Texto de: Francisco Mandujano

Un cliché sobre la televisión es decir que se está viviendo una época dorada donde estamos ante la transmisión de las mejores series que se produzcan hoy en día y que muchas de ellas son mucho mejor que cualquier superproducción de Hollywood. Lo cierto es que llevamos prácticamente más de 20 años de una televisión de la más alta calidad. 

Desde Six Feet Under, West Wing o The Wire pasando por Friends o How I Met Your Mother, cada serie tiene su encanto y engancha con el público. (Aunque también no podemos pasar por alto que existe un enorme cementerio de programas que fueron cancelados en su primera temporada). Cada quien puede tener su serie favorita, pero a continuación te presentamos 25 series que cambiaron la forma de hacer y ver televisión en esta década que está por terminar.

Series que, además de generar contenido de primera calidad, lograron crear conversación fuera de la pantalla, y que sirvieron para generar horas y horas de debates, pláticas y alguna que otra -o muchas- teorías. 

Nota: El listado no pretende ser el cánon definitivo de la televisión, sino presentar diversas formas de generar historias que enganchen con el público por más de un par de horas… y  eso, en tiempos donde todo es desechable, siempre será una historia de éxito.

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Game of Thrones (2011 – 2019)

George R.R. Martin había trabajado en televisión en series como The Twilight Zone (la de los 90) y La Bella y la Bestia (la protagonizada por Linda Hamilton, sí, Sarah Connor en Terminator), y constantemente le bateaban sus guiones por ser muy largos y extensos. Así que se dio la tarea de escribir una serie de novelas fantásticas que fueran tan grandes como su imaginación podía, y así creó Canción de Hielo y Fuego. HBO se dio a la tarea de adaptar algo que parecía inadaptable y así fue como en 2011, el mundo conoció Westeros de la mano de Ned Stark (Sean Bean), el protagonista que acaparaba todas las imágenes promocionales.

Pero en el noveno episodio, el líder de los Stark es decapitado, y nos dimos cuenta que en Game of Thrones nada está por sentado y cualquier podría morir. Pasamos de una boda roja a un “Hold the door”, y todos y cada uno de los personajes que Martin había escrito, estaban siendo interpretados a la perfección gracias a un cast que en ese entonces era desconocido, pero que fue ganando popularidad. 

Y sí bien las últimas temporadas fueron más y más épicas, en la que una Batalla de los Bastardos es el santo grial de las peleas medievales en televisión, la controversia iba generando más conversación y debates sobre si estos eran los personajes que el autor había escrito o sólo eran caprichos de los productores. Así sean peras o manzanas, Game of Thrones fue sin duda el evento televisivo mediático de la década que desde su primera temporada, conquistó a las audiencias, acumulando (en un efecto contrario) a más adeptos que si bien rechazaron el final, no pueden negar que el camino fue tan fantástico y sorprendente como el paso de los white walkers desde detrás del Muro. 

Breaking Bad (2008 – 2013)

El western siempre será un género de referencia básica para todo aquel interesado en la narrativa sencilla, pero que si es bien ejecutado, resulta fulminante. Una idea que pueda parecer simple, en realidad trae una infinidad de capas que sirven para un sinfín de análisis filosóficos, sociales y éticos. Vince Gilligan había tenido una mala racha con sus guiones (comenzó haciendo algunos para Los expedientes secretos X) y un amigo le dijo que mejor rentara un cámper y se dedicara a hacer droga… y así fue como nació la idea del profesor de química Walter White a quien diagnostican cáncer, y que para pagar su tratamiento, decide entrarle al negocio junto a un exalumno llamado Jesse Pinkman. 

Y ya, no hay más complejidad en la trama. De ahí a que este neo-western que comenzó de manera modesta, pero pisando fuerte en la cadena AMC en 2008, se convirtiera lentamente en una brutal obra que aborda temas como la ambición, el poder, la moralidad y magnets, bitch! La popularidad de la serie fue tal, que vimos un spin-off (Better Call Saul), una película en Netflix (El Camino) un narcocorrido (Los cuates de Sinaloa con “Negro y azul”) y hasta un infame remake latino (Metástasis).

La grandiosidad de Breaking Bad no se pone en duda, y si te echas un clavado en los listados de medios y sitios especializados, vas a descubrir  este título en el primer lugar (y no sólo de la década, sino de la historia de la televisión). La serie, contraria a su título, no se corrompió de ninguna manera ni bajó la guardia para darle al público lo que quería ver, sino siguió un proceso de lo más real en sus dos personajes principales hasta el punto de convertirlos en iconos de una extraña batalla que hemos escrito desde tiempos milenarios: el bien y el mal, pero esta vez hemos de cambiarle un poco… “el mal contra un mal que no hace tanto daño”. 

