Lo que necesitas saber:
Desde chavito, Edson ayudaba en el taller familiar entre telas y números estampados, y justo ahí se despertó su amor por el balón.
La historia de Edson Álvarez es la historia de miles de futbolistas que sueñan en las canchas de tierra del Estado de México. Es la prueba de que el talento sin sacrificio no llega a ningún lado, pero que cuando se juntan ambos, hasta un niño rechazado puede convertirse referente de su país y en el orgullo de una ciudad.
El Machín de la colonia San Rafael
Edson Omar Álvarez Velázquez nació el 24 de octubre de 1997 y creció en Tlalnepantla de Baz, específicamente en la colonia San Rafael. Una de las zonas consideradas más conflictivas del Estado de México.
Sus papás, Adriana Velázquez y Evaristo Álvarez, tenían un negocio familiar dedicado a fabricar uniformes de futbol para equipos locales que al día de hoy sigue funcionando. Desde chavito, Edson ayudaba en el taller familiar entre telas y números estampados, y justo ahí se despertó su amor por el balón.
Su papá, Evaristo, había sido futbolista en la Segunda División como defensa central, y su hermano mayor César también había jugado en esas posiciones.
El futbol corría por las venas de la familia. Edson jugaba en el Deportivo Santa Cecilia —también llamado Carlos Hermosillo en su tiempo— entrenaba en una escuelita improvisada del América llamada Aarón Padilla que estaba junto a unas oficinas de CFE y también, en las calles de San Rafael, donde se hizo de ese apodo que lo acompaña hasta hoy: el Machín.
El rechazo que casi le arrebata el sueño
A los 10 años, Edson tuvo su primera oportunidad grande cuando entró a las fuerzas básicas de Pachuca. Sus papás lo dejaron irse a vivir solo a la casa club del equipo, donde entrenaba de lunes a jueves y jugaba los sábados.
El sueño parecía encaminado, pero a los 12 años llegó el golpe más duro después de que los Tuzos le dieran las gracias por chaparrito.
El regreso a Tlalnepantla fue silencioso y doloroso. Su mamá Adriana recuerda que Edson pensó seriamente en dejar el futbol. Lo metieron a terapia psicológica para recuperarse del bajón, lo inscribieron en clases de regularización y hasta tuvo que ir al especialista porque le empezaron a doler las rodillas.
Pasó un año jugando en equipos amateur de Tlalnepantla solo para distraerse, con el sueño aparentemente roto.
El viaje épico de Tlalnepantla a Coapa
En 2014, con 16 años, Edson tuvo una segunda oportunidad gracias a Arturo Carranco, visor que lo había conocido en Pachuca y lo recomendó al América.
Pasó tres meses de pruebas hasta que finalmente lo aceptaron en la Sub-17. Aunque quedarse en el América no le echó la mano a su economía ni a su cuerpo.
El trayecto de Tlalnepantla a Coapa era una verdadera odisea: primero necesitaba un aventón a Tenayuca, luego atravesar la ciudad hasta Taxqueña en transporte público, conectar con la Línea 2 del Metro y finalmente tomar un pesero que lo dejara en las instalaciones del club.
Eran entre dos y tres horas de ida y otras tantas de regreso. Edson gastaba casi el 70% de su salario mensual solo en transporte… Madrugadas eternas, sacrificio puro, pero el “Machín” de Tlalne traía un hambre que no se apagaba con nada.
De la 282 al campeonato azulcrema
En 2016, Ignacio Ambriz le dio sus primeros minutos en Copa MX. Edson portaba el dorsal 282, un número que nadie olvida en Coapa. Luego llegó Ricardo La Volpe, quien lo debutó en Primera División el 29 de octubre de 2016 ante Santos Laguna en el Azteca.
El 16 de diciembre de 2018 llegó su noche de gloria: en la final del Apertura contra Cruz Azul, Edson marcó un doblete que le dio el título 13 al Ame.
Edson Álvarez ya no era solo el orgullo de Tlalnepantla: Su odisea desde Tlalnepantla hasta Coapa había rendido frutos… se convirtió una joya del futbol mexicano.
Regreso triunfal a casa
En mayo de 2025, ya como jugador del West Ham y con una carrera consolidada, “El Machín” regresó a Santa Cecilia para la reinauguración del Deportivo Edson Álvarez.
Los vecinos lo recibieron como héroe. En las calles de San Rafael y de Santa Cecilia, la gente habla de aquel niño que cambió su vida jugando futbol.
Que si sus papás vendieron la casa para apoyar su sueño, que si su hermano jugaba con él en la calle, que si de niño no era tan bueno, que si más de una vez le ganaron…
Al final, todos tienen una anécdota con Edson Álvarez. Algunas más ciertas que otras, pero todas con la misma magia: la de sentir que una estrella salió de ahí, de donde tú también vienes.
Por eso Tlalnepantla presume a Edson como lo que es: un ejemplo de que con sacrificio, resiliencia y hambre de triunfar, no importa la estatura porque todo se puede alcanzar.
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