Hay demasiadas conversaciones dentro de Noche de fuego de Tatiana Huezo. AQUÍ el primer tráiler. Son muchas, todas necesarias. Pero hay tiempo. Si permitimos que la violencia creciera al grado en el que las niñas de las comunidades más remotas se vieran obligadas a cavar hoyos en la tierra para esconderse de la muerte, entonces hay tiempo para conversar sobre el tema y todo lo que eso implica.

La película, la cual triunfó en el pasado Festival de Cannes como el primer largometraje de ficción de Huezo, es una adaptación de la novela Prayers for the Stolen de Jennifer Clement que pone al centro de su historia a tres niñas que habitan la sierra de Guerrero en una comunidad donde casi no hay hombres.

Los personajes de Paula, Ana y María en ‘Noche de fuego’ / Foto: Cortesía Netflix

Noche de fuego

Padres ausentes, hombres levantados y asesinados por la presencia de un cártel que paga 300 pesos la jornada a quien recoja la goma de amapola en los campos. Sin saber que les pagan aún más a los pilotos que en lugar de rociar veneno en los plantíos ilegales, lo avientan en el pueblo. Las ironías de una historia que es real: el refugio es el lugar donde está el peligro. En este caso, un campo de amapola o formando parte de las filas del cártel.

Y aunque algunas mujeres se suben a la punta de la sierra para conseguir señal y hablarles a sus maridos, hijos, hermanos, los hombres representan el peor peligro para ellas y sus hijas. Rita vive con su hija Ana, quien tiene dos mejores amigas, María y Paula. Las tres ya cavaron un hoyo en el patio trasero de su casa porque saben que un día, llegarán a buscarlas para explotarlas, torturarlas y asesinarlas como a tantas otras.

El personaje de Ana de niña en ‘Noche de fuego’. / Foto: The Match Factory

Cavar el hoyo es sólo una parte del entrenamiento. También les cortan el cabello para que pasen por niños a la distancia, les prohiben pintarse los labios, las uñas, explorar esa feminidad de cuando una niña ve a su madre arreglarse. Pero en Noche de fuego ser niña y mujer, sin importar nada, es una invitación a la muerte. 

Ana y sus mejores amigas pasan de ser niñas a adolescentes, y eso sólo significa una cosa, y es que el peligro está cada vez más cerca, y que el hoyo en la tierra debe ser más grande y profundo.

Entrevista con Tatiana Huezo y el elenco

La película de Tatiana Huezo, producida por Nicolás Celis, es un invitación a reconocer la realidad de la violencia contra las mujeres en circunstancias más vulnerables a partir de la pobreza, el aislamiento y factores que están fuera de su control: su cuerpo cada vez más femenino, la belleza, la geografía, el clima. Todo juega en su contra. 

Así que cuando tuvimos la oportunidad de platicar con Huezo (platicamos con ella antes de su llegada a Cannes, AQUÍ les dejamos la entrevista) y con Celis y las protagonistas Marya Membreño y Mayra Batalla, les preguntamos sobre la lectura completa del filme y cómo esta se va conformando de pequeñas interpretaciones que son tan emocionales como reales, y por eso mismo, aterradoras. 

Tatiana Huezo, directora de ‘Noche de fuego’. / Foto: Cortesía Calouma

La violencia queda implícita

El tema de la violencia en las ficciones llega a ser un tanto redundante. En Noche de fuego, la violencia en distintas de sus expresiones, está implícita, por lo tanto, no es necesario presentarla de manera gráfica, ni siquiera simbólica o metafórica. 

Sabemos que hay momentos que aunque no vemos, suceden y están ahí. Eso permite que las y los espectadores, asuman lo que sucede. ¿Cómo hacerlo? Simplemente lo sabemos porque estamos inundados de noticias consecuencia de la violencia. Migración, cárteles, y violencia contra las mujeres, la violencia feminicida. 

Huezo tuvo un cuidado muy atinado en no abrumarnos con esto, y no sólo en la parte visual, sino también en los diálogos. Les va un ejemplo. Rita le dice a Ana “Tú sabes lo que les hacen, y así, no es necesario describirlo ni volver a hablar explícitamente de las atrocidades porque sabemos lo que les hacen. 

Tatiana Huezo:Aposté en esta película, y ya vengo apostando con esto desde ‘Tempestad’, a no mostrar la violencia explícita, a no ser gráfica, a no representar la violencia y manchar de sangre el lente. Me parece que estamos muy desgastados, inmunizados. Y siento que la gran tragedia de este país es que nos hemos vuelto un poco insensibles para poder también continuar con nuestra vida.

