David Cronenberg escribió el guion de Crimes of the Future hace 20 años, antes de que dejara de lado el horror corporal para entrarle de lleno a producciones enfocadas en los protagonistas de la violencia criminal, los impulsos sexuales y el consumismo de productos tangibles e intangibles. También, es justo decirlo, menos elaboradas en el sentido visual y de diseño (pero no por eso menos grandiosas, sobre todo sus colaboraciones con Viggo Mortensen). 

La idea del transhumanismo en Crimes of the Future no como un ideal, sino como todo lo contrario en respuesta a la industrialización y el capitalismo, define el tiempo y luego destruye su relación con el cuerpo y los deseos de ser eternos. Si bien el cuerpo siempre ha sido un indicador de paso del tiempo, lo es más sobre la percepción de nuestra  humanidad.

El mismo Cronenberg ya había reflexionado sobre esto en Cosmópolis para hablar de cómo nos concentramos en las horas: las horas medibles y las horas humanas haciendo el trabajo más eficiente. La esencia en Crimes of the Future, además de hablar de la voluntad y el control, surge de un nuevo instinto de supervivencia que obedece también a nuevos placeres. 

Léa Seydoux, Viggo Mortensen y Kristen Stewart en ‘Crimes of the Future’ / Foto: Neon

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Crimes of the Future

Djuna encuentra a su hijo, un niño llamado Brecken, sentado en el piso del baño devorándose el bote para tirar el papel. Lo muerde, lo mastica y lo traga, mostrando una saliva espumosa. Su madre lo ve con asco y con desprecio, pero no lo detiene. Luego, mientras el niño duerme después de deglutir el bote de plástico, su madre lo mira fijamente, toma una almohada y lo asfixia. 

Este es el primer crimen que vemos en Crimes of the Future en el sentido más literal de la palabra. Pero en realidad la película es una alegoría sobre la fatalidad del futuro de la humanidad representada en nuestros cuerpos. O en otras palabras, en el cúmulo de acciones a las que parece estamos destinados a cometer en contra de nuestra humanidad. 

Crimes of the Future está protagonizada por Viggo Mortensen y Léa Seydoux como Saul Tensen y Caprice, una pareja de artistas del performance que viven en un futuro donde la gente ha logrado alterar su biología, dando como resultado la erradicación del dolor y el fin de las infecciones. 

Viggo Mortensen como Saul Tenser en ‘Crimes of the Future’ / Foto: NEON

Esto ha llevado a los humanos a realizar procedimientos quirúrgicos en las calles (constantemente vemos a personas mutilándose y sintiendo placer por ello) o como una mera forma de entretenimiento, sin cuidar las condiciones de higiene. Algunas personas como Saul Tenser y Caprice, han convertido esto en un performance artístico. 

Su presentación consiste en que Saul, a partir de una condición médica (algo así como un síndrome), logra crear órganos nuevos (cuyos fines son desconocidos o simplemente son inútiles) que a veces logran alterar su composición hormonal. Estos son extirpados por Caprice, no sin antes tatuarlos, con la ayuda de una máquina conocida como Sark cuyo objetivo inicial era realizar autopsias. 

La gente toma videos y fotografías mientras sienten un extraño placer al ver cómo el cuerpo de Saul se abre sin dolor alguno. Saber esto, que no sienten dolor, nos lleva a la idea de que las cirugías y procedimiento son el nuevo sexo. Y al mismo tiempo, nos ayuda a los espectadores a asumir las condiciones en las cuales los humanos se desarrollan y cómo se conectan entre sí. 

Imagen de ‘Crimes of the Future’ / Foto: NEON

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Las alteraciones fisiológicas y el medio ambiente

Las alteraciones del cuerpo han llevado a los gobiernos a crear un Registro Nacional de Órganos, el cual es liderado por un par de investigadores llamados Wippet y Timlin (Don McKellar y Kristen Stewart), quienes en teoría deben reprimir la manipulación de los humanos en sus cuerpos (y por ende en la evolución), pero que en secreto son admiradores de Saul Tenser.

Las autoridades están preocupadas por el rumbo que ha tomado la naturaleza o la interpretación de la misma entre el nuevo placer, el nuevo sexo, los nuevos órganos y los nuevos riesgos que todo esto implica en la valoración del cuerpo humano. Es decir, el lugar que el Estado pierde para definir lo que es bueno y lo que es malo.

