Las mentes maestras siempre se han destacado por ser incomprendidas. Tal es el caso de Jamaica Kincaid, quien desde pequeña mostró inquietud por aprender más, por marcar la diferencia y sus ganas por comerse al mundo, lo que fue interpretado como insolencia y rebeldía. Le enseñaron a leer para que no molestara a los demás, la enviaron a Estados Unidos como sirvienta, para que ayudara con sus gastos. Salió adelante pero, la crítica la devoró por escribir sobre ella y sus anécdotas familiares.  Pero hoy, a sus 73 años, se convirtió en tres veces candidata al Premio Nobel de Literatura incluyendo la edición del  2020.

Nacida en la isla de Antigua, al noroeste de Puerto Rico, fue la hija primogénita del matrimonio Kincaid. Como suele suceder, sus padres experimentaron la paternidad y el arte de la crianza con Jamaica, lo que no les fue fácil. Al cumplir los tres años, Jamaica quería descubrir el mundo, inquieta, se la pasaba preguntando por qué y para qué, saltando de un lado al otro, sin tener una respuesta que la satisficiera. Así que su mamá optó por enseñarle a leer, argumentando que en los libros encontraría todo lo que ella estaba buscando.

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La lectura se convirtió en el mejor ‘estate-quieto’ para la mamá de Kincaid, la hizo leer pilas de libros enteros, pero no tardó mucho en notar que los libros también eran el mejor refugio para su hija. De cierta manera, le recordaba a ella misma, supo entonces  que esa rebeldía la traía en las venas, la misma insumisión que la hizo dejar su familia en República Dominicana y mudarse al archipiélago del Caribe en cuanto supo que estaba embarazada.

Convertir desafíos en oportunidades

Kincaid, pudo ingresar a la escuela con menor edad de la requerida, gracias a su pasión por la lectura, quedando inmediatamente flechada al conocer el alfabeto y las consonantes.  Aunque,  en realidad, recuerda sus años escolares como una completa y total pesadilla, sufrió bullying por pensar diferente, sin muchos amigos, siguió siendo segregada por todo su entorno.

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El país insular rodeado por la Barrera de Arrecife de Coral es rico en naturaleza, sin embargo, no sucede lo mismo con la economía, así que al cumplir 17 años, su familia con los gastos hasta el cuello, no podía seguir cubriendo sus gastos, así que la enviaron de sirvienta a Estados Unidos.

“Mi familia tenía más hijos que los que podía mantener y, como solía suceder, se sacrificaba al más grande para compensar los errores que otros cometieron. Sentí gran amargura por eso”, narró la escritora al ‘Clarín’.  Por fortuna,  la familia con la que llegó necesitaba más una niñera que alguien que hiciera los quehaceres domésticos. A pesar de que no cubría los requisitos del perfil deseado, la simpatía de Jamaica Kincaid, convenció a los dueños de la casa, quienes por si fuera poco,  contaban con una biblioteca enorme.

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Nunca había leído literatura seria del siglo XX hasta que estuve en esa casa. La mujer necesitaba alguien que supiera nadar y manejar un auto, yo no sabía nada de eso, pero me contrató igual porque dijo que iba a ser una buena influencia para sus hijos. No sé si lo fui. Cuando la pareja salía, nos poníamos a bailar. Un día, un vecino se lo contó”, recuerda la autora.

Primeras líneas

No había duda, las letras eran lo suyo. Pero en lugar de sentarse a llorar por lo cruel que había sudo su vida, optó por despedirse de aquella chica de Antigua y comenzar a forjarse un nuevo destino. Con un poco más de experiencia en la década de los 70’s se postuló para un empleo de recepcionista en la agencia de fotografía ‘Magnum’.

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“No entendía bien la situación racial, así que apliqué al trabajo y no sé cómo me lo dieron. Era recepcionista y solía ir al archivo a mirar fotos de Cartier Bresson y Robert Capa  Fue sorprendente que contrataran a una joven negra de 21 años. En Estados Unidos, son muy hostiles con personas como yo”, explicó Jamaica Kincaid.

Aunque la fotografía le gustaba, lo que realmente le apasionaba eran las letras, trabajando primero para el diario “The Village Voice” y después teniendo un espacio permanente en el periódico “The New Yorker”, donde supo que no se había equivocado. Su cuento titulado “Niña En el Fondo del Río” pronto se consideró  un clásico de la literatura. Aunque no todo era color de rosa, el editor William Shown, le pedía ceder sus artículos al diario y lo único que obtuvo, fue una boda con su hijo, dándole dos nietos y poco después se separó.

En primera persona

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En el artículo ‘Girl inthe Deepest of the River’, escribió sobre la vida de una chica que está por convertirse en mujer y las responsabilidades heredadas. Ese, fue solo el principio que le ha animado a escribir más de 34 títulos. En “Autobiografía sobre mi madre”, describió  toda la admiración que sentía por la mujer que la inicio en el mundo de las letras, lo que la llevó a ser candidata del Premio Nobel por primera vez en 1996, repitiendo la hazaña al año siguiente, con la publicación de “Mi Hermano”, dedicado a su hermano menor quien murió de VIH.

Con el tiempo y como la mayoría de los escritores, Jamaica Kincaid desarrolló un estilo propio, había encontrado el tema que le apasionaba y que le impedía guardárselo en las venas, tenía que publicarlo. Igual no ganó el Nobel, pero sí un puñado de enemigos cargados de crítica, envidias y la desigualdad de género.

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Me acusan de ser autobiográfica, de escribir sobre mi vida, como si eso fuera un delito. John Updike escribe sobre su vida todo el tiempo y nadie acusa a los hombres de ser autobiográficos, más que compasivamente. Hay una profesora que hizo carrera escribiendo sobre mis libros y los llama ‘literatura del trauma’. Creo que hay cierto racismo allí”.

Hasta hace poco, la escritora llevaba una vida tranquila como miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y Letras desde el 2004 y profesora de Estudios Africanos en la Universidad de Harvard, hasta que en septiembre de este año, su nombre saltó entre las posibles ganadoras del Premio Nobel de Literatura del 2020, el jurado, hablaba de su estupenda trayectoria, la narrativa, así como su extraordinaria compilación. No obstante, el veredicto final favoreció a Louise Glück.

Quizá Jamaica Kincaid, nunca se lleve el Nobel. Pero, no podemos negar que su historia es igual de fascinante que sus obras, un ejemplo de empoderamiento femenino incorruptible, haciendo frente a sus propios sueños y una autora obligada en áreas de literatura contemporánea, al menos eso es lo que respaldan sus múltiples reconocimientos incluyendo el ‘Premio Femina Extranjero’ en 2000 y el ‘Dan David Prize’ en 2017. Sin dejar de mencionar que es una mujer extraordinaria, de esas personas que mueres por conocer.

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