Siempre llega el momento en que un artista está listo para presentar su vida, su parte más íntima, en una obra. Como si ofreciera toda la pulpa con base en su experiencia personal y también profesional. En realidad, no hay percepción del tiempo y el espacio, si hay una necesidad de hacerlo, los artistas lo hacen. Grandes escritores cuyas obras ahora pertenecen a la literatura universal, se enfrentaron a un momento clave de sus vidas que lo llevaron a crear –o recordar, en muchos casos– personajes memorables y determinantes como el Quijote de Cervantes, Fausto de Goethe, Dante de Alighieri y muchos más. Y el cine como una expresión artística no podía ser la excepción.

Varios cineastas han atravesado este mismo momento con el nacimiento de grandes películas… y parece que el punto máximo de Alfonso Cuarón finalmente llegó con ROMA. Desde hace 12 o 15 años, el director mexicano tenía en mente hacer esta película, quizá sin nombre y con algunos detalles sin especificar, pero de lo que estaba seguro, es que se trataría de un filme sobre Libo, una mujer que llegó a su vida cuando tenía nueve meses y se quedó para siempre, al grado de convertirse en la inspiración detrás de ROMA y lo que ha sido considerado como la obra maestra del mexicano.

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Alfonso Cuarón durante la filmación de ‘ROMA’.

A estas alturas, con un estreno de ROMA previsto a partir de este 21 de noviembre y su llegada al catálogo de Netflix el próximo 14 de diciembre, la mayoría sabe de qué va la película: Cleo, una mujer indígena que trabaja como ayudante doméstica y nana, se convierte en el centro de una familia de clase media que vive en la colonia Roma después de un rompimiento en la estructura familiar de la misma. ¿La época? Los 70, cuando la idea de una madre soltera era inconcebible y cuando el país se encontraba lejos de sanar una herida social –más que política– después de la matanza de Tlatelolco en el 68.

ROMA es una película que se construye a partir de los sentidos, especialmente la vista. Su narrativa es tan visual y contemplativa, que los diálogos presentes, en muchas ocasiones, son un simple soporte. Y esto nos lleva a descubrir en Cuarón a una persona que domina el lenguaje cinematográfico, pero sobre todo, que domina su memoria y la presencia de personajes determinantes como Libo o su mamá.

En entrevista con sopitas.com, le preguntamos a Cuarón sobre su trabajo de “investigación”, o quizá introspección, y el miedo ante la posibilidad de descubrir algo que había olvidado de forma inconsciente: No fue “conscientemente. Es muy posible que en el pasado sí porque esta película lleva mucho tiempo de estarse gestando, pero no la hice antes. No es que estuviera tan aterrado, sino la habría hecho. Tenía muy claro que entraba en un universo totalmente desconocido porque, en realidad, fue muy diferente a cuando entras en un proceso de creación”.

ROMA - Filme de Alfonso Cuarón

ROMA, de este modo, se trató de reconstruir la infancia de Cuarón, como un personaje circunstancial en el filme, y la vida de Libo a través de Cleo (Yalitza Aparicio), personaje –si es que es correcto llamarlo así– que se presenta, no construye, a partir de detalles.

“No es que haya decidido salir y crear cosas, eso se fue dando con el proceso de una manera natural. A mi lo que me interesaba (de Libo) era que me compartiera su cosmovisión, pero con todo lujo de detalle: ¿A qué hora te despertabas?, ¿cómo lo hacías?, ¿te sentabas en la cama o te quedabas un rato pensando?, ¿dónde tendías la ropa?, ¿la acomodabas la noche anterior o esa misma mañana?, ¿cómo era el reloj de tu despertador y de qué color era?, ¿lo ponías justo antes de dormir o mucho antes?… Puros detalles. Un universo que yo reconocía desde mi burbuja burguesa clase mediera, de mi casa, de mi barrio y mi calle. Pero empezaba también a conocer otra parte de su universo, el cual era totalmente desconocido para mi. La vida social de ella fuera de la burbuja de mi universo”.

Detalles hablados que si bien no provienen 100 por ciento de la memoria de Alfonso Cuarón, si lo hacen de Libo y un ejercicio de memoria de su parte que se alimenta, como parte de un proceso humano, de la imaginación. Por eso el blanco y negro, porque recordar y presentar el pasado, difícilmente se cuenta en palabras, sino en imágenes no lineales donde la verdad, finalmente, se nutre de lo que queremos.

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Cuando se manifestó la idea de ROMA, ya estaba la cuestión de que sería en blanco y negro. Sin duda. Es una película que era acerca del personaje de Cleo y que la herramienta de trabajo iba a ser la memoria. Eso no se cuestionó. Esos tres pilares nunca los cuestioné… Lo que me interesaba era construir y honrar el sentido no sólo de la memoria de esos momentos vistos desde la perspectiva del presente, mi entendimiento actual. Sino también honrar el sentido de tiempo y espacio. Lo que es el diálogo, sobre todo si es que crea expone situaciones. Eso justamente está en contra de ese fluir de tiempo y espacio porque se trata de otro proceso mental”.  

De una forma sutil, aunque no podemos asegurar que haya sido de forma consciente, Cuarón también atravesó un recorrido sociopolítico del México de los 70 y que, sorpresivamente, no ha cambiado en 50 años. ROMA significó el regreso “profesional” del director a nuestro país después de Y tu mamá también de 2001 y, por supuesto, el regreso en memoria a una década cambiante y determinante para la historia del país. ¿Cómo te enfrentaste a un México que ahora presenta más realidades y contrastes que las de 2001 y el momento en que está ambientado ROMA?

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“Un país donde la parte problemática no ha cambiado nada. De hecho, los problemas se han agudizado. Se han agudizado de una manera exponencial. A casi 50 años, está muy claro que hemos vivido en una inercia política que, al mismo tiempo, ha permitido y fomentado el que las cosas no cambien, sino que empeoren. Eso por un lado. Pero por el otro, en contraste a eso, fue regresar a un México que estaba trabajando, y eso fue muy sorprendente muy alentador. Qué vibrante es la sociedad. El México de los 70 era muy claustrofóbico como parte del nacionalismo revolucionario, ese priismo que fomentaba todo un sentir de monolítico. De repente fue estar en una sociedad itinerante donde toda una generación reclamó el mundo como propio con un gran orgullo de ser mexicanos”.

ROMA se estrenará en algunos cines de la Ciudad de México, entre ellos la Cineteca Nacional y Cine Tonalá, así como otras ciudades de la República. Pero hasta ahí. Desde que Netflix anunció que se proyectaría en cines seleccionados, comenzó un nuevo debate sobre las producciones fílmicas auspiciadas por un formato televisivo como el streaming y la capacidad de las audiencias de ver cintas en salas tradicionales sin importar la raíz de su producción.

Cuarón ha manifestado sus ganas de que más salas proyecten la película, “sobre todo las que tienen las mejores condiciones para ver un filme como ROMA. No es posible que no tengamos las salas adecuadas. Estamos teniendo un gran apoyo de salas independientes pero muchas de ellas no cuentan con la infraestructura para crear la experiencia ideal. Es muy triste porque en otros países hay salas con estos recursos que apoyan la película”.