Vikings (2013 –   )

History Channel fue convirtiéndose, gradualmente, en un canal de alienígenas ancestrales y casas de empeño en Las Vegas. ¿Cuándo sucedió esto? Simplemente no nos dimos cuenta. Pero incluso con eso, entre los contenidos que son más un reality que una producción real de “historia”, nos entregaron una épica producción sobre las sagas del rey nórdico Ragnar Lodbrok. Desde su primer episodio, si nos ponemos muy exquisitos en comparaciones, Vikings no le pide nada a Game of Thrones.

Porque a diferencia de la serie de HBO, Vikings está basada en hechos históricos que de vez en cuando están aderezados con un poco de acción aquí, un poco de ceremonias religiosas y rituales nórdicos por acá, y hasta situaciones de erotismo puro que no le hacen daño a nadie, sino todo lo contrario. Es así que Vikings, a lo largo de seis temporadas, personajes complejos y lecciones históricas al mismo tiempo, se ha ganado un lugar especial entre las audiencias que pedían una producción de real de personajes tan fascinantes y desconocidos. Pero sobre todo tan bien hecha: escrita, producida, ambientada, actuada… 

Tenemos desde los guerreros berseker dispuestos a entrar al Valhalla sin nada más que alguna piel de animal que los cubra (te hablamos a ti, Rollo), pasando por las doncellas guerreras que nunca necesitaron momentos woke de producciones de finales de esta década para hacer personajes femeninos fuertes, ellas siempre estuvieron ahí. Y sin olvidar a muchos de los tantos favoritos del público como Bjorn Ironside o Lagertha, personajes que han definido cada etapa del personaje principal, Ragnar, interpretado de manera fenomenal por Travis Fimmel. 

Peaky Blinders (2013 –    )

Los Shelby son una familia en Birmingham, Inglaterra, que tras finalizada la Primera Guerra Mundial, se van abriendo camino por el mundo de la mafia en donde son conocidos como los Peaky Blinders, y son encabezados por el líder del grupo Tom Shelby (Cillian Murphy). Steven Knight es el creador de esta serie para la BBC y que está basada en el grupo real de mafiosos conocidos como los Pleaky Blinders, donde algunos miembros de la familia de Knight realmente militaron las filas de esta pandilla, aunque no se apellidaban Shelby sino Sheldon. El creador recopiló momentos que alguna vez le contó su padre para hacerla todavía más apegada a la realidad.

Con una cinematografía única, esta serie de la BBC también ha ganado nuestros corazones con una trama que te atrapa desde su primer episodio, y como buen show británico, no tenemos que aventarnos un sinfín de capítulos para completar una sola temporada. Aquí, en seis episodios la serie, se deben cubrir todos los flancos necesarios para dejarnos con ganas de más. 

No sólo personalidades como Snoop Dog o David Bowie se declararon fans de la serie, sino que actores de la talla de Sam Neill, Adrien Brody, Anya Taylor Joy, Sam Clafin y un Tom Hardy interpretando al mafioso judío Alfie Solomons, nos han llevado a través de diez años de historia de la mafia en la Inglaterra de los años 20. Esto sin mencionar el diseño de vestuario y maquillaje que hacen que nos den ganas de usar traje, gabardina y boinas todo el tiempo… por orden de los Peaky Blinders, por cierto. 

BoJack Horseman (2016 –    )

Probablemente sea la toxicidad que abunda en internet o la forma en cómo nos conectamos que nos hace sentir más solos, pero lo cierto es que las series de humor en esta década, al menos aquellas que no fueron por el camino fácil del pastelazo o la comedia de situación, resultaron también en venir cargados con una gran dosis de drama. Esto resulta aún más sorprendente cuando hablas de una producción animada que puede llamar la atención de una audiencia infantil, pero que va enfocada a los adultos posmodernos con temas de cierta profundidad. 

En un mundo donde conviven humanos con animales antropomórficos, tenemos a BoJack, un caballo que fue muy exitosos en los 80 y 90 pero que ahora debe remar contra la corriente. Todo ello aderezado con un sinfín de personajes que van desde el genial compañero Todd Chavez (Aaron Paul), el tímido y ansioso Pinky, a la estrella de Mr. Peanutbutter’s House, Mr. Peanutbutter, Princess Carolyn con un gran corazón, complicada agenda de trabajo y malas decisiones para los hombres y hasta la madre de BoJack, Beatrice. 

