El 13 de enero, Netflix consiguió 24 nominaciones para la gran ceremonia de premiación del cine mundial. Esto es más que cualquier otra compañía de medios en la industria este año, siendo primera vez en la historia de los Oscar, que el estudio con más nominaciones es un servicio de transmisión en streaming.

El logro de Netflix, en gran parte gracias a la actuación de The Irishman y Marriage Story, ilustra una nueva actitud de la Academia hacia los servicios de streaming. Una que no siempre fue buena por decirlo de una manera apacible. Sin embargo, creo que entendieron bien la lección que Bluckbuster nunca pudo: si no te adaptas a los cambios inminentes en tu industria, desapareces.

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La lucha entre Netflix y la Academia, que parece estar desapareciendo, es una bastante particular. Una que hasta podría considerarse natural, ya que pocos cambios vienen sin resistencia alguna en este mundo. Este conflicto de Netflix con la industria en general se la ha tenido que aventar contra todos los frentes posibles: creadores, propietarios de cines y la Academia.

El mayor problema de Netflix, fue con los propietarios de los cines. Tradicionalmente, los Hollywood Studios e incluso Amazon, acordaron que una película debía transmitirse primero en un cine durante 90 días antes de poder estar disponible en un sitio de video por streaming. Algo que a Netflix se le hizo ridículo, ya que nunca han estado interesados en ganar dinero en la taquilla. En cambio, se trata de prestigio y ganarse a los suscriptores.

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Para ser elegible como una película que compita en los Premios Oscar, Netflix debe proyectar sus películas en los cines durante al menos un corto tiempo. Las reglas de elegibilidad de la Academia requieren una película durante al menos siete días consecutivos en un teatro comercial en el condado de Los Ángeles. La película también debe mostrarse al menos tres veces al día, con al menos una proyección entre las 6 p.m. y las 10 p.m. Para lo que a Netflix se le ocurrió una maravillosa jugada: comprar su propio cine. Así el servicio de transmisión ya no tiene que depender de terceros para mostrar sus películas al público y de paso, competir en los premios de La Academia.

Roma de Alfonso Cuarón fue la primer película que llegó a cambiar el juego. Fue la primera en ser nominada a Mejor Película siendo lanzada en un servicio de streaming. Si bien la película no ganó, obtuvo el mejor largometraje internacional, el mejor director y los mejores premios de cinematografía. Esto no solo demostró que Netflix puede crear contenido de calidad, al igual que un estudio tradicional, sino que también ayudó a convencer a los dueños de cines independientes de permitir que las futuras películas de Netflix se proyectaran en sus cines.

¿Estas 24 nominaciones de Netflix pueden ser consideradas como la aceptación oficial de derrota de La Academia? ¿Será que en tan solo seis años Netflix logró darle la vuelta a un sistema que lleva 92 años poniendo las reglas? Estas preguntas las responderá el tiempo, sin embargo, el 2020 es el año en el que empieza la guerra por ser el gigante del streaming, algo que inclinará aún más la balanza en los siguientes premios hacia los estudios de televisión por demanda. Además, ya solo tienen que replicar lo que hizo Netflix para entrar al juego.