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Nadia Comaneci, Mark Spitz, Jessie Owens, Carl Lewis, Michael Phelps o Usain Bolt.

Los juegos olímpicos son el escenario que ha visto a cientos de atletas cautivar al mundo con sus grandes hazañas, consiguiendo un puesto en la posteridad.

Uno de estos nombres también es el de Marieke Vervorrt, cuya historia puede superar cualquier límite.

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La atleta belga se prepara para competir en las pruebas de velocidad de los Juegos Paralímpicos de Río 2016 que arrancarán el 27 de agosto. Al igual que cientos de deportistas, Vervoort asegura que se ha preparado como nunca para esta competencia.

Sin embargo, el sentido de sus palabras adquiere otra dimensión cuando sabemos que desde hace varios años, Marieke Vervoort ha luchado contra una enfermedad que deteriora todos sus sistemas, sometiéndola a un dolor que muchas veces es insoportable.

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Antes de terminar en una silla de ruedas, Marieke Vervoort era una triatleta de alto rendimiento, que llegó a coronarse como campeona del mundo en dos ocasiones. En 2008 la enfermedad apareció y Marieke siguió haciendo del deporte su modo de vida. En los Olímpicos de Londres se colgó la medalla de oro en los 100 metros, así como dos medallas de plata en las pruebas de 200 y 400 metros.

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Ahora, se prepara para conseguir una presea más en Río, antes de regresar a casa e iniciar los trámites para someterse a la eutanasia pues, según ha dicho, cada vez es más difícil combatir el dolor y la enfermedad.

“El deportes es la única razón para vivir y los Juegos de Río serán mi última competencia”.

La eutanasia se aprobó legalmente en Bélgica en 2002 y para que una persona pueda solicitar este procedimiento debe padecer una enfermedad incurable y demostrar que experimenta sufrimiento físico o psíquico de manera constante e insoportable. Marieke Vervoort cumple ambos requisitos.

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Ha sido el sueño olímpico lo que la ha mantenido viva y si bien su decisión aún no es definitiva, su caso ha reabierto la polémica en torno a la muerte digna.

Por ahora, Marieke sólo quiere centrarse en las competencias de Río, aunque pase lo que pase, su nombre y su historia pasará a la posteridad como otra leyenda Olímpica. Quizá eso sea más grande que una simple medalla.