Kristen Stewart y Viggo Mortensen en ‘Crimes of the Future’ / Foto: NEON

Cronenberg nos dice que el origen del problema de las sociedades es que no nos podemos poner de acuerdo en lo que somos ni lo que necesitamos. Para algunos, la anatomía humana podría alterarse como consecuencia de los dramáticos cambios del ambiente, y de alguna manera, esas transformaciones se presentan como una solución a los problemas medio ambientales. 

Por ejemplo, hay un grupo radical que se ha alterado quirúrgicamente para poder comer y procesar plásticos, y su base económica está en desarrollar unas barras moradas que sólo ellos pueden consumir. 

La idea de este cambio en su sistema digestivo, según el líder de este grupo llamado Lang Dotrice (Scott Speedman), surge en relación a la tecnología y la obligación que los humanos para responder ante esta conectándose a sus posibilidades. Y de paso, sugiriendo una solución al tema de la saturación industrial y la producción: produzco plástico, no me puedo deshacer del mismo, y ahora me lo como. 

Scott Speedman en ‘Crimes of the Future’ / Foto: NEON

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¿Qué nos hace humanos?

Crimes of the Future pone sobre la mesa una interpretación del transhumanismo con la mutación del cuerpo de los humanos, siempre paralelo al desarrollo tecnológico, ¿pero cuál de todos? Para Cronenberg no hablamos de máquinas incorporadas al cuerpo o la inclusión total de la conciencia en un metaverso que nos construya únicamente desde lo digital. 

El director canadiense se acerca más a los preceptos biomédicos que dejarán de lado la funcionalidad del cuerpo para apelar más a una nueva forma de percibir el entretenimiento y la belleza. Parece broma, pero la “belleza interior” se revela entre concursos para determinar cuál es el órgano –nuevo– más original y más bello. O en lugar de hacer demostraciones de productos de belleza, una mujer se corta el rostro con algún diseño particular que, de alguna manera, la ha ayudado a abrirse en un sentido anímico.  

Lea Seydoux como Caprice en ‘Crimes of the Future’ / NEON

Entonces, ¿los humanos han perseguido todo esto con el fin de mejorar? Quizá no, pero sugiere que se trata de una reacción evolutiva que altera la idea más conservadora de evolución. ¿Qué es y cómo debe darse la evolución? La primera idea del proceso evolutivo, sabemos, proviene de aquellos que están en el poder y que insisten en las mismas condiciones humanas de las que tenemos registro.

Hoy es algo como el aborto, pero mañana sería la voluntad de hacer crecer un órgano o someterse a cirugías para procesar el plástico; y más adelante, la posibilidad de engendrar “humanos” que no necesiten de aquellas intervenciones. 

Lo que es cierto es que necesitamos mantenernos conectados con nuestra humanidad a partir del cuerpo. Absolutamente todo lo que es humano evoluciona con las sociedades. Todos los conceptos humanos como la religión, la política, la filosofía, la ética, la tecnología y la magia.

Y lo que sigue ahora es transmutar esos mitos a imágenes o a un imaginario tecnológico. Porque al final, la magia o la religión resolvía las dudas de nuestra existencia, nos daba respuestas satisfactorias a cosas que parecían no tener sentido. Y ahora lo hace la tecnología. 

Imagen de una intervención quirúrgica/artística en ‘Crimes of the Future’ / Foto: NEON

El amor por encima de la tecnología

Crimes of the Future es tan brillante, que el director permanece en sus contrastes. Mientras se debate sobre el futuro de los seres humanos ante la pérdida de aquellos elementos que fisiológicamente nos definen como tal, impera al centro de su historia lo que nos mantiene, precisamente, humanos. Y es el amor.

La relación entre Saul y Caprice es lo más humano del filme y lo único que no se puede alterar. El amor (y el corazón, entendiendo los términos de la cinta), es el único órgano del que no se puede debatir, pues su evolución no se hace de manera colectiva sino individual, en la intimidad del hogar que los protagonistas comparten. AQUÍ el tráiler.

Crimes of the Future está disponibles en cines, y llegará a MUBI el 29 de julio.

Caprice y Saul en ‘Crimes of the Future’ / Foto: NEON

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