“Nunca segundas partes fueron buenas”, dice un adagio muy choteado pero que en materia cinematográfica casi siempre es acertado, aunque claro, existen excepciones a la regla y sin duda Finding Dory es una de ellas.

En julio de 2003 el estudio Pixar conquistó las taquillas de verano con la película animada Finding Nemo, que relata la búsqueda que Marlín, un pez payaso, emprende para dar con su hijo Nemo que fue capturado por unos buzos. En esta tarea titánica Marlín contará con la compañía y ayuda de Dory, una pez cirujano muy optimista que padece pérdida de memoria a corto plazo.

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Aquella película se volvió una de las favoritas del público de todas las edades y muchos la consideraron una de las mejor logradas por Pixar, tanto que por años se descartó realizar una secuela porque ‘pa qué arreglar lo que funciona bien’. Sin embargo, para el 2013 se anunció que habría una segunda parte, algo que fue recibido con escepticismo por quienes consideran a Buscando a Nemo como casi perfecta . Para calmar las aguas el estudio aclaró que esta nueva entrega giraría alrededor de Dory. Aún así las dudas persistieron.

Tres años después llegó a los cines Finding Dory. Por alguna razón que sólo Disney sabe, en México el estreno ocurrió varias semanas después que en el resto del mundo,  algo que nos permitió ir midiendo la recepción que la película iba teniendo en otros países. El veredicto fue unánime y abrumador: a donde Finding Dory llegaba obtenía altas calificaciones por parte de la crítica y registraba números más que positivos en la taquilla.

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Aún con estos antecedentes confieso que acudí al cine con ciertas reservas de lo que vería. Dos horas después, cuando salí de la función de prensa alguien me preguntó qué me había parecido esta película, mi respuesta inmediata fue: Va a ser un trancazo.

Y es que Finding Dory es todo lo que dicen, y un poco más. No sólo es tierna y divertida, sino que en mi opinión supera a Finding Nemo. La historia se ubica un año después de los hechos ocurridos en la primer película, cuando Dory comienza a tener flashazos aislados sobre su pasado. En uno de ellos recuerda a sus padres, de quienes se separó cuando era pequeña. Al enterarse que tiene una familia decide ir en su búsqueda a pesar de  no tener grandes pistas sobre su paradero. Por supuesto, Marlín y Nemo deciden acompañarla en esta odisea, aunque el primero no se encuentre muy convencido del éxito de esta misión.

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Y ya, no te contaremos más porque es preferible que vayas descubriendo cómo la trama se va enredando y la manera en la que nuevos y viejos personajes van apareciendo para enriquecer la historia. Así conocemos a Hank, un pulpo malhumorado; a Destiny, una tiburón ballena un tanto cegatona; a Bailey, una peculiar ballena Beluga; o a Rudder y Fluke, dos despreocupados leones marinos.

Como suele ocurrir en las películas de Pixar hay momentos muy conmovedores, de hecho, fiel a la costumbre de estos estudios los primeros minutos de Finding Dory harán que varios derramen una que otra lagrimilla.

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Pero tampoco crea que Finding Dory es una oda a la cursilería, al contrario, es muy divertida, tiene momentos en los que es difícil no reírse y es una de las películas con más acción de Pixar, con un ritmo vertiginoso que se mantiene a lo largo de la película. Lo anterior puede sonar muy fácil, pero lograr que una cinta animada vaya en continuo ascenso y mantenga la atención tanto de niños como de adultos no es tan sencillo. Además, resulta interesante ver cómo cada personaje va madurando e incluso se confrontan entre ellos y sus creencias.

Finding Dory no sólo apela a la nostalgia de toda una generación que diez años después regresa a las salas de cine para recordar tiempos pasados, también conecta con las nuevas generaciones, quienes desde los primeros instantes entran en este maravilloso universo. Visualmente Finding Dory es una belleza, aunque esto ya no es noticia pues Pixar siempre maneja una manufactura impecable en sus películas.

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Finding Dory es la clase de secuela que siempre queremos ver. Diferente pero a la vez perfectamente entrelazada con su antecesora. No importa que entre una y otra hayan pasado 13 años, al estar sentados en la sala de cine sentirán que el tiempo no pasó.

“Nunca segundas partes fueron mejores”, a menos claro, que hablemos sobre una película protagonizada por una carismática pez olvidadiza a quien lo previamente establecido le da igual pues sólo se preocupa por disfrutar del presente.

TIP: Al terminar la película no salgan de la sala, hay una escena post créditos que les resultará divertida si vieron la primera parte.

Por @gabrielrevelo

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