Todos estos personajes se desenvuelven en Hollywoo (sin la D por el súbito robo hecho por un personaje en nombre del amor), un mundo no muy diferente al nuestro donde los problemas del día a día se mezclan con aquellas dichas, todo esto a través de nuestros amigos y uno que otro animal que nos hace la vida imposible.

Fleabag (2016 – 2019)

Con tan sólo dos temporadas, Phoebe Waller-Bridge realizó una historia (Fleabag) que por un lado ofrece grandes momentos cómicos, pero que también lidia con temas profundos como la pérdida y la normalización de aspectos tan importantes como la terapia o el consentimiento. De hecho, esta serie ha salido triunfante en los premios Emmy de 2019 en la categoría de comedia, dejando de lado cualquier posibilidad de drama a pesar de que se acerque mucho a este, quizá demasiado. 

La historia sigue a Fleabag, una mujer que vive en Londres y debe lidiar -entre muchas más cosas- con la muerte de su madre y la de su mejor amiga Boo, todo esto a través del uso de la comedia y el humor negro, sin mencionar un excelente y muy preciso uso de la cuarta pared en el que somos cómplices junto a ella de cómo ve la vida. ¿Cómo? A través de anotaciones que nos hace la protagonista con un timing perfecto entre los actores, la pausa y la cámara.

Para algunos podrá parecer una serie feminista, pero más que serlo, Fleabag tiende a centrarse más en la condición femenina dentro de la sociedad actual; es decir, sin presiones, sin tomar postura, (recordemos que ella podría sacrificar, sin dudarlo, cinco años de su vida por el llamado “cuerpo perfecto”). Así mismo, la amistad que vemos a través de flashbacks que tiene con Boo y a la vez la relación con su hermana es de las más honestas y sin pretensiones que hayamos visto en mucho tiempo. 

Son sólo 12 episodios, pero todos y cada uno de ellos cargados con este humor y tragedia humanas como pocas se han visto en la televisión en muchos, muchos años, y no estamos exagerando. 

Chernobyl (2019)

Generalmente HBO tiene títulos a los que le apuesta cada que comienza un año en términos de promoción, en el caso de 2019 fueron Game of Thrones y Watchmen, por lo que Chernobyl comenzó sin mucho ruido por parte de la cadena como un estreno más. Sin embargo, al finalizar su primer episodio es imposible no quedar enganchado ante la majestuosidad de una producción que cubre aspectos históricos de una forma que no resulta aleccionadora ni aburrida. El funcionamiento de un reactor nuclear nunca había sido tan fascinante y a la vez sencillo de entender.

La forma en que su creador, Craig Mazin (escritor de Scary Movie 3, 4 y ¿Qué pasó ayer? Parte II y III), presenta los hechos desde diferentes perspectivas como los bomberos, los doctores y científicos, así como la ignorancia del gobierno, es una muestra de cómo darle voz a personajes que pasaron desapercibidos en una historia mundialmente conocida. 

Si bien Chernobyl es una serie que parece a primera instancia desesperanzadora, subrayado mucho más gracias al score de Hildur Guðnadóttir (quien trabajara mucho tiempo con Jóhann Jóhannsson), la obra de Craig Mazin está ahí para recordarnos lo cerca que estuvimos de una catástrofe de proporciones mundiales, pero que debemos conocer la historia y nuestros errores para evitar que se repita, aunque el costo de las mentiras nos haya casi extinguido. 

Dark (2017 –     )

La premisa de la serie tiene similitudes con otro producto de Netflix: Stranger Things. La desaparición de un niño y el pueblo que lo busca; sin embargo, sus creadores Baran bo Odar y Jantje Friese, confiaron en la calidad de su trabajo y con tan sólo un par de episodios, demostraron que la premisa era lo único similar (eso y que parte de la acción se desarrolla en los 80). Pero no más, y hasta nos atrevemos a apuntar que en realidad, entre estas dos producciones, no hay un punto de comparación, ni siquiera con su audiencia. 

Dark le hace honor a su nombre al ser una serie oscura que carece en su totalidad de humor. Existen dramas o thrillers norteamericanos que llegan a tener par de diálogos o momentos que sirven para aligerar la trama, pero en este show alemán eso es nulo. Conforme avanza la trama, la acción toma lugar en tres tiempos distintos con tres personajes diferentes: el yo del presente, el futuro y el pasado. Incluso, cada uno aparece en esas etapas con base enuna selección de casting tremendamente acertada. 

