‘Nightmare Before Christmas’: 25 años de un discurso de tolerancia y aceptación

Pocas veces, el debut de un artista llega para quedarse. Esto no quiere decir que sus primeras obras sean “malas”, sino que representan un ensayo y error para el creador en cuanto al rumbo que va a tomar su trabajo y visión de las cosas. Como mencionamos, son contadas las veces que esa primera obra es la que determina en su totalidad el estilo de un cineasta, por ejemplo. Uno de ellos fue Henry Selick con Nightmare Before Christmas de 1993 bajo la producción de Tim Burton.

Podríamos pensar que el éxito de esta cinta se debe en su totalidad a la presencia de Burton; sin embargo, no es así. Se trata de un universo que se construyó con varios elementos como la música de Danny Elfman –al final, Nightmare Before Christmas es uno de los musicales animados más grandes de todos los tiempos–; el guión de Burton y otros dos colaboradores; el trabajo como director de Henry Selick; y el trabajo en la producción y animación en stop motion.

Todo esto hace de Nightmare Before Christmas una gran película animada de la década y que no ha sido superada en la actualidad a pesar de la diversidad de historias y tecnologías en animación. Pero también uno de los elementos clave de esta cinta infantil, sino es que el más grande, es su estilo gótico y la capacidad que su historia tiene para representar diversas etapas y festividades a lo largo del año y un discurso que parece más actual que nunca. De primera vista, la cinta parece una cinta de terror infantil; sin embargo, conforme avanza y la historia se hace más compleja, surge la duda: ¿Realmente es un filme de Halloween o de Navidad? La respuesta podría discutirse, pero la realidad es que se trata de las dos: es una cinta dual.

Nightmare Before Christmas logró unificar en una sola historia y a través de un solo personaje, una dualidad que ha sido mal llevada en muchos tiempo y en muchas otras cintas. Jack, el protagonista, inmerso en un solo mundo, conoce por accidente una realidad totalmente distinta que lo fascina y que lo lleva a tomar la decisión de interpretarlo a su manera. Y esto es quizá la pieza principal de la trama y la enseñanza que a todos nos deja.

Todo, absolutamente todo lo que comunica, está sujeto a interpretación, la cual se da con base en la experiencia personal de las personas y las circunstancias en la que se lleva. Así, un personaje como Jack, dentro de un universo oscuro y determinado por la muerte pero bondadoso y amable, descubre un mayor número de posibilidades para expandir su mundo sin perder el encanto del otro. En otras palabras y traduciendo las acciones de Jack en Nightmare Before Christmas, se trata de un discurso de aceptación y tolerancia de una de las partes frente a lo desconocido, a lo que es diferente.

Las crisis migratorias actuales han puesto a las sociedades frente a sí mismas y los valores que dicen predicar. Acciones de odio, resurgimiento de grupos racistas, cero tolerancia y violencia, es la cara que muchas comunidades han presentado ante una crisis humanitaria que se agrava cada vez más. Sin embargo, del otro lado predicamos todo lo contrario. ¿Y no es esto a lo que el mundo de Jack y posteriormente el navideño se enfrentan?, a un rechazo llevado por el miedo?

Este 29 de octubre, Nightmare Before Christmas celebra 25 años de su llegada a la mente de las audiencias no como una historia de fantasía de terror gótico con el signo distintivo de Burton. También celebra que se adelantó al tiempo  promovió desde hace muchos años la tolerancia en un discurso que no sólo se queda en palabras, sino en acciones.

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