El himno nacional de Estados Unidos, el famoso “The Star-Spangled Banner”, es una de las canciones más difíciles de interpretar sin importar si el cantante es profesional. De este modo, si eres una persona con aptitudes normales para el canto (por no decir que no tienes talento), entonces ni siquiera lo intentes porque los resultados serán desastrosos.

Varias celebridades dentro de la industria de la música lo han intentado y han fallado en el intento como Fergie, Christina Aguilera, Roxeanne, Michael Bolton, Cab Calloway, Carl Lewis y muchas más mientras pocos (Whitney Houston) lograron hacerlo de forma memorable.

Pero, ¿por qué es tan difícil de cantar? La razón se encuentra en su estructura musical. Sin meternos en muchos detalles, “The Star-Spangled Banner” tiene registros de 12 notas y hasta dos octavos, cuando el humano promedio cubre un registro de un octavo.

Y no sólo eso, también las palabras que componen la letra de la canción, son complicadas como “o’er”, “gallantly streaming”, “vauntingly swore”, por mencionar algunos. Sin embargo, lo más complicado del himno nacional de Estados Unidos es el significado de lo que se está cantando y sus orígenes.

Francis Scott Key, un comerciante de esclavos y poeta, escribió  “The Star-Spangled Banner” en el siglo XIX, una época oscura en la historia del país norteamericano y el cual, para la época, continuaba sus disputas contra Gran Bretaña por su independencia.

Key, durante un bombardeo en el fuerte McHenry de Maryland por parte de la marina británica, se inspiró para escribir esta poderosa letra que dice, básicamente, que el país sigue en pie con su enorme bandera (literal) ondeando.

Pero hay algo más oscuro y es la reafirmación del sistema esclavista con No refuge could save the hireling and slave”. Y hay más en la historia del origen del himno. En la guerra de 1812 en la que se llevó a cabo el bombardeo en Maryland, las verdaderas víctimas fueron los nativos americanos.

Entonces, ¿cómo un afroamericano, hombre o mujer, puede poner su mano en el corazón y cantar el himno de un país que cimentó su estructura social con base en la esclavitud de su misma comunidad?, ¿cómo puede repetir con orgullo la palabra “esclavo” cuando la historia de su comunidad está llena de injusticia y muerte?

Lo mismo va para las minorías de un país relativamente nuevo que no termina de comprender su cultura, que con dificultad define los elementos más trascendentes de su historia porque se niega a ver que antes de su pasado conocido, hubo otras lenguas y razas.

El futuro de la sociedad estadounidense depende de un hombre que se niega a ver los múltiples pasados de su país y las múltiples realidades que la conforman actualmente. La llegada de Donald Trump al poder desestabilizó la imagen de Estados Unidos en el mundo (¿cómo es posible que la nación más poderosa del mundo haya elegido a un farandulero conservador como presidente?).

Pero en realidad reafirmó uno solo de sus pasados: el de la América de la esclavitud y el racismo, de la intolerancia y el odio. Las elecciones presidenciales de 2016 evidenciaron la existencia fuerte de grupos de odio con ideologías de supresión ligadas al neonazismo y organizaciones retrógradas como el Ku Klux Klan.

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La pregunta es: ¿Acaso los americanos y el mundo no lo sabían desde antes?, ¿no se anticiparon? La primera respuesta podría ser no, pero en realidad es lo contrario. Y el cine es la prueba. Varios títulos, algunos creados desde el siglo XX pero con mayor fuerza a partir del 2000, trajeron a la mesa la conversación sobre el racismo y las injusticias que las comunidades afroamericanas han vivido desde la llegada de esclavos negros al territorio y las consecuencias de la negación ante la situación del pasado.

Una gran cantidad de esas películas son de Spike Lee como Do The Right Thing, Malcolm X, 4 Little Girls y su último largometraje, BlacKkKlansman. Esta última se llevó el aplauso de la crítica en Cannes, repitiendo su éxito en todos los festivales y países donde se ha proyectado.