Como buena historia de origen alemán, Dark viene cargada con densos temas filosóficos, éticos, religiosos y hasta físicos; no hemos de negar que no es una serie “para pasar el rato”, sino que exige ponerle atención. Pero si uno se compromete, estará ante una de las mejores series de ciencia ficción de la década. 

Euphoria (2019 –    )

Ligeramente basada en el drama israelí del mismo nombre que se transmitió de 2012 a 2013, la serie sigue la vida de un grupo de jóvenes preparatorianos y los momentos que construyen su realidad cotidiana dentro y fuera de la escuela (lo mismo con las drogas) y todas las relaciones que los van formando… y destruyendo. 

El protagonista de Euphoria es esta generación nacida a comienzos del siglo XXI, posterior al ataque de las Torres Gemelas en Nueva York en 2001, y donde la historia de Estados Unidos cambió para siempre. Rue es el personaje principal de la serie, en donde tras haber estado en una clínica de desintoxicación, regresa para un nuevo año escolar pero nos deja la pregunta: ¿Qué es realmente lo tóxico en el mundo que rodea a Rue y al resto de sus compañeros? Al final, Euphoria destaca sobre otros dramas de adolescentes gracias a que presenta a sus protagonistas vulnerables e imperfectos, pero no romantiza con cualquiera de los recursos dramáticos de los que se podría abusar en esta clase de dramas (te hablamos a ti, 13 Reasons Why). 

Y esto sin mencionar dos grandes plus de la serie. Por un lado, la música formada por diferentes intérpretes como Jarina De Marco, Jamie xx, Beyoncé, Jorja Smith, Megan Thee Stallion, Billie Eilish, Santigold, Rosalía o Drake. Y en segundo, su fotografía, capturada por el húngaro Marcel Rév (White God), Adam Newport-Berra (The Last Black Man in San Francisco) y Drew Daniels (It Comes At Night, Waves). ¿Una más? El maquillaje y el vestuario que resalta una teatralidad que compensa, precisamente, esa falta de romanticismo en sus personajes (y no porque no se quiera, si no porque no es real).

La casa de papel (2017 –    )

Originalmente, de esta serie española sus primeras dos temporadas fueron producidas por Antena 3, pero tras ser adquiridos los derechos de transmisión para estar en Netflix, el gigante del streaming terminó por comprar la serie en su totalidad y así presentarla en todo el mundo como un contenido original. Esto ha sucedido con otras series que ahora forman parte de sus originales como The End of the F***ing World, por ejemplo. 

Un personaje al que conocemos como El Profesor, reúne a un grupo de expertos para armar el plan perfecto para robar la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre en España. Conforme avanza la serie, vamos conociendo poco más el plan del Profesor, así como a los personajes que forman parte de su grupo y que se identifican con nombres de ciudades como Tokio o Río. Pero también se van desarrollando distintos problemas que si bien no truncan en plan maestro, sí hacen ver que el éxito está muy lejos.

Lo que hace de La casa de papel tan interesante, es que juega con la idea del robo perfecto, muy en la tradición de las heist movies ya sean clásicas como The Killing, The Italian Job o la referencia más clara, Inside Man de Spike Lee. La serie logró que pasaran tres cosas: un creciente interés por los overoles rojos, la imagen de Salvador Dalí y la canción de Manu Pilas “Bella Ciao”.

Narcos (2015 –    )

Si algo caracterizó a la década, fue el boom del narcotráfico como vehículo narrativo, ya sea desde las narco novelas, películas, y en este caso las narco series. Netflix comprendió muy bien esta tendencia y entregó un producto de calidad que nunca jugó con el melodrama estilo Univisión, sino que presentó hechos históricos vestidos con elementos dramáticos. Con la primera temporada de Narcos vimos el inicio del imperio de la primera gran estrella del mundo de la droga: Pablo Escobar. 

La serie comienza en Colombia a finales de los 70 y presenta el camino que llevó a Escobar para convertirse en la figura más buscada por la justicia, y más idolatrada por muchos otros. La manufactura de la serie recaía en buena medida en el gran reparto que tenía. Comenzando por el brasileño Wagner Moura, quien después de su participación en Tropa de Élite, se sometió a clases de español para perfeccionar el acento colombiano, y fue tan bien recibido su trabajo que logró una nominación al Globo de Oro.

Tras dos temporadas y la salida de Moura, por la muerte de Escobar –perdón por el spoiler histórico–, muchos pensamos que la serie perdería su encanto, pero estábamos muy equivocados. Damián Alcázar fue un gran sucesor para la serie como el líder del cartel de Calí: Gilberto Rodríguez Orejuela. 

