Aquí nos tocó vivir

¿De verdad está temblando más en la CDMX? Platicamos con un experto en sismología

Este viernes 5 de octubre, en punto de las 9:59 de la mañana, hubo un sismo de 2.4 justo en la alcaldía —todavía no nos acostumbramos— de Benito Juárez. De acuerdo al Servicio Sismológico Nacional, el epicentro fue 3 kilómetros al norte de Coyoacán. El sismo se sintió en la Colonia Del Valle, Narvarte y hasta evacuaron algunos edificios de la zona. En el momento nos surgió una duda: ¿no sienten que está temblando cada vez más en la CDMX?

La respuesta corta es no, pero como dos letras no alcanzan para explicar todo el espectáculo sismológico de la Ciudad de México, platicamos un rato con el Dr. Luis Quintanar Robles, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM, para entender bien el tema y de paso, quitarnos los nervios.

“La Cuenca de México tiene una geología y tectónica compleja, por lo cual no es de extrañarse la ocurrencia de sismos de pequeñas magnitudes en la zona”, nos contaba.

Pa’ empezar, aunque estamos acostumbrados a que los sismos vengan de la costa, eso no quiere decir la CDMX esté libre de ser el origen de algunas sacudidas. Del primero de enero de 2017 a este 5 de octubre, el Sismológico Nacional tiene 41 sismos registrados con epicentro en la capital.

Y los epicentros están variaditos: hay en Coyoacán, Magdalena Contreras, Benito Juárez, Tlalpan, Venustiano Carranza, Milpa Alta, Tláhuac y Álvaro Obregón. Eso sí, ninguno de los sismos superó los 2.8 en la escala de Richter. 

A esos pequeños terremotos les decimos microsismos, “aunque no haya una escala estándar para decir cuál sea una magnitud mediana o una magnitud pequeña”, explicaba Quintanar.

Entonces, ¿porqué los estamos sintiendo más?

En resumen, nos volvimos más sensibles a los movimientos sísmicos en la capital y estamos cada vez más a las vivas de lo que está sucediendo. Claro, parte de eso se debe a los avances tecnológicos del Servicio Sismológico Nacional.

‘El Doc’ nos contaba que en 1995 solo teníamos una estación de medición en la CDMX y estaba en Ciudad Universitaria. Ahora tenemos 30 estaciones esparcidas en toda la capital: una por delegación y otras 14 “haciéndole una corona” a la zona sísmica.

Estas estaciones tienen la tecnología para medir en tiempo real la velocidad de los movimientos del suelo, pero tienen un alcance limitado. O sea, hace unos años, si temblaba en Benito Juárez, la estación de CU ni se hubiera enterado. Ahora estamos mejor preparados para medir los sismos en todas las zonas.

Eso no significa que ahí acabe el tema

Ya que dejamos en claro que es muy probable que siempre haya temblado igual pero ahorita estamos mejor informados, todavía nos quedan algunos detalles importantes por aclarar. Específicamente el agua y el bendito suelo fangoso de nuestra ciudad.

Luis Quintanar nos explicaba que, entre más fangoso sea el subsuelo de la zona, los sismos se sentirán con más intensidad.

Sin embargo, la historia no queda ahí, pues el balance de la CDMX es muy delicado. El desecamiento del subsuelo —o sea, que se nos ande secando el changarro— provoca fracturas que terminan por activar pequeñas fallas en la zona. Chance las han visto, salen grietas en la calle que pueden llegar hasta las casas.

Entonces, técnicamente, entre más se seque el área fangosa, más “sísmica” se puede poner.

Oye, ¿y en dónde se pone peor?

La Ciudad de México —y si le sumamos a sus primos mexiquenses— termina por ocupar un territorio muy extenso y eso no solo impacta en llegar tarde al trabajo. Hay partes más sísmicas que otras.

La zona “más brava” es el Oriente. El Doctor nos explicaba que los epicentros en Milpa Alta, Tláhuac e Iztapalapa son los más comunes y también sucederán relativamente seguido en Ixtapaluca, Texcoco y Chalco.

El Poniente también se pone bastante activo. Ahí podrás ver pequeños sismos en Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo y Álvaro Obregón. También pueden ser sentidos en Naucalpan. En el Centro no están exentas Coyoacán y Benito Juárez. En el sur, las cercanías del Ajusco también “están moviditas”. 

A todo eso súmale que somos muchísimos en toda la capital y la posibilidad de que cualquier sismo —por más peque— lo terminen sintiendo unos cuentos cientos de personas aumenta considerablemente.

¿Y ahora?

El lado bueno es que no se nos está viniendo un Apocalipsis, ni hay nuevas razones para que panda el cúnico en la CDMX. Técnicamente todo sigue igual, nada más estamos más atentos. El lado “malo” no necesitamos que nos lo recuerden: vivimos en una zona sísmica.

Entonces tenemos dos cosas por hacer. Por un lado, tener el bolillo a la mano y un té de tila para el estrés. Por el otro, tener bien ubicados los protocolos de seguridad, evacuación y una revisión completita de las estructuras en las que pasamos nuestros días.

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