No vemos de frente lo que pasa y este desgaste viene también del consumo tan grande de violencia que tenemos todos los días en los medios, en los diarios, en la televisión. Entonces, siento que nos ha desgastado la mirada, que nos ha alejado del problema, que nos ha inmunizado e insensibilizado. Por lo que mi apuesta se va a construir ese monstruo que late, que está ahí, que amenaza el mundo de las niñas –en este caso de la película– pero no lo vemos.

Lo sentimos de una forma muy sensorial, muy subjetiva. Lo sentimos a través de los ojos de las niñas, del miedo que ellas sienten. La idea era caminar en los zapatos de estos personajes y sentir este monstruo latente y esta amenaza viviendo en su piel.

También el cine que a mí me gusta, es el que deja un espacio abierto para que el espectador pueda completar y terminar de construir con sus propias emociones y sus propios monstruos, esta violencia. Eso es más poderoso que mostrarlo todo y que decir: estos son los buenos, estos son los malos, esto es de este color y nada más, esta es la cara del monstruo.

Es muy compleja la cara del monstruo y es más poderoso que cada quien acuda emocionalmente desde otro lado. 

Imagen de ‘Noche de fuego’ de Tatiana Huezo. / Foto: The Match Factory

Todos estamos en el mismo barco

Ponernos en los zapatos de los personajes, en este caso, el de tres niñas/adolescentes. Pero también en Noche de fuego se reconoce que es un problema más grande que si bien apunta de una manera aterradora y fatídica contra las mujeres y niñas, tiene un alcance mayor.

En la cinta hay una escena en particular donde algunas mujeres del pueblo están en la estética (uno de los pocos lugares seguros en el pueblo), y mientras los médicos custodiados por el ejército atienden a algunos habitantes, llega un comando armado a lanzar balas al aire y mostrar su poderíoEl ejército se pone en guardia, pero saben que no se trata de un ataque. Un soldado se queda boca abajo en el piso, asustado detrás de una llanta, con miedo.

Es una escena que acompaña la historia, pero es importante y tiene un significado mayor: todos tenemos miedo sin importar si portamos un arma o no. La situación es más compleja de lo que creemos, es más grande y un soldado que apenas es un niño, tampoco entiende el porqué.

Nicolás Celis: Totalmente. A mí me parece que ‘Noche de fuego’ tiene muchos momentos que son muy complejos, pero eso hace que conectemos como espectador porque como decía Tatiana, no es blanco y negro, y la violencia, lo que vivimos como sociedad, como país, tiene mucho que ver con temas que no es de buenos y malos.

Habla de, por ejemplo y con esta escena que describes, de un lugar que está remoto, que está alejado y donde los médicos sólo vienen por temporadas a atender a los niños. Y tienen que venir con un convoy militar protegiéndolos porque saben que hay riesgo de estar en esa zona.

Las niñas y las mujeres pueden ir a este único refugio que es el salón de belleza donde pueden ser libremente mujeres, donde se les permite, y justo eso, vemos de refilón esta pasada de un convoy de un nuevo cártel y solamente vemos la fuerza de lo que eso implica, que por más que esté el ejército ahí, pues también se vale tener miedo, se vale. Uno no sabe cómo responde ante el peligro.

Eso es algo que tiene ‘Noche de fuego’. No crea una fantasía de dónde vivimos, no queremos contar una historia de hadas en medio de este remolino, pero que no por eso deja de ser real, deja de tener capas, pues de estas comunidades que todos conocemos y han sido desplazadas.

También te cambia la perspectiva, por ejemplo, del mundo migrante, me parece importante de ver por qué la gente se tiene que ir, por qué se desplaza y no es solamente porque se reduzca a razones como se ha visto.

Es realmente estar en un lugar que es complejo, que es tu casa, que es donde creciste, donde está tu familia, tus amigos, que le tienes mucho cariño con toda la complejidad que tiene. Donde de cierta forma para sobrevivir, eres parte a veces del problema y creo que en esos detallitos, ‘Noche de fuego’ brilla mucho.

Imagen de ‘Noche de fuego’ / Foto: Pimienta Films

Tatiana: Me gusta mucho lo que dice Nico. Creo que la película está llena de pequeños detalles que suman y que de una forma muy sutil construyen muchas capas y muchas lecturas que tiene la película.

