Quentin Tarantino trabajó en una tienda de video antes de entrar a la industria del cine y convertirse en uno de los directores más grandes de la historia. Definir la trascendencia e importancia de Tarantino en el mundo del cine es complicado. Apenas lleva ocho películas, una novena se estrenará pronto, y ya se estableció como un referente con un estilo propio que es imposible no identificar. Además, hay mucho detrás de él, su pluma y su cámara, como para ya cerrar una forma de percibir su cine.

En 1992 comenzó a construir su nombre con la salida de Reservoir Dogs, una película elegantemente violenta que demostró un lado oscuro del hombre al crear algo: la crueldad y violencia puede ser divertida porque ambas son humanas y forman parte de nuestra construcción social y cultural. Un grupo de ladrones profesionales, llamados por nombres de colores, se reúnen para robar una joyería.

Dentro del grupo hay un infiltrado de la policía, y los demás lo descubren cuando el asalto se ve frustrado por la intervención de las autoridades que trajo como resultado a un par de muertos. La cereza del pastel de Reservoir Dogs es la escena en la que el señor Blonde, cuyo apellido es Vega, tortura a un policía al ritmo de “Stuck In The Middle With You” de Stealers Wheel. Esta parte es más que importante, pues también nos presentó un elemento que forma parte de la narrativa de Tarantino, y es la música.

Algunos dicen que Tarantino se encierra en un cuarto lleno de discos, de todos los géneros y épocas, y con base en lo que escucha, comienza a escribir sus historias. Parece una historia coherente si consideramos que su selección de música es tan adecuada, que potencia al personaje y el desarrollo individual de cada uno.

Después de Reservoir Dogs, Tarantino participó en el guión de True Romance de Tony Scott acompañado de un pequeño crédito en Natural Born Killers de Oliver Stone. Sin embargo, ninguno de estos trabajos preparó a las audiencias de la época para lo que llegó después: Pulp Fiction en 1994, la cual se estrenó en el Festival de Cannes en su edición 47, llevándose el máximo galardón, la Palme d’Or. Dejó atrás grandes cintas como La reina de la noche de Arturo Ripstein, Una pura formalita de Guiseppe Tornatore, Exotica de Atom Egoyan y más.

Pulp Fiction fue apenas su segundo largometraje como director y se convirtió en su mejor película. Grandes cintas llegaron después como los dos volúmenes de Kill Bill, Inglourious Basterds, Django una próxima promesa titulada Once Upon a Time in Hollywood. Sin embargo, nada se ha comparado con la cinta de 1994, desde su narrativa hasta la producción.

Pulp Fiction es profunda e ingeniosa. No es nada predecible, y eso significa que es un producto de la imaginación en toda la extensión de la palabra. Es ambiciosa en su cronología, los diálogos y el concepto de espiritualidad que se percibe en la mayoría de los personajes principales, más en unos que otros. Tarantino se superó a sí mismo.

Esta cinta está dividida en capítulos para acentuar el desarrollo de algunos nombres como el de Vincent Vega, Jules Winnfield, Mia Wallace y Butch Coolidge. Todos ellos interactúan con una serie de personajes que los llevan a una redención espiritual de los primeros. Primero conocemos a Vega y Jules, dos asesinos a sueldo que trabajan para Marsellus Wallace, un gangster de la ciudad. Marsellus está dentro del negocio de las apuestas deportivas, especialmente las de box y en las peleas de Butch, un boxeador que está a punto de retirarse y debe perder a favor de las apuestas de Marsellus. Wallace está casado con Mia.

Como podemos ver, el común denominador es Marsellus. No todos los personajes principales interactúan, pero la mayoría lo hace hasta descubrirse a sí mismos es una situación exagerada, la cual va de acuerdo con el nombre de la cinta.

