Comenzaré con un spoiler (pero solo uno) de Star Wars: The Last Jedi; y ese es la frase que Kylo Ren le dice a Rey: “Deja el pasado atrás. Mátalo si es necesario. Esa es la única forma de convertirte en lo que estás destinada a ser”. Bueno, creo que con esto no he dicho mucho, pero sí el contexto de esta historia que después de muchos altibajos y cambio de director, finalmente logró que Rian Johnson encauzara la cinta, tomara piezas de las entregas pasadas de Star Wars, las cortara, destazara, pegara y juntara de una forma extraordinaria.

Para el Episodio VIII, Johnson demuestra que es fan no solo de la saga, sino que quiso empezar esta versión de la nada. Desde las cenizas. No le importó retomar el trabajo anterior de George Lucas, creó algo distinto con su sello en todas partes. Sin embargo, si prestas atención durante las 2 horas y media de la película, sentirás un déjà vu. Pero hey, no un déjà vu cualquiera. Aquí tendrás una versión más hilarante, todas las historias, todas las teorías que leíste en internet sobre la reacción de Luke Skywalker (Mark Hamill) ante su sable de láser cuando Rey (Daisy Ridley) se lo entrega, se verá trastocada en una serie de reacciones e interacciones entre ellos que no, no te esperabas. Nadie se esperaba esto. Nadie se esperaba que en los tráilers promocionales Luke dijera con toda certeza que “los Jedi deben de terminar”. ¿Quién dice eso? ¿Cómo el Jedi más legendario de la historia se atreve a decir que su linaje debe concluir?

Bueno, en The Last Jedi tendrás las respuestas que necesitas. Entre más veas la transformación de Rey, cómo llega a una tierra sagrada, mueve las piedras e incluso se sumerge en el Lado Oscuro de la Fuerza (aquí es cuando Luke dice: “Había visto esta Fuerza poderosa antes y no me había asustado, pero ahora sí”), más entenderás sus motivos. De ti depende si estás de su lado o no.

Retomo los tráilers porque aunque muchos dicen que no muestran nada, en realidad sí lo hacen. Y mucho. La diferencia es que en la película completa tienes todo el panorama y unes las piezas. En otro clip previo al estreno, aparece una especie de interacción entre Kylo Ren (Adam Driver) y Rey — aquí vuelvo al punto del principio cuando él le dice que debe de dejar su pasado atrás—. Ellos son la nueva generación, el bien y el mal, todo vuelve a donde comenzó. Ahora no hay un Palpatine, pero sí hay un Líder Supremo Snoke que (aparentemente) conoce todo, sabe lo que está a punto de pasar e incluso de una forma un tanto presuntuosa pero correcta dice: “La Oscuridad asciende, y la Luz la encontrará”. 

También hay un General de la Primera Orden mucho más sumergido en su personaje; el General Hux (Domhnall Gleeson), con un toque gracioso e incluso patético, explica conforme la historia por qué es así, por qué es un ser maquiavélicamente oscuro. Además, Johnson le da un toque extra a este rol al añadirle un enfrentamiento con el mismísimo Poe Dameron (Oscar Isaac), quien demostró que su valentía es el ingrediente ideal para pertenecer a la Resistencia. Esta es la nueva oleada, por eso tampoco hay que olvidarnos de Finn (John Boyega), un stormtrooper que decidió dejar el Lado Oscuro y unirse a las tropas de la princesa Leia.

Desde The Force Awakens, el personaje de Finn fue estratégico pero un tanto soso. Era el típico enamorado de la chica que solo quiere ser su amiga y que para colmo tiene problemas existenciales. No obstante, en The Last Jedi vuelve a ser una de las piezas clave pero no más que su nueva partner in crime, Rose Tico, quien de alguna u otra forma, retoma temas que todas las películas de Star Wars mencionan pero muy someramente: la esclavitud y tráfico de niños. No adentraré mucho en este tema, pero era importante traerlo a colación. También menciono el hecho de que en su búsqueda por ayudar a la Resistencia, ambos se encuentran con DJ (Benicio del Toro). Una persona sin escrúpulos y que busca su propia conveniencia pero, ¿qué acaso no es lo que hacemos/somos todos hoy?

Entre las incógnitas que son resueltas y que en entrevistas anteriores Rian había confirmado están: sí, Rey finalmente conoce sus orígenes, sabe quiénes son sus padres; no, Leia sigue viva y más líder que nunca. Especialmente cuando pone en su lugar a sus subordinados con frases como (y la dejaré en inglés porque se entiende mucho mejor): “Get your head out of your cockpit” (Saca tu cabeza de tu cabina de mando). Aquí nuestra querida Carrie Fisher —a quien está dedicada la película— es mucho más estratega; es mucho más fuerte y comprende que su hijo, Ben Solo, ya no es ese fruto de su amor con Han Solo al que tanto amó. Mark Hamill por otra parte y a pesar de su reticencia a las transformaciones de su personaje como Luke Skywalker, logra hacer la mejor interpretación del mismo.

Tanto Leia como Luke son lo último de esa generación de guerreros que marcaron a generaciones antes de nosotros y a nosotros mismos. Rian Johnson se encarga en la segunda parte de esta trilogía de darles un cierre y abrir nuevas puertas. No los mata, no, pero sí los deja en el pasado. Crea nuevas historias, nuevas problemáticas, nuevos mundos como el bello casino tipo Monte Carlo de Canto Bight. Trae seres fantásticos como los Porgs, las Caretakers, los zorros de cristal, los mamíferos acuáticos gigantes con grandes pezones y a nuestros ya conocidos Chewbacca, R2-D2, C-3PO y de The Force Awakens, a BB-8. También tiene como valor agregado los efectos, las batallas en el espacio É-P-I-C-A-S, los giros de tuerca que no te esperas, la tecnología, la ambientación y sobre todo, la muerte del pasado y la incógnita del futuro.

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