La razón de su éxito y el gran recibimiento del público no se debe a la figura de Lee como uno de los más grandes directores de la actualidad, sino a la historia y el tiempo en que decidió liberarla.

A dos años del comienzo de la gestión de Trump como presidente en la que se ha dado una oleada de actos de violencia con armas, varios casos de brutalidad policiaca contra la comunidad afroamericana, violaciones a los derechos humanos de migrantes en la frontera y enfrentamientos entre grupos de odio con comunidades, parece ser el momento indicado para BlacKkKlansman y el humor negro con el que se aborda una temática que en la realidad no puede causar gracia.

BlacKkKlansman nos presenta a Ron Stallworth, el primer policía afroamericano de Colorado. Por si esto no fuera único y especial, Stallworth logra infiltrarse a las filas del Ku Klux Klan al dar un discurso telefónico sobre el supremacía blanca y traer de vuelta la América que, dicen, alguna vez fue únicamente blanca.

Cuando David Duke, líder de la secta a nivel nacional le pide que se reúna con miembros del clan, Stallworth le dice a uno de sus compañeros llamado Flip Zimmerman (sí, de ascendencia judía) que debe hacerse pasar por él para llegar a los niveles más altos y terminar con sus planes que van más allá de quema de cruces. Las cosas se complican cuando Stallworth y Zimmerman descubren la planeación de un ataque y, del otro lado, los del Ku Klux Klan descubren que se trata de un infiltrado.

BlacKkKlansman es una película cruel en la medida que Spike Lee juega con la actualidad y las decisiones que su sociedad ha tomado. En una parte, Ron Stallworth incrédulo ante la idea de que su país es la potencia del mundo, dice: Estados Unidos nunca elegirá a un hombre como David Duke” ante la idea “ingenua” de su jefe de decir que el carisma de este hombre podría llevarlo al puesto de poder más alto. En este tipo de detalles radica la crueldad de esta cinta que le dice a su público que está repitiendo los errores del pasado y que las consecuencias cada vez serán peores.

Spike Lee le da a América una película que presenta sus dos caras y su terrible dualidad. Por un lado, el discurso de orgullo al tratarse del país más poderoso y la autoproclamación de ser la policía del mundo, pero que al mismo tiempo se tiene miedo a sí misma.

Si hay una razón de ser de BlacKkKlansman, esta sería los disturbios de Charlottesville, Virginia de 2017 en los que murió Heather Heyer mientras protestaba contra los supremacistas. Los disturbios comenzaron cuando se propuso retirar la estatua del general Robert E. Lee de la ciudad.

Este hombre luchó como parte de los Estados Confederados de América durante la Guerra de Secesión en el siglo XIX. La Confederación, compuesta de estados sureños, estaba a favor de la esclavitud y Robert E. Lee es la representación de la supresión del hombre blanco hacia la raza negra.

Cuando comenzaron los enfrentamientos, violentados en gran parte por parte de los supremacistas, hubo varios heridos y un muerto, Heather Heyer. Lo único que pudo decir Donald Trump ante la situación, fue que la violencia había sido por parte de los dos grupos como si la idea de racismo o el discurso sustentado en el mismo, no fuera una forma de violencia.

Real shit! Primer tráiler de ‘BlaKkKlansman’ de Spike Lee

Sin embargo, ni Spike Lee ni nadie más podía esperar otra cosa. Finalmente, esos supremacistas, esos grupos de odio, son los que pusieron a Trump en la presidencia…

Para cerrar BlacKkKlansman, Lee puso una serie de imágenes de los disturbios de Charlottesville para dejar en claro que esta cinta es más que una simple película. Se trata de un statement político, social, pero sobre todo personal, del rechazo del director hacia la política interior de Trump, pero de una forma inteligente: sin violencia y si esta se manifiesta, siempre será desde la ficción y con el arma más poderosa del hombre en la actualidad ante la crisis: el arte.