Soy muy fan de Maite Alberdi. Me parece una genia. Mi fanatismo empezó cuando vi y no dejé de llorar con El agente topo. Se puso peor la cosa con La memoria infinita. Ambos documentales van sobre la memoria.

El primero va sobre el olvido consciente y malvado; y el otro, sobre la construcción de la identidad a partir de los recuerdos de otros. Son bellísimos a la vez que devastadores. Son esa clase de documental que solo ves una vez porque una segunda podría ser más dolorosa que la primera.

La manera creativa y un tanto lúdica en la que Maite Alberdi cuenta sus historias es la que, para mí, la convierte en una de las cineastas más destacadas de Chile y Latam.

Por eso mismo, entenderán, me emocioné tanto con el anuncio de un nuevo documental sobre el caso de una mujer mexicana que, al no poder convertirse en madre, decide robarse a una bebé. Lo solté de trancazo, pero, con una historia así, no hay manera de decirlo más “ligero”.

Imagen de 'Un hijo propio, documental de Maite Alberdi
Imagen de ‘Un hijo propio, documental de Maite Alberdi / Foto: Cortesía Netflix

El caso de Alejandra Marín

La noticia acaparó titulares en 2009 cuando se reportó el robo de una bebé en el Hospital General de la Ciudad de México. En los videos que dieron vueltas en los noticiarios, aparecía una mujer con una bolsa de regalo y, dentro de ella, había una bebita recién nacida.

Horas después del robo, Alejandra y su esposo Arturo fueron detenidos. Para el 23 de junio del mismo año, les dictaron auto de formal prisión por el delito de privación ilegal de la libertad de una víctima menor de 16 años. Arturo permaneció dos años en la cárcel; Alejandra fue sentenciada a 13 años.

Esa es la historia que hasta 2026 todos nos sabíamos: la de una mujer que se robó a una bebé de un hospital. Pero detrás de todo crimen siempre hay otra historia, solo que pocas veces llegamos a escucharla.

Maite Alberdi y Un hijo propio

La historia de Alejandra llegó a oídos de Maite Alberdi mientras realizaba una investigación en Santa Martha Acatitla. Pensó que valía la pena contarla, y fue así como decidió producir y dirigir Un hijo propio.

Ahora bien. Para comprender una historia tan personal, que parte de una experiencia tan subjetiva, Maite convirtió a Alejandra en la narradora mientras vemos a actores encarnar sus emociones, pensamientos y todo lo que, según ella, sucedía y sucedió.

Mientras lo veía, quedé fascinada con el trabajo de Ana Celeste Montalvo Peña y Armando Espitia, los dos actores que prestaron su cuerpo y su voz para Alejandra y Arturo. Lo hacen tan bien, comprendiendo la representación de una realidad contada y, por ende, cambiante, que en ningún momento vemos a un villano, una víctima o un héroe, sino personas con conflictos.

Ana Celeste Montalvo Peña como Alejandra en 'Un hijo propio'
Ana Celeste Montalvo Peña como Alejandra en ‘Un hijo propio’ / Foto: Netflix

La palabra es habitar. Teníamos una dirección muy clara, con las premisas de si es verdad o no lo que estás viendo… Se hablaba de habitar y de ser. De cuál era el impulso que te llevaba a eso”, dijo Ana Celeste. Comentó que aquel entendimiento no solo se quedaba al momento de la acción, de hacer una escena, sino que permanecía todo el tiempo.

Esos conflictos que vemos en pantalla, llevados por impulsos, son falta de atención médica prenatal, abortos espontáneos, presión familiar y una dañina cultura que obliga a las personas a seguir pasos en sus vidas: casarse, reproducirse y morir en el intento de ambas.

Buscamos que los personajes que interpretamos sean considerados seres humanos más que personajes”, menciona Armando. “El contexto de esta película nos ayuda a potenciar eso”. Eso es que la historia de Alejandra no es una ficción o algo inspirado en la realidad, es su realidad, una que afectó a muchas personas a su alrededor, incluida Mayra, la madre de la bebé.

