“¿La América ficticia está preparada para una mujer presidente?, ¿cuáles serían las consecuencias de esto en el mundo real y viceversa?”, fueron las dos preguntas centrales que se plantearon Melissa James Gibson y Frank Pugliese, creadores de House of Cards de Netflix, cuando formularon la premisa de la temporada final. La salida repentina de Kevin Spacey, quien interpretó durante cinco años a Frank Underwood, el personaje central, puso de cabeza toda la producción.

Independientemente del escándalo en el que el actor se envolvió y provocó su salida de la serie, la serie y su personaje hablaron por sí mismos y plantearon una nueva forma de consumir dramas intensos de corte político. Sin embargo, la salida de Frank y la llegada de Claire Underwood (Robin Wright) a la Casa Blanca, no sólo puso a pensar a los creadores, sino también a las audiencias…

Quizá nunca nos dimos cuenta, pero House of Cards más que un drama centrado en la política estadounidense –y todas las virtudes y defectos que devienen con ella–, la idea de democracia y los límites de la sociedad frente al poder, se trata sobre un matrimonio y todas las posibilidades del mismo. Y con esto en mente, sumado a la nueva percepción y empoderamiento femenino fuera de la ficción, fue que se construyó la sexta y última temporada.

Sabíamos desde hace tiempo que la sexta sería la última, pero por supuesto teníamos a Francis como parte integral de ella. Así que cuando supimos que no sería el caso, nos reagrupamos. Sabíamos que cualquier versión en que el personaje de Francis no haya existido, sería falso. Queríamos asegurarnos de que esta historia termina con integridad”. Y el resultado, como se ha visto en los avances, se dio con la muerte de Frank Underwood que se explica en los primeros 100 días de gestión de Claire como máximo líder del país.

Con o sin la salida de Spacey y la muerte del personaje de Frank, el camino nos llevaría a esto, a la posibilidad de ver a una mujer en la presidiendo la Oficina Oval aunque sea desde la ficción. Y con esto regresamos a las preguntas que Gibson y Pugliese se hicieron, “¿La América ficticia está preparada para una mujer presidente?”.

En 2016 pensamos que la realidad sí estaba lista para darle la bienvenida a Hillary Clinton como la primera mujer en liderar la nación más poderosa del mundo, pero los resultados –y esa misma realidad– nos mostraron lo contrario y revelaron algo aún más oscuro: América eligió a un hombre que llevó su campaña –y sus dos años de gestión– con base en un discurso de odio, división, intolerancia y que al mismo tiempo ha revelado el resurgimiento de grupos de odio y ultraderecha.

Claire Underwood ahora es presidente, pero al mismo tiempo sigue siendo la primera dama e incluso viuda. ¿Y acaso no son todos estos papeles y más los que las mujeres están obligados a jugar en un mismo momento? Con el caso de Harvey Weinstein sobre sus 20 años de acoso sexual, violaciones y abuso de poder, alimentado por Kevin Spacey y ahora Brett Kavanaugh y la posibilidad de traer de vuelta el pasado como una forma de denuncia, surgieron más verdades de las que habíamos imaginado: Primero, las mujeres se habían mantenido en silencio durante casi toda su existencia; segundo lugar, los hombres también pueden ser víctimas de su un sistema basado en el poder; tercero, las minorías ya se por su condición física o preferencias sexuales, han sido delegados a un segundo plano; y cuarto, el inminente racismo y discriminación no sólo por sexo, sino por raza.

De alguna u otra forma, la salida de Spacey dentro del curso “natural” de las cosas, hizo que Claire tomara el lugar que siempre le pudo haber correspondido, y con la última temporada se hace realidad (siempre pensando en la ficción). Esta última entrega de House of Cards, de acuerdo con los creadores, se trata de reconocer el lugar de Claire no tanto como mujer, sino como persona, alguien que también puede equivocarse, tener ambiciones y tomar decisiones.

El tema en general de esta temporada es la complicidad. Claire está navegando y negociando todas las cosas que hizo junto a Francis. Melissa y yo siempre pensamos que en el fondo, la serie era sobre un matrimonio”. Como mencionamos, la base de House of Cards de ninguna manera es la política, sino las relaciones sociales y personales que nos hicieron, de alguna u otra forma, seres políticos. El matrimonio, al menos para Jean Jacques Rousseau, es un contrato civil y social que se dimensiona bajo preceptos legales, económicos y, por ende, políticos. La pregunta que se plantea es: ¿Francis y Claire realmente se amaban? “Creo que negociaron la idea de amor para ellos mismos”, comentan Pugliese y Gibson.Su avaricia y poder era la fuerza detrás de su matrimonio. De hecho, esa búsqueda de poder podría ser su versión de hacer el amor”.

Claire ahora debe asumir las consecuencias de lo que hizo su esposo en solitario, pero también con ella. Y además, también debe mediar con sus propias decisiones y las que la fuerza política quiere imponer. Aquí entra en juego la familia Shepherd conformada por Bill, Annette y su hijo Duncan, personajes que son interpretados por Greg Kinnear, Diane Lane y Cody Fern, respectivamente. Esta poderosa familia, los clásicos personajes que han construído América con influencias y mucho dinero, se contrapone a algunos intereses personales y profesionales de Claire, lo que hace de la historia algo más interesante y diferente de lo que vimos durante cinco años. ¿En quién puede confiar Claire, quiénes están dentro de su mismo juego, cuáles son lo grupos que ponen en peligro su carrera política y quién sabe más o menos que ella?

‘Acabó el reinado del hombre blanco’: Tráiler de ‘House of Cards’ de Netflix

Claire Underwood ahora es presidente de Estados Unidos.

Claire y Doug, los dos fieles acompañantes de Francis Underwood, llegaron al límite de su humanidad, sobre todo el segundo, mientras el protagonista, despiadado por naturaleza, se mantuvo en un mismo espacio y tiempo. Con esto, Claire y Doug se convirtieron en dos personajes más orgánicos que evolucionan y se salen del mismo punto.

Por eso es que lo más evidente apuntaba a Claire con un protagónico y a Doug como la redención y el centro moral de la temporada final.