CuadroXCuadro: ‘I Love Dries' de Tom Six de 2008.

CuadroXCuadro: ‘I Love Dries’ y el absurdo de la cultura pop

La cultura popular no se puede definir de una sola manera. Su significado depende del entorno social, político y económico, incluso de la región geográfica. Sin embargo, en algo hemos de coincidir, y es que se trata del conjunto de elementos que construyen un concepto social en específico asociados, asimismo, a una época.

En México, la cultura popular se define con ídolos musicales, fílmicos y deportivos, pero que generalmente pertenecen al pasado. Por ejemplo, tenemos a Cantinflas, María Félix, Pedro Infante, Chespirito y Tin Tan; seguidos del mariachi, las rancheras, la banda con figuras de la altura de Juan Gabriel, José Alfredo Jiménez, Cuco Sánchez, José José, Chavela Vargas (sí, también se consideraba mexicana); sin olvidar a los ídolos de las luchas libres que después de tantos años, siguen vigentes como Blue Demon y el Santo. Y todavía faltan: Frida Kahlo, Octavio Paz…

CuadroXCuadro: ‘La diosa arrodillada’ de Roberto Gavaldón y José Revueltas.

María Félix en ‘La diosa arrodillada’.

La cultura pop de Estados Unidos se percibe de forma distinta a nuestro país con figuras y celebridades comerciales como estandarte. No es en vano que a un género musical se le llame pop y que este dictamine las bases y reglas a seguir en el mundo de la música. Lo mismo va con el cine gracias a Hollywood y las casas productoras que lo conforman y que siguen una misma pauta que atiende las necesidades económicas y no siempre artísticas. En su cotidianidad, Estados Unidos se refugia en deportes como el americano, el basquet y el beisbol con canciones americanas como el country y figuras esenciales como porristas, militares, republicanos y demócratas, armas y el discurso político.

En Holanda, por ejemplo, encontramos a artistas mundiales como Vincent van Gogh, Vermeer, El Bosco; en la música actual a personajes como Tiesto, Armin Van Buuren, Afrojack y Hardwell mientras el Levenslied como el género que domina la cultura musical del país. En este último se encuentra Dries Roelvink, un cantante de la balada holandesa que fue un ícono durante muchos años, pero que en la entrada del nuevo milenio, dejó de representar el Levenslied.

Póster de ‘I Love Dries’.

Sin embargo, su regreso llegó en 2008 cuando Tom Six lo eligió para protagonizar el filme I Love Dries, donde se interpretó a sí mismo como una estrella de la música. Esta cinta llegó antes de la primera entrega de la trilogía de El ciempiés humano (The Human Centipede), la cual arrancó en 2009, con una segunda entrega en 2011 y una tercera en 2015. Sin duda, estas tres películas son las más conocidas de Six y las que sentaron las bases de su estilo fílmico; sin embargo, antes de ellas hubo algunos ejercicios fílmicos que demostraron su capacidad para seguir historias desagradables que no siempre utilizaron recursos violentos y/o sexuales.

I Love Dries, como mencionamos, nos presenta a Dries Roelvink, una de las figuras musicales más conocidas de Holanda. Una tarde, cuando está a punto de subirse a su auto en un estacionamiento (un elemento que se repite en otras de las cintas de Six), un hombre obeso y sucio se acerca a pedirle ayuda. Le dice que su esposa está a punto de tener un bebé en el automóvil. Dries se acerca, pero todo resultó ser una trampa. El cantante es atacado por el hombre, quien lo secuestra y lo lleva a su casa rodante, la cual está aislada de toda la sociedad.

Aquí le presenta a su esposa, una señora también obesa que ha seguido la carrera de Dries muy de cerca. Ante lo extraño e inexplicable de la situación, Dries cree que se trata de una broma y que lo están grabando. Pero cuando su estancia en la casa rodante se extiende y comienzan a surgir las dudas y el miedo, pero sobre todo lo absurdo de la situación.

Freek y Teuntje, el extraño matrimonio, secuestró a Dries para que embarazara a la mujer. Son tres las razones por las cuales decidieron privarlo de su libertad. La primera, porque el hombre es infértil, la segunda por una necesidad desesperada de tener un bebé mientras la tercera se relaciona la fanatismo de la pareja por la carrera del cantante. Dries podrá ser libre hasta que embarace a la mujer.

Sí, I Love Dries es una comedia negra que juega con varios conceptos de forma burda y absurda. Primero con la capacidad de alguien de coartar la libertad de otro individuo y también el de una violación. Finalmente, un hombre es forzado a concebir un hijo con una persona con la que no tiene relación alguna. ¿Qué es lo que sucede? A pesar de la fama y la admiración por parte del matrimonio, Dries está en contra de su voluntad y no puede, siquiera, tener una erección.

La película es graciosa, pero si ha de hacer una crítica, es la siguiente: la distorsión de la cultura pop, la enajenación, el fanatismo y la ignorancia. Tom Six también juega con los estereotipos. Los villanos de la historia, quienes parecen ser retraídos sociales, son obesos, con una apariencia poco atractiva, desaliñados y sucios. Su actitud aislada tampoco aporta mucho a su imagen y la construcción de su personalidad. Por otro lado se encuentra Dries, la típica estrella comercial bien vestida, con el cabello cuidado y rodeada de gente que quiere pertenecer a su círculo.

Con él es con quien viene el punto más alto: ¿Cuál es nuestra necesidad de seguir a una figura¿, ¿por qué depositamos nuestra estabilidad emocional y esperanza en un objeto de deseo que desconocemos? El fanatismo es un tema que forma parte de la historia de la humanidad, y el cual pudo haber comenzado como una consecuencia del poderío de las instituciones religiosas o la Iglesia. “Actualmente” (porque se definen décadas así), sin dejar de lado este principio, también se traduce en un apego total hacia los íconos y personajes, específicamente con los del mundo artístico como actrices, actores y músicos internacionales.

Las sociedades e individuos, han logrado convertir a una figura o símbolo en un mito, y este, de acuerdo con la definición de Roland Barthes, se convierte en algo más, en un mensaje o sistema de comunicación. Esa persona como Dries en I Love Dries de Tom Six, deja de ser un mero individuo, deja de lado el ser un objeto de deseo, y se convierte en un mito que establece para la película un sinfín de sugerencias en su entorno para que la sociedad de apropie de él.

Dries, de este modo, es un dador de vida y representa una perfección total en su progenie ante la infertilidad (y deficiente) del hombre. ¿Acaso no hacemos esto con todos aquellos que gozan de un poco o mucho de fama?, ¿y no es aún más complicado el proceso con figuras ficticias interpretadas por esos individuos? No nos tenemos que ir tan lejos para describir un fenómeno que transgrede la primera intención de la cultura pop: definir a una sociedad, no complacer a un individuo.

Cuadro-por-Cuadro-banner