Me gusta mucho que te hayas fijado en este soldado… Está muy disimulado y está muy atrás, pero para mí era muy importante que se quedara en el suelo y hay una voz que le dice “¡Levántate, soldado!”. Él es un muchacho, es un niño casi de la edad de Ana, un adolescente. De hecho intento que las miradas se conecten en algún momento.

Pienso que hay mucha gente jóven, de los pueblos, de las comunidades de este país, que son parte del ejército. Hay muchos jóvenes en este país que la oportunidad que tienen para estudiar o para adelante, es integrarse a las filas del ejército y esa gente pues está también ahí al frente y es carne de cañón de alguna manera también.

Es un jóven soldado que tiene miedo igual que Ana. Entonces es un detalle que demuestra lo compleja que es la realidad, y que la vuelve más cercana y menos cliché. Eso era muy importante.

El personaje de Ana en ‘Noche de fuego’. / Foto: The Match Factory

Lo que le pasa a una, le pasa a todas

Las protagonistas, siendo niñas y siendo adolescentes, juegan a que se pueden leer la mente. Se abrazan e intentan adivinar que está pensando una. Eso es muy simbólico en muchos sentidos. Podría referirse a la complicidad que hay entre ellas, la complicidad que hay entre mujeres: lo que le pasa a una le pasa a todas. E una lectura fuerte y muy emocional porque a la vez, también implica una ruptura cuando no pueden adivinar la tragedia. 

Tatiana: Qué te puedo decir, qué padre lectura. Muchas gracias por tus palabras. Realmente para mí era muy importante generar una unión más allá de lo físico. Que fueran una sola. Que el amor que comparten a lo largo de los años en su montaña, fuera algo que se quedara dentro para siempre.

Creo que hay pocas cosas que nos quedan para siempre desde la infancia, y son mucho esos cariños, esas amistades. Entonces sí era muy importante volverlas una sola, hacer que una entrara en la mente de la otra y que desde ahí, y desde el corazón, se buscaran. Desde las almas se buscaran, se acariciaran, se abrazaran. Creo que es un gesto de resistencia, de esperanza, sororidad, abrazarnos. 

Marya Membreño: Creo que sí es más el acercamiento que hay entre las mujeres. Igualmente en la película, se creó este vínculo al grado que lo que le pasa a una, las demás lo resienten como si les hubiera pasado a ellas. Porque a final de cuentas, no sabes si esa persona va a regresar.

Entonces es como si tu hermana se hubiera ido o se hubiera muerto, que pues es una realidad que no quieres ver pero ahí está. Fue muy fuerte que me llegara este mensaje. Porque como como tú dices, ellas juegan al principio, pero después se convierte en algo diferente. 

Imagen de ‘Noche de fuego’ de Tatiana Huezo, su primera ficción que llegó a Cannes. / Foto: IMCINE

Un lugar de padres ausentes

La base de Noche de fuego está en la relación de Ana y Rita, su madre. Es muy complicada en términos simples, y es sumamente doloroso ver esta distancia que Rita pone con su hija, que al mismo tiempo funciona como un mecanismo de defensa para protegerla de todos los horrores que, está segura, su hija va a presenciar.

En algún momento del filme, en una de sus partes más “suaves”, Rita jeuga con Ana a identificar sonidos. Qué es eso y de dónde viene. Y lo que parece un juego para matar el tiempo, en realidad es una manera de enseñarle a protegerse. Es decir, Ana debe aprender a detectar el sonido de una camioneta acercándose, de un balazo, de una explosión. El sonido del peligro. Y al mismo tiempo, en la película vamos reconociendo esta vulnerabilidad en Rita, una madre que sola se enfrenta al peligro de ser mujer y tener una hija. 

Mayra Batalla: De entrada diría que Tatiana me regaló a un personaje sumamente complejo, con muchas capas. Para mí, Rita representa ese mundo adulto, sin esperanza, o mejor dicho que espera lo peor. Por otro lado, me parece también una estratega: las mujeres que son madres, que somos madres, no puedemos esconderle ese mundo a nuestras hijas. No sólo no puedes escondérselo, ¡tienes la responsabilidad de prepararlas para ello!

Y eso hace Rita con sus herramientas básicas, porque también habla de lo que es el amor entendido de una manera muy dolorosa. La quiere pero tiene que poner esta distancia porque si entonces se deja ir por la preocupación y amor, ella se debilita y por lo tanto, su hija se vuelve vulnerable ante los ojos de los hombres. 

