Honey: el regreso de Robyn después de 8 años que vale la pena aplaudir

Desde 1995 Robyn ha sido sinónimo de un pop bien hecho. En sus primeros dos discos, Robyn is Here (1995) y My Truth (1999), esta sueca tenía todos los toques de un pop noventero que apenas comenzaba a marcar tendencia a través de capas de guitarras acústicas, colaboraciones de sus compatriotas, coros altamente estructurados y perfectos al igual que ritmos que podían ser altamente cadenciosos o bien, súper pegajosos al punto de armar una coreografía para bailarlos. No era de extrañarse pues por esos tiempos ella trabajaba con Max Martin, un hombre que a sus entonces 27 años ya tenía grandes dotes de compositor y lanzó al estrellato a numerosas bandas y artistas, entre ellos Britney Spears, y estaba detrás de la producción y creación de numerosos éxitos. Incluso en algún punto Max le ofreció a Robyn que cantara “…Baby One More Time”, sin embargo, ella lo rechazó.

¿Qué siguió después? Definitivamente no fue el estrellato pues, aunque Robyn comenzó a ser altamente conocida, jamás logró colocarse como “la princesa del pop”, a diferencia de Britney que en 1998 alcanzó dicho título y desde entonces se mantuvo ahí. Lo que sí es que a partir de su tercer material de estudio, Don’t Stop The Music (2002) comenzó a experimentar dentro de la música electrónica utilizando secuencias mucho más rápidas pero además, ella misma se encargó de componer sus temas. Posteriormente lanzó cuatro discos más. 2010 fue su año más movido al lanzar tres de éstos y posteriormente se mantuvo entre penumbras, colaborando con varios artistas —I Blame Coco y Röyksopp entre ellos—, pero no más. Con una espera larga y recibiendo lo que la cantautora daba en pequeñas dosis hoy llega, después de ocho años, Honey, su octava producción.

Honey: el regreso de Robyn después de 8 años que vale la pena aplaudir
Portada de Honey, el octavo álbum de Robyn.

Para este disco, que ella misma ha descrito como un trabajo que comenzó en el estudio de su casa, escuchando música que amaba, bailando y escuchando los beats y que más tarde se convirtió en un álbum compuesto por nueve cortes que a diferencia de sus predecesores, específicamente de los cuatro últimos materiales, suena mucho mejor elaborado, sin presiones, sin prisa alguna y con ritmos un tanto distintos a lo que habíamos venido escuchando de ella. 

La importancia radica en que, no regresará a esos éxitos poperos con los que la conocimos, pero sí con una madurez en cuanto a sonido se refiere, y sobre todo, una muestra del camino que está dispuesta a tomar en cuanto a producción se refiere. Para Honey, Robyn echó mano de contribuciones como Joseph Mount de Metronomy, su colaborador  de toda la vida, Klas Åhlund, Mr. Tophat, Adam Bainbridge, mejor conocido como Kindness y Zhala. 

Los primeros cuatro no se escuchan en las canciones, pero sí se ve la influencia que tienen pues, las melodías, abordan diversos géneros que van desde el electropop, synth pop, lo-fi, soul y R&B. Prueba de esto es “Baby Forgive Me” y “Send to Robyn Inmediately”, que tienen una gran influencia de Bainbridge y comienzan con sonidos distorsionados de sintetizador que rápidamente se convierten en secuencias intercaladas con otros beats y la voz de Robyn. Ambas canciones van hiladas. No se siente cuando una termina y la otra comienza porque, las melodías de R&B contemporáneo se prolongan al punto de explotar el sonido mismo entre toques de chillwave y un poco de electrónica experimental. 

Después de este corte, el resto del disco se torna bastante relajado a comparación de lo primero, que inicia con “Missing U”, una canción electropop que bien puede pasar desapercibida pues, digamos que es volver a lo mismo; con beats apresurados que no trascienden ni siquiera en la parte del coro o clímax. En cambio “Human Being”, donde colabora Zhala, es probablemente el track más “oscuro” que ha lanzado Robyn y eso se agradece. Las pausas que se perciben desde el comienzo se tornan en percusiones de batería electrónica, para después ser introducidos por sonidos de sintetizador que si los explotas con un alto volumen en los audífonos, te harán sumergirte entre ese pensar de “ser humano” y el anhelo porque esa persona no “se dé por vencido contigo”. Incluso la voz de Robyn, que es bastante aguda, cambia completamente para darle ese toque que va entre lo depresivo y lo contemplativo.

“Because It’s In The Music” retoma las melodías pop y le añade un toque “asiático” pero de igual forma, no trasciende. Posteriormente aparece “Honey”, nombre que da título al disco y que mantiene ese beat espaciado mezclado con un poco de percusión y sonidos de discos de batería. También toma un poco de voces oscuras masculinas para “Between The Lines”, que se acoplan con ella a la par de las percusiones y, si lo que quieres es escuchar un poco de house, entonces “Beach2k20” es la canción ideal que incluso te pone en mood de playa. Para continuar con la calma, nos encontramos con “Ever Again”, que maneja esa secuencia igualmente tranquila, bien producida en la cual se le da protagonismo a los acordes de guitarra eléctrica y bajo. 

Desde hace más de 20 años, Robyn incursionó en el pop y al mismo tiempo se rebeló contra él y todos los preceptos que ésteimponía. Sin embargo, al final terminó perteneciendo a él, se fue con las corrientes actuales que van desde el pop más básico a uno mezclado con EDM. La rapidez en los beats y sonidos no tan oscuros, hicieron que la cantante sueca fuera recordada, pero no como una artista que innovara dentro del género. Hoy, con Honey, decide cambiar de rumbo para imponer su propio toque. Para ello tuvo ayuda de artistas que, dentro de su estilo musical son referentes y que al mismo tiempo, exploran cuando tienen en frente un sintetizador, guitarra, percusiones o bolígrafo. 

El resultado es que tenemos un buen viaje del cual, si prescindimos de “Missing U” o “Because It’s In The Music”, unos de los tracks más flojos a comparación del resto, entonces puedes darte cuenta de que Robyn va por buen camino incluso cuando sus letras hablan del corazón roto, de cómo superar una relación o el deseo de recuperar al ser amado, de la pérdida. Las composiciones, más allá de generar una sensación de vacío, compaginan por completo con los sonidos. Y eso es algo que pocos artistas logran: sumirte en la depresión, en un viaje atmosférico, en la sensualidad y felicidad al ritmo de un house bien hecho. 

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