Por otro lado, Narcos: México, que pretendía ser la cuarta parte, terminó por ser un acompañante de la serie original. Aquí, Diego Luna interpretaría a Miguel Ángel Félix Gallardo, líder del Cartel de Guadalajara, mientras vamos descubriendo nombres más recientes del mundo del narcotráfico como Benjamín Arellano Félix o incluso Joaquín “Chapo” Guzmán. 

Master of None (2015 –    )

Aziz Ansari y Alan Yang son los creadores de esta comedia que narra el día a día de un actor indio en Nueva York. Vemos cómo lidia con sus amigos, el amor y el estar entre el limbo de no sentirse indio, pero tampoco neoyorquino. Todo esto a través de un estilo que nos recuerda mucho al cine del Woody Allen de los 70, entre deliciosa comida que va de la gastronomía mexicana a la italiana, y un par episodios que juegan con la técnica (filmado en blanco y negro), hasta uno dedicado al Día de Acción de gracias por el que Lena Waithe ganó el Emmy a Mejor guion para una serie de comedia en 2017.

Pero no vayan a pensar que es algo parecido al especial de Charlie Brown, sino que estamos ante una semi-autobiografía por parte de Waithe sobre la forma en que les hizo saber a su familia que era gay. Mientras Fleabag aborda el tema de las relaciones y la amistad desde un enfoque femenino, Ansari vendría a ser la contraparte masculina para esta década, aunque el comediante enfatiza la trama en su relaciones amorosas con Rachel (Noël Wells) y la italiana Francesca (Alessandra Mastronardi).

The Leftovers (2014 – 2017)

Tras el éxito y provocar enojo en muchos fans por el final de LOST, Damon Lindelof se embarcó en este proyecto para HBO donde adaptan la novela del mismo nombre de Tom Perrotta. La trama nos lleva a un mundo en el que de un día para otro, desaparece 2 por ciento de la población mundial. Tres años después de este evento conocido como la “Ascensión”, es que comienza la serie. 

Lo que caracterizó a The Leftovers es que en lugar de centrarse en la pregunta de “¿por qué?” de la desaparición, toma el camino del “¿Y ahora?”. Las religiones más populares pierden creyentes mientras que aparecen nuevas. Y es así que el show, como mucho de lo que hace Lindelof, se encarga de abrir otra serie de preguntas que no pretende contestar sino en mucho tiempo… o en algunos casos ni se molesta en hacerlo.

Porque más que una serie con una premisa que puede sonar a ciencia ficción, The Leftovers es un drama sobre la ruptura, sobre dejar ir las cosas, aprender a que nuestra existencia en este mundo no es segura, y cuando eso sucede, las reacciones pueden variar. ¿Para qué sirve todo esto?, ¿para qué me preocupo?, ¿por qué seguimos aquí? 

Aunque las dos primeras temporadas son difíciles de sobrellevar por el ritmo y para algunos la frustración de no obtener las respuestas que se esperan, son sus últimos episodios los que no van ofreciendo la conclusión de todos los personajes que se quedaron en la Tierra, los “sobrevivientes” de la “Ascensión”, en donde aunque pueda parecer que no hay sentido en la vida, es quizá ese el más bello de nuestro propósito como raza humana: encontrarlo encontrándonos los unos a los otros. 

Atlanta (2016 –     )

Creada y protagonizada por Donald Glover (el gran Childish Gambino), la serie sigue los pasos de Earn, un hombre en sus 30 que no ha tomado precisamente las mejores decisiones sobre su vida; sin embargo, está dispuesto a luchar para darle a su hija Lottie y su exnovia, una estabilidad mejor. Para ello también decide apoyar a su primo “Paper Boi” en su creciente carrera como rapero.

Desde los créditos donde vemos la palabra Atlanta en diferentes lugares que nos introducen a la escena que estamos por ver, hasta el soundtrack, pasando por la cinematografía, uno de los elementos que más llamaron la atención fue la facilidad con la que la serie jugaba con elementos de humor, drama y hasta surrealismo, no sólo a través de su crítica al mundo de la música, mercadotecnia o publicidad, sino a través de sus personajes principales.

Pero lo que rompió esquemas dentro de la serie, dejando en claro que no sería sólo un show de comedia y drama más, fueron dos episodios: “B.A.N.” en la primera temporada que es presentado en forma de programa de opinión con todo y comerciales falsos –por el que ganó Donald Glover el Emmy a Mejor dirección de una serie de comedia–, y “Teddy Perkins” de la segunda temporada en el que se da un giro al género y nos adentramos en la tétrica mansión de Teddy Perkins para ser una historia de terror psicológica que explora en medida los traumas de la niñez. La serie ha sido renovada para una cuarta temporada… cuando incluso ni se ha estrenado la tercera.

