¿Qué hacer cuando uno está perdido? Ese es el discurso que se maneja desde un principio en Toy Story 4, una cinta que desde que se anunció, abrió debate sobre si era realmente necesaria, pues con la tercera película hubo un cierre en todos los sentidos. Sin embargo, a nueve años del estreno de Toy Story 3, Disney y Pixar regresan con una nueva y última entrega que da un cierre no a la narrativa niño-juguete, sino a la del juguete y su propósito en la “vida”. 

Comencemos con decir que Toy Story siempre ha tenido un sentido filosófico que se percibe a través de su personaje principal, el de Woody. Desde hace más de dos décadas, comenzó a mostrar que sus argumentos, más allá de estar diseñados para atraer a niños, en realidad experimentan situaciones que los adultos pueden llegar a comprender mejor. Y es que todos los que crecieron con Woody y Buzz Lightyear, siguieron muy de cerca a estos amigos que hoy se muestran distintos, más humanos, adultos y que crecen de manera paralela a su público.

Con Toy Story 4, Disney finalmente se despide de una trilogía perfecta que pasó a ser saga. Algunos dijeron que esta entrega no estaría a la altura de Toy Story 3 y que incluso su problemática sería similar a la planteada en Toy Story 2 pero, más que ser su igual, es un cierre para uno de sus protagonistas: Woody el vaquero, el juguete leal que jamás abandona a su niño, el amigo fiel.

Foto: Disney

¿De qué trata?

En la tercera película, vimos cómo Woody, de una manera un tanto cruda, se da cuenta de que Andy ya no jugaría con él, que ese niño que tanto lo amó y al que tanto amó, ahora era un hombre dispuesto a tener nuevas aventuras, a descubrir una vida más allá de esas cuatro paredes.

Ahora, en Toy Story 4, la historia es casi un tanto similar y paralela para el vaquero, pues se encuentra en una situación en la que cuestiona su propósito y la dirección que debe tomar como “adulto”. Para este final de la saga, la historia nos presenta un debate sobre el deber ser y el querer ser. El encontrar aquello que estaba perdido.

Bo Peep vuelve a ser la guía de Woody en esta travesía y al final, es el agente de cambio. Foto: Disney

Para plantear todas estas cuestiones llega Forky, una cuchara-tenedor transformado en juguete por Bonnie en un día de preparación para entrar al kinder. Él, de la manera más rápida, pasa a ser el objeto favorito de ella y entre su neurosis y torpeza, se embarca en una discusión existencial sobre su propósito en la vida -ser usado y luego tirado a la basura- y su trascendencia en la misma -no ser un objeto para comer, pero sí un juguete muy amado.

Bo Peep por otra parte, es la encargada de, hasta cierto punto, resolver los planteamientos filosóficos de Forky, que entre todos sus conflictos pone en jaque a Woody.

Lo bueno

Durante la película, nos encontramos con una travesía emocional y geográfica en la que aparecen nuevos juguetes que le dan un toque de frescura y con los cuales es muy fácil encariñarse.

Dos de esos nuevos personajes son Ducky (voz a cargo de Keegan-Michael Key) y Bunny (Jordan Peele), una mancuerna impresionante que hacen de esta entrega la más divertida y cómica de la saga. Estos dos personajes son la gran sorpresa de la película, y aunque tienen unas cuantas apariciones, cada una de ellas vale la pena verla una y otra vez.

También se unen Gabby Gabby y Duke Caboom (Keanu Reeves), cuyas historias, igualmente sirven para esa travesía emocional de Woody, pues presentan un lado más realista de los niños y no el idilio que el vaquero solía tener con Andy.

Ni qué decir de la animación, la cual, a comparación de Toy Story, nos muestra una evolución en cuanto a tecnología y una obsesión por cuidar hasta el más mínimo detalle. ¿A qué nos referimos con esto? A que incluso habrán partes en las que puedas ver el polvo. Toy Story 4 sale del cuarto de Andy y de Bonnie, y presenta a los juguetes en una realidad que sin bien no resulta totalmente desconocida, es abierta y la animación le hace justicia a este cambio. 

Lo “malo”

A pesar de presentar varios arcos de la historia que al final se entrelazan, de tener un buen ritmo e incluir de una manera orgánica a estos nuevos personajes, hay un detalle que posiblemente no a todos convenza Toy Story 4. Y es que durante más de dos décadas, Disney y Pixar se encargaron de construir un lazo entre estos juguetes al punto de convertirlos en una familia.

En esta película veremos muy poco al Señor y la Señora Cara de Papa, Jessie, Tiro al Blanco, Rex, Jam, Slinky y Buzz Lightyear, que de ser el segundo al mando en las cintas anteriores, ahora pasa a ser un juguete que cuestiona su deber ser y liderazgo de una manera banal e incluso tonta.

Foto: Disney

Posiblemente, la decisión de los creadores de pasar a segundo plano a todos estos personajes, haya sido para no tener más de lo mismo y cerrar, precisamente, la historia de Woody. Eso se agradece; sin embargo, para ser la última película de Toy Story, habría servido otorgarles a los personajes un poco más de tiempo juntos para justificar su importancia, la cual vimos en otras tres películas. 

Entonces, aquí se establece la pregunta del millón. Más allá del¿Qué hacer cuando se está perdido?”, es si vale la pena ver la cuarta película de Toy Story. La respuesta, sin siquiera pensarlo, es sí.

Foto: Disney

Sí porque aunque Toy Story 3 fue un final catártico -y de hecho muchos pueden quedarse con ese final si así lo quieren-, Toy Story 4 nos presenta una nueva historia con la cual, como adultos, podemos sentirnos identificados. Es un epílogo que posiblemente se sienta innecesario, pero que de alguna manera y gracias a la genialidad de Disney y Pixar, se siente como algo correcto.


¡Mira por acá al entrevista que le hicimos a las mentes detrás de Toy Story!

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