El arte siempre ha servido como un catalizador de cambios y revoluciones a nivel personal y social. No sólo es un medio para entretener a las masas, como algunas expresiones artísticas conciben su esencia, sino también sirven para generar ideas, dudas y nuevas tesis. De aquí es que surge la idea de que todo arte puede ser peligroso. En el libro El arte de la lectura en tiempos de crisis, la antropóloga Michèle Petit habla sobre las cualidades de la lectura como una forma de salvar a las personas en épocas difíciles, ya sea períodos de guerra, aislamiento, pobreza, enfermedad y demás. Uno de los ejemplos más claros es el de la Gran Depresión en 1929, una crisis económica que dejó a millones en medio de la pobreza extrema, pero también los llevó a las bibliotecas públicas refugiarse a través de libros. O bien, uno de esos “milagros” de la literatura fue Sergio Pitol y su famosa frase: “Yo creo que la lectura me salvó la vida”, haciendo alusión a la malaria que contrajo cuando era niño.

El arte, como mencionamos, representa una escapatoria en épocas difíciles, y al mismo tiempo, sirve para exponer la realidad en la que se vive. En este caso, las expresiones artísticas tienen la capacidad de retratar, desde la ficción incluso, los aspectos sociales, económicos y políticos de cierta época, pero también los anímicos. Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania se encontraba devastada en todos los sentidos. Con la caída del segundo Reich y la firma del Tratado de Versalles, los alemanes aceptaron reducir su ejército, entregar colonias y pagar una deuda que hundió a un país de por sí ya pobre. En pocas palabras, Alemania pasó de ser potencia industrial europea a un país en ruinas.

Shock Troops Advance under Gas (Sturmtruppe geht unter Gas vor) de Otto Dix para 1924. / MoMA German Expressionism: Works from the Collection

Con esto se dio paso a la etapa más fuerte y comercial del expresionismo alemán, una corriente artística que exploró sus primeros pasos en la pintura con Ernst Ludwig Kirchner y Wassily Kandinsky como pioneros para dar paso a un éxito a partir de 1918 y toda la década de los 20 con Otto Dix y George Grosz como representantes. Entre estos nombres, el expresionismo alemán llegó a la cima del éxito gracias al cine y la facultad de este tipo de arte de explorar en diversos puntos temas de interés social y humanístico como el enfrentamiento del hombre con la modernidad, la naturaleza, el cuerpo y sus posibilidades, la vida urbanizada, pero sobre todo, la caída emocional e identitaria después del conflicto bélico. Así, justo en 1920, nació el expresionismo en el cine con obras que influyeron y determinaron el rumbo de muchos géneros en la actualidad como el terror… y con este, la salida de una de las obras cinematográficas más grandes de la historia: El gabinete del doctor Caligari (Das Cabinet des Dr Caligari por su título en alemán) de Robert Wiene.

Para esas épocas, el cine todavía era mudo y exploraba sus alcances con película como Le voyage dans la lune de 1902 de Georges Méliès, El gran robo al tren de 1903 de Edwin S. Porter, Les vampires en 1915 de Louis Feuillade y las cintas que fundaron el cine épico con Cabiria en 1914 de Giovanni Pastrone y la infame pero clásica The Birth of a Nation en 1915 de D. W. Griffith. Estas anteceden el surgimiento del gran cine alemán con realizadores, actores, directores de arte y fotógrafos de este mismo país que utilizaron El gabinete del doctor Caligari como primera referencia dentro de la corriente del expresionismo en el cine.

El actor Werner Krauss interpretó al infame doctor Caligari.

El filme sigue la historia del poeta checo Hans Janowitz y el austriaco Carl Mayer, la cual está protagonizada por el fantasmagórico doctor Caligari y su inesperada llegada a un pequeño pueblo alemán en el norte, cerca de la frontera con Holanda, llamado Holstenwall. El hombre llega con un acto para feria único y extraño que presenta al terrible Cesare, un sonámbulo que es capaz de responder todo tipo de preguntas sobre el futuro cuando despierta después de muchos años de sueño. Dos amigos, Francis y Alan, entran a la tienda y Cesare predice la muerte de Alan: “Hasta el amanecer”, dice con una mirada de terror. Al día siguiente, Alan aparece muerto con un puñalada bajo circunstancias sumamente extrañas, pues un funcionario que debía dar permiso a Caligari para presentarse, murió de la misma forma una noche antes. Pero, ¿cómo es esto posible? En realidad, no hay magia ni visiones a futuro: Cesere está controlado o hipnotizado por Caligari, quien lo envía a asesinar a sus enemigos y personas que presencian su acto y en un acto de egoísmo, quieren adelantarse a su suerte. Las muertes ponen en alerta a Holstenwall y en peligro la estadía de Caligari y Cesare.