The Good Place (2016 –    )

Kirsten Bell siempre será Veronica Mars en nuestros corazones, pero con esta serie la conocimos en una etapa más madura, pero no por ello es menos encantadora. Acá conocemos a Eleanor Shellstrop, una mujer que despierta en el más allá donde descubre una especie de cielo perfecto en el que todo es bondad y hermosura… hasta que se da cuenta que está en el lugar equivocado ya que ella no es precisamente moralmente perfecta como el resto de la gente, por lo que debe ir aprendiendo de poco en poco sobre ética y moral.

Esa es justamente una de las razones por las que la serie creada por Michael Schur (a quien también le debemos agradecer por Parks and Recreation y Brooklyn Nine Nine) se caracteriza del resto de otros programas de comedia: el sentido filosófico moral que en ella radica dentro de cada uno de sus episodios. Es así que de la mano de sus personajes -y en especial el maestro de filosofía Chidi- aprendemos algunos elementos básicos de la filosofía moral a través de las enseñanzas de los grandes maestros como Kant, John Locke o Roussau. 

Pero debajo de lo que parecería ser esta gran capa densa de debates éticos y filosóficos, están las running jokes como el no poder decir groserías en este paraíso, así como un humor extremadamente fino y al punto, esto sin dejar de mencionar ese final de la primera temporada que sencillamente nos cambió por completo el panorama.

Stranger Things (2016 –    )

A pesar de tener ya algunas producciones que habían llamado la atención de la crítica como House of Cards u Orange is the New Black, Stranger Things fue el primer gran éxito mediático de Netflix. A los hermanos Duffer, el servicio de streaming les entregó un pequeño presupuesto para su aventura en televisión, habiendo tan sólo dirigido algunos cortometrajes y un largometraje (Hidden de 2015). 

La trama sigue la desaparición del pequeño Will Byers en el pueblo de Hawkins, Indiana, en la década de los 80. Es entonces que los amigos de Will deciden investigar por su cuenta, y de paso, entablan amistad con una misteriosa niña a la que le llaman Eleven y que les ayudará en el proceso. 

Stranger Things bebe de este cine de aventuras ochenteras como Los Goonies, Gremlins, Firestarter, Cuenta conmigo, E.T. y un largo etcétera. Fue tal el impacto de la serie, que se podría considerar como la precursora de un resurgimiento de la estética y narrativa de la década de los 80, en donde se apelaba mucho más por la historia y la química entre los protagonistas que por los efectos visuales, amén que fuera una historia original sin estar basada en algo previamente escrito. 

Esto sin mencionar la música compuesta por Kyle Dixon y Michael Stein, dos de los cuatro miembros de la banda de Austin, Texas, Survive, en donde sintetizadores con influencia de John Carpenter, Giorgio Moroder y Jean-Michel Jarre sirven de marco para nuestro viaje al Upside Down. 

Mad Men (2007 – 2015)

Todo el tiempo que trataba de encontrar algo interesante y que me fuera a llamar la atención como creador, cualquier cosa siempre ocurría en los 60” dijo alguna vez Matthew Weiner, la mente detrás de uno de los dramas que ayudó a comprender muchas de las cosas que estaban mal no sólo en los Estados Unidos de esa década, sino en el mundo en general.

La serie sigue la historia de la agencia Sterling Cooper Advertising Agency y su director creativo Don Draper (Jon Hamm). En ella se tocan temas como el sexismo, feminismo, homofobia, antisemitismo, alcoholismo y mucho, mucho cigarro. Es así que durante sus siete temporadas fuimos testigos del tratamiento que se le daban a estos tópicos siempre buscando la forma en crear consciencia y a través del drama que vivían todos sus protagonistas. 

Mad Men fue en gran sentido la responsable de este renacimiento por el interés en la estética de los 60 y que se vería reflejada en varias series y películas, todo ello gracias a las influencias que tuvo Weiner y que se llegan a disfrutar desde los créditos iniciales que nos recuerdan a Saul Bass.

Brooklyn Nine Nine (2010 –    )

Son contadas las series que tras haber sido canceladas, fueron rescatadas por otra cadena gracias a la presión de los fans (entre ellos Guillermo del Toro) y a los elogios de la crítica. Ese es el caso de este show creado también por Michael Schur (The Good Place) junto con Dan Goor.

