¿Cuál es el encanto de la franquicia de Men In Black? Sin ponernos rigurosos, la primera película de 1997 es sencilla, del tipo que parece no esforzarse en el tema ni la construcción de los personajes, una cinta en la que sus protagonistas se ven orgánicos y cumple con su función de entretener a una audiencia variada. La premisa de que vivimos entre aliens escondidos bajo distintas formas como un humano o un perro, resulta fascinante y se potencia con un detalle…

Men In Black fue el principio de una franquicia única que mezcló distintos géneros fílmicos como la acción, ciencia ficción y comedia. Sin embargo, el punto más destacado de la primera cinta, fue la dinámica entre Will Smith y Tommy Lee Jones como los agentes J y K. El primero, un joven callejero que no piensa dos veces las cosas, hace equipo con un veterano, un hombre serio sin carisma que parece no reaccionar ante nada.

El agente J es joven mientras K es mucho mayor y comprende el mundo de una forma distinta. Esa dinámica marcada por la brecha generacional entre dos protagonistas de misma importancia, es lo que construye toda la narrativa de la película y le da esa grandiosa simpleza. Ninguno se esfuerza por impresionar al otro y sus personajes fluyen de forma natural.

Eso se ve reflejado en la segunda película, pero sin la gracia de la primera. Después de esa segunda entrega en 2002, pasaron 10 años para que Men In Black regresara en una entrega que dejó la fantasía en segundo plano y se centró en la parte emocional, incluso la comedia. Sin embargo, y a pesar del paso del tiempo, los dos agentes (los dos experimentados) mantuvieron su ritmo, no quebrantaron la empatía del público a pesar de los años y la imposibilidad de imitar la primera entrega.

Este 2019 regresa el universo de Men In Black con un spin-off, o al menos eso es en la teoría. F. Gary Gary toma la silla de director en MIB: International junto a Chris Hemsworth y Tessa Thompson como los nuevos agentes, ahora bajo las letras de H y M, respectivamente.  

Thompson interpreta a la agente M, una chica que después de ver cómo unos hombres de negro flasheaban al olvido a sus padres después de un episodio con aliens, decide poner su vida en función de buscar aquella institución secreta. Un día lo logra cuando rastrea la sede de los MIB en Nueva York y convence a la Agente O (Emma Thompson) de quedarse. Para probar sus habilidades, M es enviada a Londres donde conoce al agente H, un héroe guapo y simpático que ha perdido el piso después de haber salvado al mundo junto a su líder, el High T.

Con Men In Black: International nos enfrentamos a una situación similar de la primera. Lo agentes protagonistas son de la misma edad, a diferencia de la primera película y la enorme diferencia de edades. El común denominador es la carrera: M es una novata como J en su momento mientras K y H son expertos… sin embargo, la historia es tan floja, que no logra definirse una dinámica natural, y por ende, los personajes se quedan en un mismo plano durante toda la película.

Tessa Thompson y Chris Hemsworth muestran habilidades para la comedia que podían llegar a más con un mejor guión. A Hemsworth lo hemos visto en comedias (sin querer queriendo) como Thor: Ragnarok y algunas otras de Marvel en un personaje que provoca risas en situaciones contrarias. En cuanto a Thompson, su fuerte es el drama, pero ha mostrado inquietud por la comedia negra, quizá la más complicada de todas. Así que una cinta dentro de la franquicia de los MIB no representa problema.

Sin embargo, como mencionamos, la historia no fue justa con sus habilidades ni con lo bien que lucen con el traje. Como mencionamos antes, Men In Black: International debía ser un spin-off, pero parece un reboot mal logrado, entrando al mal de Hollywood que se aferra a dejar respirar las historias icónicas para dar paso a nuevas y originales franquicias (si así lo quieren).

Las referencias al universo de MIB deben ser obvias con armas y conceptos similares. Incluso, el agente O que vimos en la segunda película interpretado por Emma Thompson, aparece con el mismo discurso de jefe Z; ni qué decir del perro Frank y los aliens que toman café y fuman cigarrillos. Eso es comprensible, pero la historia es prácticamente la misma: los dos agentes deben salvar al mundo de una doble amenaza. La primera, que los humanos descubran que hay vida fuera de la Tierra y que están a punto de ser exterminados.

El potencial de Men In Black es enorme, pero no lo lograron para esta cinta que se pensó como un reboot y no un spin-off que glorificaría el pasado, pero dando paso a la frescura del presente. El personaje de Hemsworth no se define en ningún momento, ni siquiera al final de la película. El de Thompson crece, pero el aprendizaje es mínimo. Por ejemplo, los personajes secundarios suelen ser más interesantes. Nos habría gustado ver más del extraterrestre que interpreta Rebecca Ferguson, una dealer internacional de armas que parece tener secretos más interesantes que los de los protagonistas.

Sin embargo y a pesar de las contrapartes, MIB: International es divertida y tiene sus momentos altos como la sugerencia, perdón por el spoiler, de que Donald Glover es un alien: “Tiene sentido”, y apoyamos la moción. Lo mismo va con la presencia de un pequeño ser de otro planeta que se describe como fiel seguidor del agente M y que le agrega cierto encanto a la buena química que se siente entre actores, pero no de personajes. Los protagonistas ya habían trabajado juntos y se nota, pero sus personajes nunca logran encajar entre situaciones de peligro, reflexivos y hasta de fraternidad.

La película queda abierta para el regreso de los Men In Black con Hemsworth y Thompson a la cabeza, o tal vez sólo uno de ellos. En caso de que sea así, esperamos que construyan una historia dentro del mismo universo construido hace más de 20 años, pero con una historia diferente que represente los rostros nuevos y se adecúe a las circunstancias actuales, sobre todo desde el aspecto fílmico.