La muñeca Annabelle de 'Annabelle Comes Home'.

‘Annabelle Comes Home’ no es la más terrorífica, pero sí la mejor de su trilogía

Las propuestas de terror en el cine no han sido muy variadas; por ende, no hay muchos puntos de comparación. El universo de El conjuro, el cual comenzó en 2013 con la primera entrega bajo este mismo nombre, ha construido una franquicia que se puede comparar, desde su nicho, con lo que ha logrado el MCU, Toy Story y hasta Star Wars. No malinterpreten la idea, no se trata del apego de las audiencias hacia las emociones de los personajes principales, sino de la magnitud de su recepción en taquilla y esa aparente necesidad de ver más películas dentro de un mismo universo y bajo una misma línea. 

En otras palabras, quizá más sencillas, el cine independiente no cuenta para estos propósitos. En los últimos años, productoras independientes o de presupuestos relativamente cortos, nos han ofrecidos grandes filmes que se salen tanto de su categoría (son innovadores, pues), que no sirven para un comparativo con el cine de terror comercial: The Witch, Hereditary, It Comes at Night, It Follows, The Babadook

Las seis películas que han salido dentro del universo de El conjuro, se podrían comparar con pocas producciones como It, Pet Sematary, El juego de Gerald, 1922 (en resumidas cuentas, el regreso de Stephen King al cine), por ahí se cuela Halloween y algunas que navegan entre el suspenso y el thriller psicológico, pero que se alejan del punto de partida como Us, Get Out, Suspiria o The Invitation. 

Para cerrar con la introducción, la franquicia de El conjuro se define si se compara consigo misma y entre sus distintos personajes centrales como el matrimonio Warren de las dos entregas de El conjuro, La monja, La Llorona y Annabelle. De todas estas, esta última es la que ha causado más sensación y la que más entregas ha traído.

En 2014 salió la primera película de Annabelle para, en 2017, liberar la precuela Annabelle: Creation sobre los orígenes de esta muñeca maldita. Y ahora, este 2019 se estrena la tercera entrega bajo el nombre de Annabelle Comes Home que si bien responde la audiencia como hasta ahora lo ha hecho, podría haber una cuarta y hasta quinta parte.

Llegó el momento en que Ed y Lorraine Warren junto a su hija Judy de 10 años, se enfrentan al poder de la muñeca. La historia de Annabelle Comes Home comienza cuando los Warren se llevan la muñeca a su casa. Annabelle entra al cuarto de cosas diabólicas y malditas que tienen resguardado, pero como la muñeca tiene la cualidad de atraer espíritus, esta debe ser encerrada en una vitrina bendecida constantemente. Sobre el vidrio, una enorme advertencia de no abrir bajo ninguna circunstancia. 

Todo va marchando bien hasta que los Warren deben salir de casa por una noche, para trabajar en un caso. Judy se queda bajo el cuidado de Mary Ellen, una dulce adolescente que defiende a la niña contra los ataques de sus compañeros de escuela, quienes se burlan de Judy por el trabajo de sus padres quienes han sido acusados de ser unos farsantes. 

Con este en mente, nos presentan a una Judy tímida, casi siempre con la mirada triste, solitaria y, lo más importante, con la misma capacidad de su madre de ver y percibir entidades del más allá, sean buenas o malas. El ritmo de la historia se define con la presencia de Daniela, la amiga de Mary Ellen que decide ir a casa de los Warren a investigar la verdad sobre Ed y Lorraine… y es ella la que desencadena los horribles eventos de Annabelle Comes Home

¿Recuerdan ese enorme letrero de no abrir bajo ninguna circunstancia? Pues bien, la señal es ignorada y Annabelle comienza a hacer de las suyas contra una niña y dos adolescentes encerradas en una casa oscura y con estética de los 70. 

Ruidos extraños, espíritus malditos e historias míticas en las que se involucran perros del infierno y rituales conocidos en épocas pasadas. Todo eso construye la parte de terror de Annabelle Comes Home que funciona bien, demasiado bien para ser justos. No hay complicaciones ni misterios alrededor de la película: Annabelle se dedica a espantar con las mismas herramientas del cine de terror como la oscuridad, los objetos en movimiento, la extraña valentía de los protagonistas para ir a investigar por qué la silla se mueve, los espíritus y hasta los mismos movimientos de cámara

Annabelle Comes Home no se complicada en nada ni se toma muy en serio. Y no sólo es eficaz para asustar a las audiencias, sino también para hacerlas reír con algunos momentos absurdos y con un par de personajes (Mary Ellen y Bob) que le dan cierto encanto juvenil a la cinta. La trama se define de forma sencilla, lenta y obvia, pero es eficaz y lo más cercano a la primera película de El conjuro de 2013, y definitivamente, se perfila como la mejor de su trilogía. No es la más terrorífica, pero sus maneras de sorprender al espectador son suficientes y funcionan dentro de su historia. 

Un punto a considerar de esta nueva película es el uso moderado, sino es que casi nulo, de CGI y otras tecnologías de las que se suele abusar en la actualidad. Una muñeca de porcelana, casi culturalmente hablando, es lo suficientemente aterradora como para otorgarle cualidades que en su producción requieran de trabajos más especializados. Annabelle se sirve por sí misma, quieta y un poco vieja, para contar su historia. Todo lo contrario a Chucky, su comparativo más cercano que rompe la regla de los Warren: los espíritus sólo pueden poseer personas, no objetos. 

Para Annabelle Comes Home, Gary Dauberman compartió el guión y se fue también a la dirección bajo la mirada de James Wan, productor de la franquicia. Es un equipo eficiente, pero es la película la que se aplaude y la que podría mantener las expectativas altas y de mayor calidad para la tercera cinta de El conjuro y la segunda parte de La monja.