Imagen del documental 'Un hijo propio'
Imagen del documental ‘Un hijo propio’ / Foto: Netflix

Mayra, la madre de una bebé robada

No podíamos no preguntarle a Maite y sus productores sobre Mayra. La historia de Alejandra no solo va sobre su experiencia, sino sobre las faltas estructurales, culturales, sociales y políticas alrededor de la maternidad. Pero la historia de Mayra es igual, incluso si es contada en voz de Alejandra.

A Mayra le robaron a su bebé. No podemos ni imaginar lo que supone una situación así.

La película se plantea estéticamente en una posición”, nos dice Maite. Nos explica que la parte en la que vemos actores es la historia que Alejandra se relata a sí misma: un cuento de hadas que choca con la realidad.

Cuando termina su historia, Un hijo propio sigue el formato tradicional del documental con entrevistas, archivos, testimonios y demás.

Con eso, “nosotros quisimos que no hubiese duda de que Mayra fue una víctima, de que se cometió un delito, de que hay una mujer que sufrió mucho porque le robaron a su hijo. Pero, al mismo tiempo, no quita que sea la historia de dos mujeres que sufrieron mucho y que nos permita entender los porqué y no solo el qué sucedió”.

Nos parece muy interesante esta decisión porque, precisamente, nos saca de una versión para meternos en una que permanece, y es en la que una de esas dos mujeres cometió un acto que hizo sufrir a la otra, que obligó a Mayra a entrar en esta historia.

'Un hijo propio', el documental de Maite Alberdi sobre la maternidad alrededor de un crimen
‘Un hijo propio’, el documental de Maite Alberdi sobre la maternidad alrededor de un crimen / Foto: Netflix

La relación de Un hijo propio con la memoria de Alberdi

Durante nuestra charla con Ana Celeste por el estreno de Un hijo propio, me dijo que ella sí necesitó conocer a Alejandra para saber dos cosas: quién era ahora y quién había sido antes; la Alejandra que vivía en Santa Martha y la Alejandra que robó a una bebé más de una década atrás.

Esa es la clave de Un hijo propio y por qué no había mejor persona para contar la historia que Maite Alberdi. Les decíamos al inicio que amamos parte de su trabajo por la forma en la que conversa con la memoria. Y Un hijo propio se vale de ella, de los recuerdos que no necesariamente aluden a hechos, sino emociones. ¿Pero no es así como siempre recordamos?

Ellos, los actores, eran un flashback de los protagonistas que, de alguna manera, también no tenían que ser idénticos, porque eran ellos en otro tiempo y uno tampoco se reconoce idénticamente”.

La liga entre Un hijo propio y su cine es que la memoria no puede ser confiable, nunca, y eso es lo que hace que cualquier historia, por más dolorosa que sea, sea cuestionable. En ese caso, no solo vale cuestionar a Alejandra, sino a todos a su alrededor.

Las contradicciones

Nos pareció muy fuerte un momento específico del documental. Mientras entrevistan a la mamá de Alejandra, dice que, cuando volvió a ver el video del baby shower que le hicieron a su hija, notó que había mucha tristeza en sus ojos. Le pareció una sorpresa porque, dice: Es lo que queríamos”.

Las personas alrededor de Alejandra hablan en primera persona y en plural. Arturo quería un hijo propio. Las mamás de ambos querían que tuvieran un bebé. Todos deseaban algo, y todos proyectaron esos deseos en ella.

Nos hizo pensar en cómo muchas de las contradicciones de la maternidad siguen vigentes. El caso es de 2009, pero hoy seguimos con los mismos problemas.

Hablamos de hacer colectiva y colaborativa la maternidad, la crianza, el cuidado, pero parece que sólo cuando satisface deseos personales que se definen por el cumplimiento de un rol.

Un hijo propio ya está disponible en Netflix.

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En 2017 entré a Sopitas.com donde soy Coordinadora de SopitasFM. Escribo de música y me toca ir a conciertos y festivales. Pero lo que más me gusta es hablar y recomendar series y películas de todos...

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