Por Miguel Cane

En los últimos diez años, la promesa que fue Anne Hathaway (Nueva York, 1982) en sus primeras apariciones en cine, más prominentemente al lado de la legendaria Julie Andrews en las dos cintas de la serie El diario de la princesa, se ha convertido en una realidad tangible. No sólo es una actriz versátil — lo mismo se puso al tú por tú con Meryl Streep y Robert DeNiro en las comedias El diablo viste a la moda y Pasante de moda, que destacó como una adicta en La boda de Rachel, de Jonathan Demme, y en la compleja Interestelar de Christopher Nolan— y ganó un Oscar como mejor actriz de reparto por su entregada interpretación de Fantine en la adaptación cinematográfica del famoso musical Los Miserables (de hecho, lo más notable de la que es, por otro lado, una cinta problemática, al punto de que al salir su personaje de pantalla, se cae y ya no se recupera) y fue precisamente ese momento de triunfo el que abrió una especie de cisma en su carrera; en algún momento de 2013, en los medios digitales dedicados al entretenimiento alguien decidió que era “temporada de Anne Hathaway” y una campaña sin fundamento tuvo lugar en la blogósfera y en diversos medios por meses enteros, con encabezados como “¿Por qué el mundo odia a Anne Hathaway?” o colocándola casi a la cabeza de listados de las “celebridades más odiosas” en competencia con figuras como Kim Kardashian o la ya veterana en ese tipo de listas Gwyneth Paltrow.

Esto al principio a la propia Hathaway le pareció una broma mordaz y bastante pesada, que llegó al punto de llevarla a una retirada del social media por una larga temporada y también de los reflectores. En una entrevista reciente con la edición española de Vanity Fair habló al respecto, señalando

Esa época de mi vida me hizo sentir muy incómoda (…) Tuve que plantarme delante de mucha gente y obligarme a sentir algo que no estaba sintiendo. (…) No tuve el valor de decir “no me siento cómoda con esto”. Pero me alegro de que fuera así porque aprendí un montón de esa experiencia. Además, pasado un tiempo te recuperas y sigues adelante.

Lo que hizo en este periodo, fue cerrar filas en torno a su intimidad y se convirtió en madre  e incluso buscó un giro en su propia carrera: su retorno a las pantallas es en una cinta completamente sui generis, dirigida por el español Nacho Vigalondo (Los cronocrímenes), que se estrenó en el Festival de Toronto con una acogida asombrosa: Colossal — de la que es también productora—, estrenada en México como Ella es un monstruo, es difícil de categorizar.

Todos tenemos un monstruo adentro: Anne Hathaway en voz propia

Acerca de la elección de su personaje, Anne señala que no es novedad que le atraigan los personajes con matices oscuros

me siento mucho más atraída por ellos que por los personajes alegres o resueltos. Me gusta cuando las películas te dan la oportunidad de analizar a personas que han sido juzgadas por una sociedad que las rechaza. Como actriz es fascinante explorar las entretelas de esos personajes y mostrar su lado humano porque, cuando los veo, pienso que podrían ser cualquier persona, y tienen una profunda necesidad de ser queridos. Cuando Nacho y yo comenzamos a hablar acerca de los verdaderos temas de la película, esto fue algo en lo que estuvimos de acuerdo. Gloria parece destinada a perder, pero, ¿por qué? ¿Por qué tiene estas relaciones tóxicas en su vida?

Quizá es que Gloria desea es ser rescatada por los que la rodean, aunque no sea una situación ideal.

Creo que sí, en cierta forma, Gloria lleva tanto tiempo fingiendo que está bien, que inconscientemente se pone en una posición para ser salvada de sus errores por los demás. Y eso es algo que encuentro tierno en ella. Ya sé que es posiblemente un lugar común decir que me encanta un personaje tan contradictorio, pero de verdad, es maravilloso tener oportunidad de interpretar a alguien así, que es básicamente una buena persona, y al mismo tiempo, alguien tan autodestructivo, que se sabotea a sí misma a cada paso que da.

Y al respecto de los aspectos fantásticos de la cinta, señala, que la decisión de Vigalondo de hacerlo todo de manera realista, fue lo más adecuado.

Me sentí muy bien al hacerlo totalmente como si fuera real. Nacho lo escribió así, y ése era el punto de todo; lo que le ocurre a Gloria con el monstruo, que es ella misma, es algo importante e inescapable; la película dice que todos tenemos un monstruo dentro, y creo que es cierto, de un modo u otro. Es sólo que ella lo manifiesta de un modo mucho más espectacular. Por otro lado, y esto es interesante, Susan Sontag dijo una vez — y aquí cito de memoria, no literalmente— “yo no trato de cambiar a la gente. Es más fácil cambiar una misma.” Y en parte, creo, eso es parte de lo que Gloria acaba haciendo. Eso me resultó muy interesante, porque cuando la encontramos por primera vez, al inicio, ella está en este lugar terrible en su vida y es ella misma quien se metió ahí, y sólo ella puede salir de ahí. Creo que ése es un mensaje importante, y no está puesto ahí a martillazos: Nacho lo plantea y lo desarrolla con mucha sutileza, partiendo de un personaje profundamente dañado, para contar la historia de alguien que, sí, soy yo, y puedes ser tú.

Otro aspecto interesante de la cinta es que ella es una de las productoras:

Es una aventura, el producir; mucha gente lo interpreta como el hecho de tener más control en sus proyectos, pero personalmente, creo que puede ser algo más, algo que no tiene nada qué ver contigo; para mí es como una forma de ayudar a que las películas pequeñas pero interesantes se puedan hacer y éstas — La boda de Rachel, Colossal, por ejemplo— son el tipo de películas que a mí, como espectadora, me gustaría poder ver. No pensé que tendría un crédito como productora, pero creo que Nacho y sus socios me lo ofrecieron por cómo me involucré en sacar adelante el proyecto, y la verdad es que estoy muy orgullosa de haber utilizado el poco o mucho peso que yo pueda tener en esta industria para ayudar a que algo como esta película pueda verse.

Sobre su otro gran papel del año pasado — y en este caso, para el resto de su vida— Anne señala:

La maternidad me ha cambiado totalmente, como es natural, en todos los puntos de vista posibles. Todo es diferente, desde que soy madre me he dado cuenta que nada vuelve a ser igual, incluso en el aspecto profesional. Cuando no tienes familia, no te importa irte a una locación lejana por meses, o un llamado muy largo. Lo aguantas. Pero ahora, lo que quieres es que las cosas sean más prácticas y más cómodas para todo el mundo y volver a tu casa del set a una hora razonable. Y te lo piensas dos veces antes de elegir una película que te va a alejar de tu casa por mucho tiempo; sigo amando hacer mi trabajo, pero definitivamente ya no es todo lo que amo hacer. Ahora lo que quiero, más que nada, es ser la mejor madre que pueda ser.

 

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Miguel Cane es narrador, periodista cinematográfico, crítico y dramaturgo –desde hace 20 años vive de escribir y no se explica todavía cómo le hace. Es autor de las novelas Todas las fiestas de mañana y Corazón caníbal y las obras Somos eternos, Laura Dieste y Almas perdidas. También del inclasificable Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs. Tiene un gato llamado Llewyn y su película favorita es El bebé de Rosemary (Polanski, 1968).

Twitter: @aliascane

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