También juega este papel ‘masculino’ de lo que es proteger, y viene de haber aprendido, observado lo que significa, que es muy complejo. Es una protección que pasa por encima de ella, de lo que quiere Ana. 

Mayra Batalla y Marya Membreño en ‘Noche de fuego’ / Foto: Pimienta Films

Las infancias y feminidades perdidas

La edad juega una parte importante en la película, porque vemos este paso de la niñez a la adolescencia en el personaje de Ana, María y Paula. Y quizá algo que podría parecer el menor de todos los males, es que ellas pierden la oportunidad de descubrir su propia feminidad. Pensando en eso, la estética se convierte en el único lugar donde hay cierta seguridad no sólo física –porque es una zona protegida–, sino como mujeres. Por ejemplo, ahí Ana se puede pintar las uñas, afuera no. 

Marya: Viéndolo desde el punto de Ana, es descubrir algo nuevo, algo que no puede hacer, como tú dices. Cuando Ana está chiquita que juegan con el betabel (para pintarse la boca).Ana no sólo no se puede pintar la boca por miedo a salir y que vean que es diferente, que no es un niño; sino comprender que es este amor que le tiene Rita por el que le enseña todo esto y por eso no la deja pintarse.

Creo que Ana ya grande, ve otro punto de vista en el pueblo como de ‘Tal vez puede pasar o no importa’.O cuando se va, por ejemplo, al jaripeo que se va un poquito más arreglada, sin tanto miedo a esto. Igual Rita, como que cambia su perspectiva de Ana chiquita y de Ana grande.

Creo que Ana chiquita tiene esta inseguridad tanto en su casa como afuera, y Ana grande ya es un poquito más consciente de lo que está pasando y es más como de, ‘Ok, sí me puedo pintar las uñas aquí, enfrente de mi mamá, pero no en mi casa’. 

Mayra: Quisiera yo meterme un poco en esta pregunta porque me parece, como bien dices, muy simbólica. Finalmente las mujeres vamos construyendo nuestros espacios de seguridad, en el que las amigas se vuelven tu espacio seguro; las conversaciones con tu madre, con tus abuelas. Dentro de toda esta cosa terrible, están los espacios en los que puedes desarrollarte. Ese espacio para la alegría, para la risa, para divertirte. 

Imagen de ‘Noches de fuego’ de Tatiana Huezo. / Foto: The Match Factory

Nuestro privilegio

Como platicábamos, las mujeres construyen y crean estos espacios donde no sólo se comparten historias, miedos. y triunfos. Sin espacios donde también es válido cuestionar las decisiones. Ana cambia la forma de pensar respecto a su papá, un punto determinante para seguir el desarrollo de su personaje, por ejemplo.

Y son justamente estos cambios de perspectiva los que también construyen las conversaciones que nos llevan a este tipo de películas donde se revela una realidad desconocida para muchos y muchas, pero demasiado dolorosa para otras y otros. 

En el último año y medio hemos hablado de “normalidad”, intentado definir lo que es normal pidiendo a gritos que vuelva sin reparar, entonces, que la normalidad de muchas mujeres, de muchas “Anas”, “Marías”, “Paulas”, “Ritas”, sin importar la pandemia, es aterradora. Su normalidad es esconderse, la constante amenaza de desaparecer un día, el robo de tu niñez, la feminidad y de todo.

Y no nos confundamos. La película no aleccionadora ni pretende dar una lección. Pero lo que sí, es que abre una posibilidad para reconocer el privilegio en el que la mayoría de nosotras estamos. 

Mayra: Totalmente, totalmente. Marya también vive en Querétaro en un pueblo, yo soy de Veracruz, al norte de Veracruz, y sé lo que… Experimenté la transición de venir de un pueblo a la ciudad y los privilegios que fui ganando.

Tampoco quisiera caer en esta cosa de, ‘El que es privilegiado tiene la obligación de sacar adelante’, porque honestamente creo que son batallas personales. Pero sí es importante reconocer ese privilegio y entender que no todo mundo lo tiene, y por lo menos tener la apertura a ser empático con esas otras batallas están luchando y tú no.  

¡’Noche de Fuego” de Tatiana Huezo llegará al catálogo de Netflix!

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En 2017 entré a Sopitas.com donde soy Coordinadora de SopitasFM. Escribo de música y me toca ir a conciertos y festivales. Pero lo que más me gusta es hablar y recomendar series y películas de todos...

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