La historia sigue a Jake Peralta (Andy Samberg) y sus compañeros de la comisaría 99 en Brooklyn. Todos ellos están bajo la orden de un nuevo capitán Raymond Holt, quien recibe su primera oportunidad como jefe del escuadrón, a pesar que antes tuvo que luchar contra los prejuicios sobre su orientación sexual y su raza. Pero siempre todo ello tratado con humor. 

Una serie como Brooklyn Nine Nine puede caer en las bromas sencillas –o de mal gusto– sobre los temas LGBT o de inclusiones raciales, pero la ejecución es sutil y elegante. Aunque eso es tan sólo la punta del iceberg, la serie goza de un cast que no sólo tiene a un Andy Samberg que se redime con la audiencia que lo tenía encasillado como ese actor ácido y complicado de ver, sino que está un Terry Crews en sus mejores momentos cómicos o hasta Chelsea Peretti quien finalmente destaca como siempre debió hacerlo. 

Black Mirror (2011 –    )

Su nombre deriva del reflejo que provoca la pantalla negra ya sea de nuestros celulares, tablets, computadoras o pantallas de televisión cuando están apagados. El columnista de The Guardian, Charlie Brooker, tuvo el concepto de esta serie de antología en el que el principal eje es la tecnología y las repercusiones que tiene en nuestra vida, pero nunca a manera de crítica, sino a dónde hemos, o peor aún, podremos llegar. 

Las dos primeras temporadas de tres episodios cada una, se transmitieron a través del canal Channel 4 en Inglaterra, y sin duda cambiaron el panorama para la televisión, especialmente si consideramos que su primer episodio involucra al Primer Ministro de Reino Unido obligándolo a tener sexo en cadena nacional con un cerdo. Con muy sutiles conexiones entre cada episodio –algunas casi imperceptibles–, Black Mirror aborda temas como la soledad, la búsqueda del amor, el anonimato en línea o la seguridad nacional pero sin buscar ser una respuesta sino siempre dejarnos con una pregunta al aire. 

El 28 de diciembre de 2018, Netflix, ahora dueña de los derechos, estrenó en su plataforma la película Bandersnatch, la primera película en su tipo en estar bajo el formato “Choose your own adventure, y en la que nosotros éramos ya también parte de la dinámica de la serie de Brooker. 

Rick and Morty (2013 –     )

Lo que comenzó como un corto parodia de Volver al Futuro, terminó por convertirse en una de las series con mayor referencia en internet y en el mundo real, ya sea en esta dimensión o en cualquiera otra que exista en nuestro multiverso presente. Creada por Dan Harmon y Justin Roiland, la serie podría dividirse en dos. Por un lado aborda conflictos terrenales familiares encabezados por el matrimonio de Jerry y Beth junto con sus hijos Summer y Morty, pero por el otro está el abuelo de Morty, Rick Sanchez, quien lo lleva a través de diversos mundos interdimensionales en cientos de aventuras y problemas.

Y es precisamente el encanto de los multiversos y las dimensiones lo que se ha ganado nuestros corazones gracias a la imaginación de sus escritores y la facilidad con la que Rick convence a Morty para viajar entre mundos paralelos. Hemos conocido mundos donde los autos estornudan o donde nadie usa pantalones, el mini-verso, micro-verso, tiny-verso, o un mundo donde no existe el cambio de horario de verano. Esto sin mencionar al ya extremadamente famoso y estrella Pickle Rick o el episodio “The Rickantlis Mixup”, en el que se tocan temas ligeros como política, capitalismo, corrupción policiaca y hasta porno de incesto. 

Halt and Catch Fire (2015 – 2019)

Si en esta década tuvimos en el cine la The Social Network de David Fincher y Jobs de Danny Boyle, en televisión nos llegó esta serie que repasa los inicios de la guerra de las computadoras personales, las primeras comunidades en línea y el nacimiento de internet. La serie es protagonizada por tres actores que han brillado en cine pero que en esta serie ofrecen mucha más profundas que sus papeles en la pantalla grande: Lee Pace, Scoot McNairy y Mackenzie Davis.

A través de cuatro temporadas, somos testigos de esta eterna lucha por el sueño americano en donde sólo los más fuertes, inteligentes y manipuladores sobreviven, básicamente personajes que harían enorgullecer a Steve Jobs y Mark Zuckerberg. Porque lo cierto es que aunque somos testigos de los eventos más trascendentales del mundo de la tecnología de los 80 y 90, la serie nunca toma el camino sensacionalista para abordar personajes históricos como los ya mencionados. 

