Superman es uno de los personajes más icónicos del mundo de los cómics, el cine y la televisión. Se podría decir que una pequeña parte de la cultura pop, está basada en su historia y en el desarrollo de su personaje. Se trata de un hombre con poderes sobrehumanos que llegó a la Tierra y fue adoptado y educado por una familia. Conforme crece, se da cuenta que puede utilizar sus poderes para hacer el bien; sin embargo, la humanidad siente temor de que es un ser invencible.

Alguien incomprendido, atacado de manera injusta y que debe esconder su identidad para intentar tener una vida normal. Sin embargo, lo interesante de su historia como apuntó Quentin Tarantino en Kill Bill Vol. 2 no es su origen, sino el hecho de que su verdadero yo es Superman y su disfraz es Clark Kent. Esto resulta en todo lo contrario a los demás superhéroes como Batman o Spider-Man. Ellos son Peter Parker y Bruce Wayne mientras Superman primero es un héroe y luego un periodista.

El caso de Superman se puede aplicar a los villanos, aquellos individuos llenos de maldad que pretenden conquistar al mundo y cuya voluntad es tan grande, que dejan de lado su realidad cotidiana para dar paso a una inmersión total de su alter ego malvado. Joker es uno de ellos, quien vive como su personaje y olvida su primera identidad. Y así, en esta categoría, encontramos a un nuevo villano. Se trata de Brandon Breyer en Brightburn, un niño de 12 años que comienza a entrar en la adolescencia, es decir, a experimentar ciertos cambios, pero no aquellos que se consideran normales en la pubertad, sino mucho más siniestros.

Brandon es el hijo adoptivo de Tori y Kyle Breyer, una pareja que durante un tiempo intentó tener un bebé, pero desafortunadamente se enfrentaron a la infertilidad. Una noche, un supuesto meteorito cae a la Tierra en medio del bosque que está a un lado de su casa. No era un cuerpo celeste, sino una pequeña nave en la que venía un bebé. Brandon es todo lo que alguna vez soñaron. Un chico sumamente inteligente, tímido, responsable, buen hijo y cuyo interés por la naturaleza lo lleva a descubrir lo que chicos de su edad no saben. Dice Tori, cuando le explica a Brandon su origen, que “alguien los escuchó” y lo enviaron del cielo como un regalo.

Esos cambios en su cuerpo y actitud se relacionan no a la pubertad y la odiosa personalidad de alguien que se descubre como un ser sexual, sino al surgimiento de sus poderes: fuerza superior, visión de rayos X, velocidad y hasta la capacidad de volar. Todos estos son potenciados por una extraña fuerza que proviene de la nave en la que llegó y que le dicta un objetivo: conquistar al mundo, a los humanos y destruir todo lo que le cause dolor o represente un obstáculo, esto sin importar si son personas ajenas o de su familia.

Y así, comienza una pesadilla para la familia Breyer y los habitantes de Brightburn, quienes en un principio no entienden qué sucede con Brandon, con “su bebé”. Vemos Brightburn y no podemos evitar pensar en las enormes similitudes con Superman. Un ser que vino del espacio con capacidades que superan las leyes de la naturaleza en este planeta. Y en realidad, eso no la hace tediosa o predecible, sino interesante, pero falla en un intento de crear un nuevo género fílmico que aprovecha el interés de las audiencias por las historias de superhéroes.

El director de Brightburn, David Yarovesky, pretende convencernos del denominado superhero horror, algo que se encuentra entre la fantasía de un individuo superior al hombre promedio, pero destinado a causar terror y miedo entre la población. En otras palabras, un ser nacido para proteger al mundo, pero que decide tomar el camino contrario a raíz, esta vez, del maltrato que recibe de quienes lo rodean y no son capaces de comprender que es distinto, y no sólo por sus poderes o procedencia, sino su naturaleza tímida y reservada.

Entonces, ¿en qué falla una propuesta como esta? En algo muy simple: si vamos a hablar de un ser despiadado y sumamente poderoso, ¿por qué no hacerlo más trágico, violento y “real”? Brightburn nos presenta escenas que pueden resultar difíciles de ver (la escena del vidrio en el ojo es el mejor ejemplo); sin embargo, son contadas de una forma demasiado sensible para un adolescente que pierde el control de su fuerza y naturaleza.

El desarrollo de la historia, en un principio, logra capturar la atención de una audiencia interesada en la parte contraria de la fórmula de éxito de la industria. La salida de avances previos al estreno del filme, le dieron un giro de interés que bien podría perderse entre lo superficial de la película y lo predecible de la situación. Sin embargo, no podemos negar que la historia, por sí misma, es interesante y pone sobre la mesa una premisa contraria y hasta cierto punto necesaria.

¿Para que exista un héroe es necesario un villano?, ¿qué sucede si las dos partes se encuentran en el mismo personaje y sólo presenciamos una parte de la historia y por primera vez la bondad se refleja en el ser humano?, ¿el hombre sólo puede ser bondadoso frente al miedo de lo desconocido? En caso contrario, Brightburn es un héroe fallido, un personaje trágico que obedece a su naturaleza, la cual para mala suerte del hombre, resulta ser contraria a su concepto de bondad y sobrepasa su debilidad física.

Por último y quizá lo más importante, ¿en quién depositamos nuestras esperanzas con un Brandon Breyer? Los superhéroes, descubrimos ahora con el éxito de Avengers: Endgame, son la representación fantástica de algo que necesitamos en la realidad. Dejan de ser ficticios para convertirse en algo inmediato y en el que el público deposita sus esperanzas y su toma de decisiones… pero también debemos pensar en el caso contrario, y aquí es donde entra Brightburn

La familia Gunn participó en la producción y creación de este nuevo thriller. James Gunn, conocido por ser el genio detrás de Guardianes de la Galaxia, sirvió como productor de Brightburn mientras su hermano y primo, Brian y Mark Gunn, se fueron al guión. Parecía no haber fallas, pero esta cinta sirve como un ensayo y error para una premisa interesante que definitivamente se puede desarrollar de otra manera.