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7 puntos para entender los “bonos verdes” del aeropuerto de Texcoco

¿Se seguirá construyendo el NAIM de Texcoco? ¿Sigue en pie el proyecto? ¿Qué son los mentados bonos verdes? ¿Por qué hace falta información? Los anuncios más recientes sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México han traído más dudas que respuestas y no es de a gratis, es un tema tamaño industrial que involucra al Estado —en pleno cambio de administración—, a cientos de empresas, mercados internacionales y miles de millones dólares.

La última noticia es que el aeropuerto se seguirá construyendo —poquito— en lo que la Secretaría de Hacienda compra una parte de los bonos que se emitieron para financiar su inicial construcción. Al final del día la cancelación sigue en pie al cien por ciento, pero entre tanto ruido los mensajes se pueden enredar.

Las explicaciones son varias: tal vez solo se busca evitar demandas, recuperar algo de lo cancelado, alivianar a los mercados y a las calificadoras o simplemente buscan tomar decisiones con los pelos de la burra en la mano. Por eso, acá te contamos todo lo que necesitas saber del enredo con la compra de bonos del Nuevo Aeropuerto —es un decir— de Texcoco

¿Qué @#$%& son los bonos verdes?

En septiembre de 2016, en su búsqueda de conseguir lana para financiar la construcción, el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM) colocó “a la venta” —no es la palabra técnica, pero ayuda a explicarlo— unos bonos verdes en Nueva York, Estados Unidos.

Los bonos verdes se utilizan únicamente para financiar proyectos que sean sustentables, o sea, que sean amables con el medio ambiente.

En un caso hipotético, tú inversionista compras unos bonos al precio de mercado y la entidad que los estaba “vendiendo” —el GACM— se compromete a pagártelos con una ganancia en un tiempo definido. A riesgo de pasarnos de simplistas, terminas prestándole una lana a las paraestatales para que puedan hacer sus proyectos y te pagan con intereses.

¿Cuántos bonos verdes se emitieron para el NAIM?

Los bonos verdes para el aeropuerto en Texcoco se crearon en cuatro grupos. En la primera tanda se emitieron mil millones de dólares que se vencían en 2026 y se pagaban con una tasa del 4.25%.

El segundo tamalazo fue de mil millones de dólares —igual que el anterior— pero este vencía en 2046 y se pagaba al 5.50%. En el tercer grupo de bonos, se emitieron otros mil millones de dólares que vencían en 2028 con una tasa del 3.87%.

La cuarta tanda fue la grande. En septiembre de 2017, se emitieron tres mil millones de dólares, que se pagaban al 5.50% y se vencían en 2047.

En resumen, hay 6 mil millones de dólares en bonos verdes emitidos y se vencen entre 2026 y 2047.

¿Cómo planeaban pagarlos?

“Este financiamiento no constituye deuda pública y será pagado con los flujos excedentes que el propio aeropuerto genere”, decía el GACM en un comunicado. Entonces, el plan original era pagarlos con el aeropuerto funcionando y el dinero que de ahí saliera. Sin embargo, para poder colocar un bono verde en el mercado tienes que dar una garantía. En este caso, se usó la Tarifa del Uso Aeroportuario (TUA), que pagan los viajeros que ocupan los aeropuertos, para poder asegurar que se pagarían los bonos.

O sea, como no se completo el proyecto, la TUA es la que está comprometida. Claro, a menos que el gobierno decida recomprar los bonos y ellos apechugar el golpe. Que es justo lo que se está haciendo.

¿Cómo funciona la compra?

El nuevo Consejo de Administración del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México anunció que van a comprar mil 800 millones de dólares, de los 6 mil millones emitidos. Aunque a duras penas alcanza el 30% del total emitido dicen que servirá para cubrir “el vacío de información, con acción muy concreta y que dé certeza a los inversionistas”.

Aseguraron que van a pagar 90 centavos de dólar por cada bono, cuando en realidad se cotizaba a 77 centavos de dólar en el mercado. Pagarlos más caros de lo que estaban es una manera de convencer a la banda para que sí los venda. Además, le están echando ganas para atraer a los bonistas —a los que tienen los bonos, pues— ya que le agregaron una promoción: por cada mil dólares que tuvieran invertidos, les  darán 50 dólares extras si aceptan vender en caliente y otros 7 dólares si aceptan el cambio en las condiciones que publicaron.

Todavía no hay detalles de cómo se comprarían los otros 4 mil 200 millones de dólares.

La más importante: ¿por qué lo están haciendo así?

Las autoridades siempre pueden tener algún plan maquiavélico o algún as bajo la manga, pero todos los expertos entrevistados están de acuerdo en una situación. Si dejas de construir ‘así como así’ se vienen las demandas y en esa situación de incumplimiento —default, para los especialistas— se te pueden poner agresiva la economía.

Liquidar o recomprar los bonos ayuda a poder tener más control sobre los mercados antes de cancelar el aeropuerto. Básicamente, ayudas a dar la certeza de que, aunque no construiste el proyecto, sí pagarás las deudas adquiridas.

¿Y quién va a pagar?

Según la información oficial, esta primera etapa de recompra se pagará con lo que tiene la caja del aeropuerto. “Con la caja que existe, con lo que ya existe en un bolsillo, se van a repagar parte de la deuda que ya existía”, explicaba Arturo Herrera, subsecretario de Hacienda, en una entrevista con Grupo Fórmula. Si todo sale como dice el funcionario, significaría que no hay un gasto adicional. Simplemente se pagaría una parte de la deuda con los mismos recursos que se consiguieron con “la venta” original de bonos.

Valeria Moy, directora de “México, ¿cómo vamos?” le explicaba a Animal Político que lo más probable es que solo se pagaran mil 800 millones de dólares porque “es lo que tienen ahorita disponible para pagar, no tienen seis mil, no hay manera de que lo paguen ahorita”.

¿Qué puede pasar?

Pensar en las implicaciones de la recompra de bonos y la cancelación del aeropuerto es jugarle al pitoniso —y luego te andan reclamando en redes sociales—, pero las posibilidades a futuro de estos eventos pueden tener grandes repercusiones en nuestro país.

Por ejemplo, Jorge A. Castañeda, coordinado de proyectos de IMCO, le explicaba a Animal Político una posible situación: “El gobierno mexicano puede pagar esto, no va a quebrar. Es mucho más grande su presupuesto pero sí crea un problema severo”, explicaba. Sin embargo, el mismo especialista comentaba que puede presentar problemas a futuro pues los inversionistas no van a confiar en México cuando necesite otros bonos para proyectos como el Tren Maya o la refinería.

También, mencionaba que hay riesgos de encontrarse con algo que se llama fondos buitres. Eso no ha sucedido en el caso de Texcoco, pero toparse con ellos podría desencadenar situaciones interesantes.

Imagínense que —como el precio de los bonos está por los suelos— algún inversionista con colmillo y mucho capital comprara una grandísima cantidad de bonos. Al final del día, se quedaría con un buen porcentaje de la inversión. Así, tendría que negociar directamente con el gobierno y sería una piedra en el zapato.

Claro, también está la posibilidad de que poquito a poquito se vayan pagando los bonos y con el tiempo, los mercados recuperen la confianza en nuestro país. A ver qué sucede.

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