La presencia ganadora de mexicanos en festivales internacionales como Berlinale es un hecho. La pregunta es ¿por qué estos trabajos no triunfan en las salas de nuestro país?

La edición número 67 del Festival Internacional de Cine de Berlín llegó a su fin y con él,  llegó la noticia del reconocimiento al que fueron merecedores los mexicanos Everardo González y Esteban Arrangoiz. El primero por su documental La libertad del Diablo y el segundo por el cortometraje Ensueño en la pradera.

En el caso de González, su participación en la selección “Belinale Special” fue reconocida con la presea que otorga Amnistía Internacional. Su documental, La libertad del Diablo, aborda el dolor de las víctimas que ha dejado la lucha contra el crimen organizado en México, sin dejar de dar voz a los victimarios: sicarios, Ejército y Policía Federal. “Se trata de un filme fuerte, en el que la violencia y la maldad son los protagonistas”, señalaba el cuadernillo del programa del Berlinale.

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“Víctimas y victimarios logran desahogarse frente a la paciente cámara de Everardo González. Pequeños episodios de la vida diaria son enmarcados por detallados y estremecedores relatos y surge el retrato de una sociedad, en la que gobierna el miedo y un profundo desconcierto”, es resumido el documental.

La cinta de González se presentó en la edición de la Berlinale en la que, a 40 años de su presencia en el festival, se proyectó nuevamente la única cinta mexicana ganadora del Oso de Plata: Canoa de Felipe Cazals, dando cuenta de que la violencia sigue siendo una constante de nuestro país.

Por otra parte, Esteban Arrangoiz fue premiado con el galardón de mayor importancia que se otorga en la Berlinale para las producciones de corta duración: El Oso de Plata al mejor cortometraje.

En su premiación, Arrangoiz aprovechó para solicitar a las autoridades en México invertir en cultura y educación. Además se tomó el tiempo de recordar a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa: “Todavía buscamos a los 43 estudiantes. Han pasado casi tres años pero seguimos esperando.”

La gran ganadora de Berlinale fue la cinta húngara On body and soul, de la cineasta Ildiko Enyedi, la cual narra la relación entre un hombre y una mujer que se desean, pero sólo logran comunicarse a través de un sueño que comparten, en el que aparecen encarnados en ciervos. “Queríamos presentarles un filme simple, transparente como un vaso de agua. Era algo arriesgado”, comentó Enyedi.

Por su parte, el presidente del jurado Berlinale, el cineasta Paul Verhoeven, señaló que la cinta ganadora “se trata de dos personas que se conectan de una forma increíble. El jurado se enamoró de esta película no sólo por su construcción artística, sino porque nos evoca una palabra que usamos demasiado fácilmente: la compasión.

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