Kevin Durant tiene la facilidad de enamorar a los aficionados de los equipos en los que juega y a la vez romperles el corazón. En 2016 dejó al Oklahoma Thunder para perseguir un anillo con Golden State. La afición del Thunder no se lo perdonó y pintó la casa en la que vivía, además de los directivos de aquella franquicia cortaron comunicación con el alero.

Después de tres años, Durant partió de Golden State para jugar con los Nets, en Brooklyn, aunque aficionados esperaban que renovara al menos un año más, sin embargo, explicó que se negó a la renovación, ya que en ese periodo no pudo sentirse parte de la familia de los Warriors al ser un jugar ya hecho, a diferencia de elementos que llegaron vía Draft o para buscar una segunda oportunidad en la NBA.

Llegué queriendo ser parte del grupo, de la familia, pero nunca seré uno de ellos. No me eligieron en el Draft allí. Stephen Curry, Klay Thompson y Draymond Green sí lo fueron. Andre Iguodala ganó las primeras Finales… El resto de jugadores rehabilitaron sus carreras allí. ¿Y yo? Mierda, ¿cómo me iban a rehabilitar? ¿Qué me iban a enseñar? ¿Cómo iban a variar mi baloncesto? Yo ya había sido MVP y máximo anotador de la competencia”, dijo el alero.

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Esta teoría ya se había dejado escuchar como un rumor antes de finalizar la temporada, cuando se decía que su futuro estaba con los Knicks.

Durant continúa con la etapa de rehabilitación, luego de romperse el tendón de Aquiles durante las finales de la temporada pasada, ante los Toronto Raptors, peor eso no impidió que dedicara un mensaje a los hombres de pantalón largo, por quienes, asegura, en ocasiones odia la NBA.

Algunos días odio el circo de la NBA. Odio que los jugadores dejen que el negocio de la liga y la fama que viene con el mismo altere su mentalidad respecto al juego. A veces no me gusta estar cerca de los ejecutivos y los políticos que acompañan a esto. Odio eso”.

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