Junto a estos dos, toman relevancia otros dos personajes principales: Francis y Jane. En realidad, él es el que comienza a narrar la historia de cómo Jane, su prometida, cae en desgracia después de haber sido secuestrada por Cesare, quien es incapaz de asesinarla. Al final de la historia de Francis, Caligari es encerrado en un manicomio. Sin embargo, la trama da un giro inesperado cuando nos damos cuenta que el protagonista es un paciente más junto a la figura de su futura esposa, un joven parecido a Cesare, y el hombre que da vida a Caligari, en realidad es el director del manicomio. ¿Acaso nos recuerda a Shutter Island de Martin Scorsese?

Muchos se han dado a la tarea de definir las representaciones de cada uno de los personajes en El gabinete del doctor Caligari. Algunos críticos e investigadores apuntan a que Caligari simboliza a las autoridades alemanas mientras Cesare es la población y los soldados enviados, por órdenes que no se cuestionaron, a una guerra con el fin de terminar con su enemigos. Siegfried Kracauer, autor de De Caligari a Hitler: Historia del cine alemán, dice que el mismo Janowitz, después de haber participado en la guerra, regresó asqueado por la imposición de una autoridad que mató a millones de personas. También se retoma la figura de Hitler y la extraña necesidad del pueblo alemán de elegir gobiernos autoritarios que los dominan y los obligan a matar, pero también a morir.

Cesare, de 23 años, es enviado a asesinar a Jane, pero en lugar de eso, la secuestra y huye.

La historia original de Janowitz y Mayer no le daban la vuelta a Francis y ni lo convertían en un demente. La autoridad bajo la imagen del doctor Caligari, se presentaba como la parte más funesta, dándole así a su obra un toque revolucionario que, extrañamente, encantó a los productores, sobre todo a Erich Pommer. Este ejecutivo había elegido al legendario de Fritz Lang para la dirección, pero por problemas de agenda salió del proyecto y llegó Robert Wiene, quien de forma abrupta cambió la trama como se presenta en la cinta, dejando mucho que desear a los autores por su aparente “conformismo”… pero no del todo. Wiene dejó mucho a la imaginación y aunque sea en una fantasía, el gobierno cae derrocado y nuestro héroe triunfa. El giro de 180 grados en la trama se debió a una cosa: las masas, para las cuales se hizo la película, no podrían ser capaces de comprender del todo la obra de los poetas, así que se les debía presentar algo más digerible. Si es cierto o no, el punto más alto de El gabinete del doctor Caligari no fue su historia, sino su construcción.

Lo más interesante de El gabinete del doctor Caligari, la cual está muy cerca de cumplir 100 años, es el aplauso artístico y comercial que recibió en el mundo como consecuencia, sin duda, de la inmersión del expresionismo en los escenarios, los cuales dieron paso a la creación por parte de Wiene de una atmósfera terrorífica que hablaba de médiums, obsesiones, figuras de siglos pasados, muerte, autoridades, misticismo y castigo. Cada una de las piezas que conforman la escenografía de la película fueron diseñadas por artistas de la corriente. Hermann Warm, Walter Röhrig y Walter Reimann, pintores y directores de arte, fueron contactados por Wiene para desarrollar los escenarios exagerados y surrealistas, como si fuera una pesadilla, los cuales tienen como primer objetivo sumergir al espectador en la fantasía del protagonista y narrador: Francis, quien como mencionamos, es paciente de un manicomio.

Esta escena permite ver en su totalidad el trabajo de los directores de arte con base en el expresionismo. / British Film Institute

El expresionismo del filme, estilizado con un toque arquitectónico y teatral, sin intenciones, también ayudó a que el cineasta economizara su presupuesto. Esto no quiere decir que el trabajo de Warm, Röhrig y Reimann, incluso el mismo Wiene, haya sido valorado de forma negativa, sino que el estilo y forma ayudaron a prescindir de luz artificial y energía eléctrica, la cual era poca y racionada considerando que en el momento de su producción, 1919, apenas llevaban un año sin guerra.

Como mencionamos, El gabinete del doctor Caligari se volvió un éxito. Los actores de la cinta, Werner Krauss, Conrad Veidt, Friedrich Feher y Lil Dagover, sobre todo los primeros dos que dieron vida a Caligari y Cesare, se convirtieron en estrellas en su país, Europa y a nivel internacional. La aportación más grande de la película, además del principio de una época de oro en el cine alemán, fue el apoyo a directores alemanes y obras que revolucionaron varios aspectos de la producción. Así, llegaron títulos alemanes como Der Golem, wie er in die Welt jam de Paul Wegener, Nosferatu de F. W. Murnau en el 22, la serie Die Nibelungen y Metropolis de Fritz Lang, y la incursión del género de terror y policial en el cine estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial –con casi tres décadas de diferencia– como The Big Sleep, The Maltese Falcon o The Third Man

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