Todo comunica, por ende, todo está sujeto a interpretación. Ya sea que hablemos de una obra de arte dentro de cualquier expresión artística, un discurso político en el que se lee entre líneas con el lenguaje corporal, o hasta un texto religioso. Todos pertenecen al imaginario colectivo de una sociedad en cuanto entran en contacto con ella, es decir, con cada uno de los individuos que la conforman.

Sin embargo, el “problema” de un texto sagrado/religioso bajo esta mira, es que atendemos una sola interpretación de las partes que lo conforman, y esta se definió hace siglos, sino es que milenios. Es decir, seguimos la interpretación de la Biblia, por mencionar una de las más populares, basadas en una lectura que realizó un líder espiritual hace muchos años. Nuestros preceptos, de este modo, no han evolucionado con la sociedad…

Y aquí es donde radica el peligro. Un ejemplo que puede quedar aún más claro es la lectura del Corán, el libro sagrado de los musulmanes que, al mismo tiempo, sirve como un fundamento “legal” que rige sus vidas sociales y políticas. Así es como llegamos a la popular imagen (afianzada en Occidente) del musulmán radical y terrorista, que si bien no son todos, son la identidad que los define en el resto del mundo.

Mucho se ha hablado de las lecturas del Corán dentro de los grupos radicales musulmanes (sin importar si son suní o chiitas, por ejemplo), los cuales interpretan pasajes como obligaciones (yihad) de los creyentes, la mayoría en favor de preservar el Islam para desechar otras religiones y culturas.

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Y aquí es donde entra, del otro lado, el fenómeno migratorio de pobladores del Medio Oriente a Europa, el cual trae más preguntas sin respuestas: ¿Cuándo y qué tan catastrófico será el choque cultural? Este tema ha sido analizado por grandes pensadores como Slavoj Žižek en En defensa de la intolerancia, donde anuncia una terrible conmoción cultural en la medida de Occidente y los musulmanes se muestren tolerantes frente a las costumbres ajenas.

¿Cuándo una mujer alemana podrá dejar de indignarse frente a la nula libertad de una mujer musulmana? O bien, ¿cuándo un sirio podrá aceptar sin juzgar que una mujer se vista como quiera? Este choque no sólo se está dando entre Occidente y Medio Oriente, sino entre musulmanes mismos y esta premisa es la que se plantea en El joven Ahmed de Luc y Jean-Pierre Dardenne.

Ben Addi interpreta a Ahmed en el drama de los hermanos Dardenne.

El joven Ahmed inauguró la edición 17 del Festival Internacional de Cine de Morelia (con la presencia del maestro Luc), convirtiendo a los hermanos Dardenne y la película, en los primeros europeos en abrir este festival.

El joven Ahmed nos presenta a un adolescente de 13 años que después de entrar en contacto con un Imán llamado Youssouf en una mezquita en Bélgica, comienza a radicalizar sus prácticas religiosas y creencias. Es decir, deja de jugar videojuegos y respetar a la maestra Inès, para rezar con exactitud a las horas estipuladas y rechazar la independencia de su profesora, y por ende, las mujeres en general.

Ahmed con el Imán Youssouf, líder de una mezquita.

Ahmed, en la ingenuidad de la edad y la fuerte presencia de un hombre como modelo a seguir (su padre murió su madre es “blanca”), comienza a reforzar creencias asociadas al islamismo radical, conocido también como yihadismo. En otras palabras, el protagonista está en camino de convertirse en un terrorista.

Sin embargo, y antes de pensar que se trata de un drama bajo la mirada racista de un par de europeos, El joven Ahmed es una película tan realista, que se muestra humana en todas sus formas. Y no sólo eso, rompe con una línea establecida por los hermanos Dardenne dentro de su cine en el que sus personajes dentro de la tempestad, vislumbran un futuro prometedor.

Ahmed y Louise, una chica de la edad del protagonista que cuestiona la identidad del protagonista.

Este no es el caso, y es por eso que el cierre del filme es genial (sin spoilers), porque obedece a lo que Luc Dardenne dijo: “El arte no está paga imponer una verdad, sino para generar preguntas“. El joven Ahmed no estereotipa a la juventud musulmana en Europa, sino presenta un posible escenario que desata una ola de preguntas en relación al fanatismo, la ingenuidad, violencia, dualidad y la impureza.

Ahmed, bajo la sentencia del Imán de que la maestra Inès es una apóstata, decide matarla. Cuando falla en su primer intento, el joven es llevado a una especie de centro de reinserción para jóvenes donde reivindica y potencia sus convicciones religiosas, pero que al mismo tiempo entendemos su lado infantil y manipulable que lo llevó a esta situación.

Inès, profesora de Ahmed, se convierte en víctima del fanatismo del protagonista.

Ahmed, cuya madre suele beber y ha decidido no usar el hiyab, lo mismo su hermana, pone también a prueba a las audiencias, pues se trata de un personaje con el que nos podemos identificar con una dualidad que, al mismo tiempo, nos causa temor. ¿Cómo es que un niño común y corriente toma la decisión te terminar con la vida de alguien?

Si nos ponemos muy críticos sobre el tema, El joven Ahmed cuestiona más allá del fanatismo religioso, a esa “necesidad” de una culto a lo sagrado para desatar el caos. Explora terrenos donde la violencia surge por la construcción de la sociedad y las políticas que la rigen, incluso en Occidente. Estados Unidos entiende perfectamente esta acepción con la ola de violencia con armas de fuego.

 

Los tiroteos del país son aún más inestables, pues la amenaza no se sabe de dónde viene, y muchas veces, sino es que la mayoría, se asocia a un fanatismo racial, histórico, político, y todos ellos con un común denominador, la ignorancia. En conferencia de prensa en el FICM 2019, Luc Dardenne dijo que “todos los fanatismos son peligrosos porque creen que tienen la verdad absoluta y juzgan a otros a partir de eso“. Y eso es lo que sucede tanto en El joven Ahmed como en la realidad de Estados Unidos.

Con esto, a través de Ahmed surge una nueva pregunta en relación al futuro de las juventudes musulmanas en Europa que nos lleva, invariablemente, a los primeros párrafos de esta reseña: ¿Cómo sobrevive la religión (en este caso musulmana) ante la evolución de la sociedad (en relación al fenómeno migratorio)?

La insistencia del Imán a preservar el lenguaje a través de la lectura del Corán, lleva a Ahmed a cuestionar la integridad como ser humano de su maestra, quien insiste en que los jóvenes deben aprender árabe “moderno” para que tengan más oportunidades de trabajo; sin embargo, bajo la interpretación del Imán de Ahmed (vieja y retrógrada), esto amenaza la estabilidad del Islam y la pureza en la que se debe vivir como creyente.

Con las mismas palabras de Luc, El joven Ahmed es un “elogio a la impureza”, es decir, a la vida misma en sus puntos más altos y bajos, en la búsqueda de humanidad a través de lo que nos dijeron es impuro (como la saliva de un animal), pero que forma parte de una Naturaleza que ninguna religión puede revertir ni desafiar.