Hace tres años veíamos a todos correr en las calles con celular en mano. Para todos aquellos que se mantienen alejados de los juegos móviles, parecía no tener sentido una carrera guiada en Chapultepec en la que grupos de personas ajenos entre sí, corrían a un mismo punto. ¿A dónde se dirigían? A un pokémon que vive dentro de un mundo virtual. De eso se trató Pokémon Go, un juego virtual móvil en el que, sin entrar a detalles, tenía como objetivo atrapar a los pokémon (pokémones en el uso correcto, pero no vamos a entrar en debate) que estaban sueltos en distintos puntos de la ciudad.

Este juego se convirtió en un fenómeno al igual que todo lo que toca la marca Pokémon. Desde su llegada al mundo en 1996, ha vendido 300 millones de unidades del videojuego sin olvidar el anime de 20 temporadas que se transmite en casi 100 países. Ni qué decir de las tantas películas animadas que han recaudado unos 700 millones de dólares en el mundo más las conocidas tarjetas Pokémon, mangas, libros, ropa, artículos, tazos, peluches, tatuajes y todo lo que te puedas imaginar con la imagen de cualquier Pokémon tierno en su primera evolución.

Resultaba obvio, pues, que tomaran la decisión de producir una película de Pokémon, pero con la fórmula de éxito del momento dentro de la industria del cine: el live action. Y así es como se anunció la producción de Pokémon: Detective Pikachu basado en uno de los videojuegos más recientes de la franquicia que lleva el mismo nombre.

¿Fue y es un riesgo? Totalmente ¿Vale la pena? Definitivamente, y no necesariamente por la película, sino por la idea de volver a ver a los pokémon en un mundo más “real”. Y esto convierte a Detective Pikachu en una película hecha para fanáticos sin dejar fuera a las audiencias que desconocen el universo Pokémon.

Teniendo esto en mente, entonces habría de ser justo escribir dos reseñas de la misma película. Una para fans y otra para los que se mantienen alejado, y como hay más dentro de la segunda categoría, nos enfocaremos en esta.

Detective Pikachu nos presenta a Tim Goodman, un vendedor de seguros de 21 años que es tímido y parece odiar a los pokémon; sin embargo, se trata de una relación de amor/odio relacionado a su sueño de ser entrenador y haberlo visto truncado desde niño. Tim ama a los pokémon y sabe todo de ellos.

Todo su mundo cambia cuando recibe una llamada de Ryme City para notificar la desaparición de su padre, el conocido detective Harry Goodman. Los eventos ocurrieron de forma muy misteriosa en un aparatoso accidente. Sin tener contacto con su padre en años, Tim va a la gran ciudad. Ryme City es el sueño de un visionario que fundó el único lugar donde los pokémon conviven con los humanos sin pokebolas, ni estadios de enfrentamiento. Son libres y viven en armonía.

Así es como Tim conoce a Pikachu, el compañero detective de su padre que sobrevivió al accidente, pero que no recuerda absolutamente nada. ¿Qué sucedió con Harry?, ¿por qué tuvieron el accidente?, ¿alguien lo provocó? Y si es así, ¿quién está detrás de todo esto? Estas son las preguntas que se resuelven en Detective Pikachu, una película difícil de definir que apunta a un público conocedor pero que triunfa en lo siguiente: no necesitas ser un maestro Pokémon para seguir el hilo de la historia.

Si tú no correteaste ningún pokémon en Coyoacán o peleaste a muerte por los tazos, no te preocupes, Detective Pikachu puede ser una película muy entretenida gracias, en gran medida, a Ryan Reynolds en la voz de Pikachu (sí, porque este pika pika habla). Quizá muchos esperen oír a Deadpool; sin embargo y de forma sorpresiva, Reynolds logra salir de su personaje más conocido y le da un toque cálido, amigable, tierno y gracioso al Pikachu que vemos en pantalla. Y al final, esto se agradece.

Tampoco podemos dejar de mencionar lo agradable que resulta a la vista Pikachu, el pokémon más conocido de la franquicia. En Detective Pikachu se apega completamente al del anime, pero tiene la cualidad de la que tanto hablamos y que se maneja ahora. La tecnología nos permite experimentar con más apego a la realidad a nuestros personajes favoritos y esta cinta no es la excepción.

Y no sólo es Pikachu, sino la mayoría de los que conocimos en las aventuras de Ash Ketchum junto a Misty y Brock como Charmander y Charizard; Squirtle; Bulbasaur y Venusaur; Psyduck; Jigglypuff; Morelull; Greninja; Mr. Mime; entre otros. Pero la cereza del pastel es Mewtwo, el pokémon más poderoso de todos y que juega un papel clave en el desarrollo de la historia.

La trama es sencilla y tiene detalles que la hacen más dinámica, pero no va más allá de eso. Por ejemplo, la creación de una droga conocida como “R” que al entrar en contacto con los pokémon, los hace perder el control. Su creación está relacionada con algo más grande, peligroso y que nos lleva a un final que si no convence la historia en general, éste la salva. Quizá la solución de la película sea obvia a partir de un punto, pero el final es tan emotivo, que no podemos evitar sentir que termina bien y que puede cobrar sentido lo infantil del desarrollo.

Ahora bien. Si dedicaste tu vida a cazar uno que otro pokémon, entrenarlos y enfrentarte a otros en las calles de tu ciudad, Detective Pikachu también puede satisfacer tus necesidades gracias al apego visual de los pokémon y la ambientación de la cinta con un estilo caricaturizado de Blade Runner. Rob Letterman, el director de la cinta, juega con la empatía del público hacia los pokémon junto a un equipo que cumple con las expectativas “técnicas”.

No en vano dos ganadores del Oscar trabajaron en Detective Pikachu. En la fotografía participó el legendario John Mathieson, quien se llevó el premio de la Academia por Gladiador de Ridley Scott mientras la edición corrió a cargo de Mark Sanger, quien se fue con la estatuilla por Gravity de Alfonso Cuarón. Y la calidad, sin duda, se nota en la cinta.

Detective Pikachu se mantiene en la cuerda floja entre una cinta divertida e infantil o algo que pudo haberse evitado para no entrar en un listado de fallas en las adaptaciones; sin embargo, varios puntos dentro de ella la salvan de cualquiera de estos dos extremos.