Vincent Vega y Jules, durante un trabajo para Marsellus, son atacados por un hombre con un arma que no logra darles ningún tiro. Esto es una señal divina para Jules, quien decide abandonar el mundo criminal para seguir vivo. En cambio, para Vega resulta un acontecimiento más de su trabajo. ¿El resultado? Vincent Vega muere. Lo mismo sucede con Mia, quien después de cenar con Vincent, le da una sobredosis. Una inyección de adrenalina en el pecho la regresa a la vida y parece redimirse de su adicción aunque no es seguro. En cuanto a Butch, la indulgencia llega antes de los hechos cuando libera a Marsellus de una situación de violencia sexual.

Tarantino es un maestro para construir atmósferas tensas con detalles superficiales. Dos asesinos hablan de cómo se les conoce a las hamburguesas en otros países, o de masajes de pies con un “I’m the foot fucking master” para establecer su naturaleza humana; sin embargo, no podemos olvidar que matan a sangre fría como parte de una labora mecánica casi obligada. De este modo, establecemos que la violencia de Pulp Fiction no sólo es visual, sino hasta filosófica en los diálogos rápidos e intrascendentes y en las fuertes cargas de humor negro que traen consigo.

Esta cinta es menos gory que Reservoir Dogs, pero también menos superficial, y es aquí donde reside su grandeza. Quentin Tarantino lleva a los personajes al límite en su desarrollo corto, que también resulta en una forma de manipular a las audiencias. Es decir, las dirige a esos extremos con diálogos racistas que funcionan y se justifican. Cada palabra de cada personaje es un choque de valores que coincide con todos los demás.

Pulp Fiction es una obra maestra y espiritual del director. Hay pasajes bíblicos de parte de Jules como su famoso “Ezequiel 25,17”, el cual “predica” antes de asesinar a alguien. Sin embargo, los momentos más altos de su filosofía, llegan con situaciones nobles que se desarrollan en entornos sumamente violentos, y teniendo esto en mente, el perdón más puro y noble se lo lleva el mismo Marsellus…

Butch estaba obligado a perder la pelea, pero gana en favor de la memoria de su padre (quien guardó un reloj en su culo mientras fue prisionero de guerra). Butch gana y escapa con su novia francesa; sin embargo, ella olvida ese reloj en su casa y se ve obligado a volver a pesar de que Marsellus lo está esperando. Tras una pelea a sangre fría, llegan a una escondida tienda donde son retenidos por el dueño y un amigo suyo.

Ambos tienen encerrado en un baúl a una mascota sexual (un hombre con aparente retraso), y pretenden utilizar a Butch y Marsellus para divertirse. Cuando se encierran con Wallace en un cuarto, Butch escapa, pero regresa para salvar a Marsellus más que para vengar un acto de violencia y tortura que no llegó a vivir. Cuando abre la puerta, ve cómo están violando a Marsellus…

Tarantino habla del factor héroe y la realidad de las cosas: hay caminos violentos que son más fáciles y seguros que otros. Entrar a los más peligrosos, aumenta el factor héroe pero también aumenta las posibilidades de morir. La pareja con la que arranca la película decide “reducir” el peligro al asaltar la cafetería en la que, casualmente, se encuentran Vincent y Jules. Pero Butch, en el lado contrario, regresa y se convierte en el retrato espiritual. Finalmente, Marsellus perdona al boxeador y jura perdonarlo.

Hay varios momentos sublimes en Pulp Fiction y elementos que trascienden a 25 años de su estreno. Resulta ser, sin duda, una manifestación de la cultura pop, y un impacto dentro del mundo cultural que se supera a sí mismo, como Tarantino, conforme pasa el tiempo. El argot de la película se traduce en palabras, imágenes y música que acompaña a un espectador en el camino de perdón y reconciliación de cada uno de los personajes.

El día que queramos saber qué piensa Quentin Tarantino de la espiritualidad, entonces basta con sentarse a ver las más de dos horas y media de Pulp Fiction, su gran obra maestra. Pulp Fiction está disponible en Netflix.

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