena de la regadera es la más popular en el cine de Hitchcock y también la más violenta de su historial. Una cantidad inimaginable de planos componen un mítico cuadro que representa hasta la fecha y a casi 60 años de su estreno, el significado de terror y suspenso. La muerte de Marion termina con la primera sección de la cinta y da comienzo a la segunda con Norman como figura principal.

Ahora bien. En la primera parte, cuando Marion se fuga, el espectador desarrolla la idea de que esa paranoia relacionada al robo, es la base de todo el filme. Finalmente, la “introducción” al personaje de Marion se lleva casi la mitad de la película. Al final, Hitchcock no sólo nos sorprende con la doble personalidad de Norman, sino con un elemento secreto más.

Si la única sorpresa de Hitchcock era el final de Norman, entonces Psicosis no sería la gran obra que es. En realidad, la intención de Hitchcock con la entrada tan larga de Marion y la salida misteriosa de Norman, es decirle a las audiencias que son uno mismo. Es decir, se complementan como opuestos. En la escena en la que cenan juntos en la oficina, Norman describe su tiempo con “vacíos” que rellena con la taxidermia. Luego le pregunta si ella ha tenido un rato vacío en toda su vida… Parecen contrarios, y lo son, pero al final, parecen compartir más elementos de los que aparenta a primera vista.

Ambos hablan con su inconsciente. Marion lo percibe en la voz de su jefe y las posibles conversaciones en torno a su desaparición. De hecho, sonríe de forma sutil cuando imagina el enojo del viejo que intentó seducirla con dinero. Norman lo hace con la idea dominante de su madre. También tienen presente la figura materna. En Norman es más evidente a pesar de que ésta lleva muerta varios años; sin embargo, Marion también lo hace con las fantasías de una vida en California con su amante cuando le dice que ya no deben verse en hoteles, sino salir a cenar e ir a su casa con la fotografía de su madre en la pared. Son detalles sumamente pequeños que construyen la narrativa completa de Psicosis.

Para darle más dramatismo a la escena, Hitchcock sorprendió a la actriz con un cambio drástico en el agua.

Norman Bates está tan hundido entre su personalidad pasiva –como las aves que diseca– y la de su madre, que se le complica entender la diferencia entre el bien y el mal. Incluso, ataca a su madre pero al mismo tiempo la defiende. ¿La razón? Norman es su madre. Pero lo mismo sucede con Marion y la empatía que el público siente por ella y la decisión desesperada de escapar. De acuerdo con Guillermo del Toro en el libro Alfred Hitchcock, el director en una entrevista dijo: “Nuestro mal y nuestro bien, se están uniendo entre sí hoy en día. Hemos llegado al punto, en nuestra época sofisticada, en que difícilmente puedes distinguir uno del otro”.

En esta cita hay dos puntos o palabras a considerar. La primera es “sofisticada” y se relaciona también a los visuales de la cinta. Psicosis fue filmada en 1959 y se estrenó un año después. Los 60 se caracterizaron por la idea de una vida menos extravagante y el sueño americano representado en la clase media trabajadora. Hitchcock comprendió este cambio en el estilo de vida de la sociedad: dejó de lado los elementos elegantes de sus filmes anteriores y aplicó en Psicosis la “modestia” de una escenario, vestuario, color, etcétera. Si Hitchcock no hubiera evolucionado con la sociedad, no sería la figura icónica que es hoy. 

La segunda parte a considerar es la percepción del bien y el mal, lo que precisamente simbolizan Norman y Marion. El bien en la figura de un hijo que dedica su vida a su madre enferma; la delicadeza de Norman al atender a Marion; las buenas intenciones de ella de ayudar a su amante. Y el mal en dos crímenes que los unen; la idea atractiva de ser algo que nadie creería; la figura de una madre dominante que no deja ser feliz a su hijo; y la conservación de un cadáver.

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