‘Mandy’ de Panos Cosmatos: Cuando el horror encierra pura belleza

Resumir una película es bastante sencillo cuando la historia es conocida y hasta repetitiva. Basta con mencionar el punto más alto del filme, para comprender en su totalidad de qué va y cómo puede terminar. Eso podría suceder con Mandy, la segunda película de Panos Cosmatos esta vez protagonizada por Nicolas Cage. Esta cinta se resume en lo siguiente: ambientada en 1983, Red es un leñador pasivo que debe cobrar venganza contra fuerzas oscuras llamadas por una secta religiosa, cuando estos asesinan a su novia Mandy. Con algunos destellos de cine gore y death-metal, Cage se pone la capa de vengador sangriento y emocional. Punto.

Así de simple es el contexto de esta película; sin embargo, cometeríamos un terrible error si sólo nos quedamos con la trama y el nombre de los personajes principales. ¿La razón? Mandy es toda una experiencia visual y auditiva, dos partes en las que se construye toda su estética y la convierten, sin decir más, en una película de horror que encierra pura belleza. Desde su primera película de 2010, Cosmatos nos ofreció un tipo de cine que va desde lo contemplativo, experimental, hasta el drama (esta vez cargado totalmente en la fisonomía de Cage y su capacidad natural de aturdir a las audiencias con una sola mirada).

Mandy arranca con una secuencia de imágenes nocturnas y forestales musicalizadas por “Starless” de King Crimson. Y si con esto no nos damos una idea de lo que Cosmatos es capaz, entonces el entorno de Mandy resultará incomprensible. Como mencionamos, Red es un leñador que vive aislado con su novia Mandy, una artista que libera pura tranquilidad y cuyo rostro, marcado por ojos grandes y una cicatriz, produce más preguntas que respuestas. Este misterio asombra a Jeremiah, un gurú sexual de una secta tipo Manson con tintes religiosos. Él envía a unas criaturas desagradables y asquerosas por Mandy.

Los resultados, como eran de esperarse, no salen nada bien. Nada. Sin definir las circunstancias, Mandy es asesinada frente a Red y éste, consumido por el dolor y la desesperación, comienza un viaje de venganza en el que están incluidas sierras eléctricas gigantes, espadas forjadas a mano, cadenas gruesas y las mismas manos del protagonista sin olvidar, que los ojos de Red, desorbitados, también conforman todo el universo que construye a Mandy.

Parece que con este texto ya les contamos toda la película, pero como mencionamos al principio, Mandy no es una historia escrita, sino visual alimentada por un espectro de sonido que pocas veces cobra tanta importancia como lo hace aquí. Hay muchos filmes que apoyan su narrativa en el sonido y la música; sin embargo, Mandy es tan extraordinaria y tan diversa en este aspecto, que no hay nada que se le acerque hasta el momento. Ni qué decir, nuevamente, de la construcción visual conformada por los colores (rojo y verde, principalmente), los oscuros, las pausas en las escenas, los planos abiertos y cerrados que dicen más de lo que aparentemente vemos.

Otro punto a favor, por sí mismo, es la presencia de Nicolas Cage. De unos años para acá, Cage cayó en la desgracia hollywoodense con elecciones fílmicas poco probables y que lo enviaron al baúl del olvido y la burla. Pero la realidad es que siempre estuvo ahí con un potencial totalmente expuesto en Mandy; es decir, nadie, con seguridad, podría imaginar a otro actor en el personaje de Red y con sus momentos nihilistas que no podrían obedecer al amor que proyecta sobre su difunta novia.

Panos Cosmatos viene de una familia de cine. Su padre, George P. Cosmatos, fue el encargado de construir una pequeña parte del imaginario cultural con cintas como Rambo II, Cobra y Tombstone. Y ahora, sin miedo a equivocarnos y con tan sólo dos filmes en su historial, estamos seguros que Panos ha superado sus propias expectativas y, de paso, nos ha regalado uno de los filmes más viscerales del año que bien podrían plantear la base de un cine con historias conocidas, pero perspectivas totalmente ajenas a nuestro mundo.

Mandy se presentó durante la séptima edición del Festival Internacional de Cine de Los Cabos como parte de la sección “After Dark”.

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