Con peras y manzanas: los políticos y la frivolidad

Por Esteban Illades

Dice el cliché que en política forma es fondo: que así como importa lo que se hace importa cómo se hace. Y en muchos casos es cierto; los políticos gobiernan a través de la imagen, del ejemplo. Bien dice el presidente electo que ése es su caso, que como él no robará nadie más lo hará.

Por ello ha resultado un tanto extraño, por no decir completamente fuera de tono, ver cómo César Yáñez, quien fuera vocero de Andrés Manuel López Obrador durante mucho tiempo (responsable, entre otras cosas, del famoso video de AMLO persiguiendo a la paloma) y hoy propuesta para trabajar en su círculo más cercano en la presidencia, realizó una fastuosa boda con su prometida y ahora esposa, Dulce Silva. Más cuando la boda terminó en la portada y en la sección central de la revista Hola!, el símbolo de la frivolidad en España y América Latina.

La boda de Yáñez y de Silva tuvo todo tipo de lujos: langosta, a los mismísimos Ángeles Azules, la catedral de Puebla y una mesa de dulces de varios metros, entre otras cosas. Seiscientos invitados y la opulencia total. De esto cabe resaltar: no se utilizó dinero público, o no que se sepa. Lo cual evita que esto haya sido un mayor escándalo. Pero escándalo es.

César Yáñez
Foto: Revista Hola!

Porque la boda y su posterior publicación en una revista de “alta sociedad” son síntomas de algo preocupante: si bien López Obrador dijo que gobernaría por ejemplo –y probablemente lo haga–, sus colaboradores aún no han entendido el mensaje. Porque el tema aquí no es el propio López Obrador, que en efecto sólo acudió como invitado, sino que en su círculo cercano no parecen entender la justa dimensión de la frivolidad.

¿Cuántas veces no vimos cosas así el sexenio pasado? Vaya, para referencia más cercana: el número previo de Hola! al de Yáñez estaba enfocado en una de las hijas del presidente, cuya familia ha aparecido en diversas ocasiones en la revista. Hola! es uno de los bastiones de los símbolos de desigualdad en el continente, no sólo en el país: quienes ahí aparecen son personas adineradas, de “clase alta” –lo que sea que esto signifique–, alejadas de cualquier realidad contemporánea en sus países. Hola! es la frivolidad impresa en papel.

Pues bien, a ese mundo quisieron entrar Yáñez y Silva. A uno en el que hay un Rolex en cada muñeca. en el que nada es imposible porque el dinero lo compra todo. Y sin duda están en su derecho: si es dinero bien habido, como dice el dicho, cada quién puede hacer de su culo un papalote.

Donde cambia el asunto y se convierte en problema es que muchos de quienes votaron por López Obrador lo hicieron en repudio a lo que vivieron este sexenio: a la corrupción, a la violencia, a la crisis social. Pero eso igual incluye el repudio a las formas: no era sólo el descaro de robar, sino el descaro de mostrarse desconectados de la población. El descaro de decir “ustedes no están en nuestra liga”. El descaro de ostentar la riqueza desde un puesto público cuando poco menos de la mitad del país califica dentro de las medidas de pobreza que establecen nuestras propias instituciones.

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Foto: Manuel Velasquez/Getty Images

Yáñez no ha robado, ésa es una diferencia. Pero al retomar uno de los vicios más grandes de la administración actual –porque, aunque parezca que ya sucedió, la era de Peña aún no acaba– muestra que no entiende por qué su candidato fue elegido, por qué su partido está en el poder. Morena ya no es oposición, ya es gobierno. Y eso lo tienen que comprender todos sus integrantes por igual: no sólo se les va a revisar con más lupa que antes –por la molestia que generó su llegada al poder en varios círculos, por una parte; pero también por su promesa de cambio radical, por otra– sino que se les va a exigir más en todos los aspectos. No por nada AMLO prometió una constitución moral, una guía para el comportamiento mexicano. Queda claro que, al menos alguno de sus compañeros de partido y colaborador cercano, la necesita con urgencia.

Porque Morena prometió un cambio, y aunque su administración aún no comienza, ya está empezando a mostrarse más parecido a las anteriores de lo que debería: opulencia y frivolidad, diputados que evaden la ley, violaciones abiertas a la Constitución, prácticas antidemocráticas para ayudar a aliados cuestionables, y apenas es octubre.

Al dejar pasar esta frivolidad como algo inconsecuente, al grado de decir que no importa, el próximo gobierno también deja pasar una gran oportunidad de cambiar lo que dijo que iba a cambiar. Porque sí, en la política forma es fondo. Y las formas de lo que viene son sospechosamente parecidas a las formas de lo que hubo y hay.

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Esteban Illades

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