Con un diseño de producción pocas veces visto y un soundtrack digno de la época, Halt and Catch Fire –que es el nombre de una instrucción para ejecutar un cese a la computadora central– es una serie necesaria para todo aquel fan de las computadoras, programación y comunidades en línea. 

Key & Peele (2012 – 2015) 

Ahora todos lo conocemos como una de las voces del género de terror más prometedoras en el cine: Jordan Peele. Sin embargo, antes de eso, demostró que era uno de los elementos más importantes y trascendentales del mundo de la comedia en televisión junto con su compañero Keegan-Michael Key. Por si no te suenan, ambos prestaron sus voces para Toy Story 4 como los exquisitos Bunny y Ducky. 

A lo largo de varios años, han habido programas de comedia hechos por y para la comunidad negra (The Jefferson, Martin, El príncipe del rap), pero son contados los ejecutados en formato sketch como Chapelle’s Show o The Richard Pryor Show. Pero en el caso de Key & Peele, la dupla buscó ir más allá y hacer una crítica social hacia el exterior, pensando en generar consciencia más allá de la mera burla y sátira. 

Pueden ver una infinidad de sketches en YouTube para darse una idea del impacto que tienen y su humor tan directo, pero si nos tuviéramos que quedar con uno, sería con el que quisieron despedirse: “Negrotown”… y que podemos ver tiene la semilla de Get Out

Community (2009 –  2015)

Si tuviéramos que relacionar una palabra con Community, esa sería “semillero”. La serie fue creada por Dan Harmon (Rick and Morty) y protagonizada, entre otras personas, por Donald Glover, Alison Brie, Gillian Jacobs y Joel McHale. La música fue compuesta por Ludwig Göransson (ganador del Oscar por Black Panther) y algunos de sus episodios más icónicos los dirigieron dos hermanos que se estaban abriendo un lugar en la industria: Joe y Anthony Russo.

En la serie tenemos un grupo de personas que no han podido obtener su título universitario ya sea por mentir o hasta por tener problemas con el abuso de drogas, y es por ello que deben estudiar en un Community College. Estos seis personajes se juntan para hacer un grupo de estudio de español, y a partir de ahí vemos todo lo que pasan. 

Community usa el humor meta de Harmon y la facilidad de adoptar un género cinematográfico por parte de los Russo para entregarnos joyas como episodios sobre batallas de Paintball bajo el género del western o uno sobre Dungeons & Dragons en el que sólo gracias al sonido nos transportan a un mundo fantástico. 

Downton Abbey (2010 – 2015) 

Sin duda, el melodrama que acaparó la década al grado de llevarlo a la pantalla grande este 2019, fue sin duda la historia de la familia aristócrata Crawley, sus amigos y la servidumbre que trabaja con ellos. Todo dentro del marco de la época eduardiana y un par de años más. 

Todas las conspiraciones, traiciones y escándalos que acontecen a lo largo de la serie sin duda ayudaban a reafirmar el elemento melodramático, mismo que era criticado por un sector que lo señalaba de anticuado. Pero ese era el encanto de los Crawley, en donde hasta las muertes en los especiales navideños eran tema de conversación y discusión. Downton Abbey preparaba en cada uno de sus episodios las dosis necesarias de dramas que siempre le ha gustado al público cuando se trata de un buen chisme. 

Adventure Time (2010 – 2018)

Situada en el postapocalíptico mundo de la Tierra de Ooo –debido a que siglos atrás fue la Gran Guerra de los Champiñones lo que devastó todo–, tenemos al único humano que queda: el pequeño Finn, quien junto a su hermano adoptivo Jake, un perro que puede hablar y cambiar de tamaño y forma, vivirán muchas aventuras.

Lo que Adventure Time tuvo en esta década a diferencia de otras caricaturas, fue la forma en que abordó temas tan cruciales para nuestra época y presentarlas a un público infantil, como relaciones del mismo sexo, temas de género, equidad, privilegios y hasta enfermedades mentales, todo ello tratado de una manera ingeniosa sin caer en la imposición. 

A lo largo de 10 temporadas, con episodios de 11 minutos de duración, Finn crece de tener 12 años al principio a 17 hacia su final. Es así que somos testigos de un sinfín de aventuras, sí, pero también de momentos que nos rompen el corazón aunque sean caricaturas, desde donde Limonjohn (una limonagrio gigante) toma la decisión de sacrificarse para no hacerle daño a la gente del Dulce Reino. O Princesa Galleta, quien toma la decisión de suicidarse por no poder ser una princesa: “Al menos por un momento, me hiciste sentir como una, fue maravilloso. Gracia,  Jake”. Y así, estamos llorando por una galleta… ¡una maldita galleta!