Cuando se anunció la producción de Rocketman, la biografía de Elton John, y la participación del cantante y su esposo David Furnish como productores, no quedó de otra mas que pensar que la historia se iba a manejar a conveniencia de la figura con algunos puntos bajos que lo muestren humano, pero picos demasiado altos que afirmen su estatus de leyenda.

Sorpresivamente, con Rocketman no sucede esto, sino se muestra un filme sincero y lleno de fantasía que le hace justicia a un representante del glam y el pop, pero también a la persona que está siempre detrás de los estrafalarios trajes y lentes. Rocketman arranca con una premisa que se mantiene durante toda la película: Elton John, con un traje de diablo, entra a una sala de rehabilitación para hablar de su vida, sus problemas y enfrentarse a sí mismo.

A partir de esto, es que el director, Dexter Fletcher, nos presenta a Reginald Dwight, un niño regordete que vive con su abuela (una señora cariñosa y comprensiva) y su madre (interpretada fríamente por Bryce Dallas Howard), una mujer distante y narcisista que piensa en el pequeño Dwight como un estorbo. Ni qué decir de su padre, un hombre ausente que no considera a Reginald como su hijo, sino más bien como un estorbo. “No seas blando”, le dice cuando el niño le pide un abrazo después de un largo periodo de ausencia.

Sin embargo, la salvación de Reginald Dwight llega con sus manos, sus oídos y las ganas de su madre de no tenerlo cerca. El pequeño Elton tiene talento para el piano y su madre accede a pagarle unas clases con tal de no cuidarlo. Y es a partir de aquí, y una beca en la escuela de música, que percibimos el nacimiento de una estrella de rock (aunque se pueda prestar a debate si se inclina por el pop). Reginald Dwight se cambia el nombre por Elton John y llega a su vida la clave de su talento: Bernie Taupin, quien le pone letra a sus melodías y viceversa.

Bernie, papel interpretado por Jamie Bell, le da forma a la historia y nos lleva al centro de la misma. Rocketman es una biografía musical, sí, pero no podemos pasar por alto que es una historia de amor entre Elton John y Bernie Taupin. Y la clave de esto se encuentra en la escena en la que John musicaliza “Your Song”, su primer gran éxito. 

Muchos otros personajes circunstanciales llegan a Rocketman como John Reid (Richard Madden), quien se convirtiera en el amante y manager personal de Elton John, pero también en la razón de su soledad, dolor y hundimiento en las drogas como la cocaína, el alcohol, la adicción a las compras y a la comida. Sin embargo, no podemos dejar de lado el hecho de que Reid hizo que Elton John se sintiera cómodo con su homosexualidad, algo que admitió mucho tiempo después, incluso de que en 1976 asegurara ser bisexual.

Todas estas partes en la que Elton John se descubre en soledad y con las palabras de su madre de “Nadie te va a amar como se debe”, parafraseando, pueden llegar a ser tediosas si olvidamos la clave de Rocketman: la película está escrita como un musical. Si llegamos a la sala de cine con eso en mente, entonces vamos a disfrutar de una grandiosa cinta que se rinde tributo a sí misma (como mencionamos, es una biografía de Elton John producida por Elton John). El guión de Lee Hall (Billy Elliot) se construye en las intervenciones musicales llenas de elementos fantásticos que no están descritas en una línea de tiempo como tal, sino que representan el momento exacto en que el protagonista se encuentra, es decir, en un episodio de euforia, dolor, ausencia, soledad, hasta egoísmo.

No son demasiados números musicales, son los necesarios para hacer un repaso corto de la enorme carrera de Elton John como un ícono de la cultura pop. Taron Egerton, el actor protagonista, lleva toda la carga emocional de un personaje que se desconoce, no se acepta y se niega constantemente. Taupin es la única persona que le recuerda que la clave de su éxito es la autenticidad, la cual reside en su talento, no en la apariencia ridiculizada que alguna vez formó parte de su imagen (aunque sin dañarla). Egerton se puso la piel de una figura como Elton John y triunfó. Más grande es su mérito cuando descubrimos que todos los números musicales fueron interpretados por él.

Hasta este punto, no podemos evitar pensar en Bohemian Rhapsody, la mal llamada biografía musical de Freddie Mercury del año pasado que arrasó en taquilla y en reconocimientos. No podemos augurar el mismo éxito para Rocketman, y no porque no sea una buena película (al contrario, está mejor desarrollada que Bohemian Rhapsody) sino porque las expectativas han sido menores. La película de Mercury tardó ocho años en terminarse con una pasarela de directores, dos protagonistas y demás retrasos. Bryan Singer dejó el proyecto y Dexter Fletcher tuvo que entrar a salvarla, y vaya que lo logró.

Toda esa creatividad y energía que pudo haber puesto en Bohemian Rhapsody si lo hubieran elegido desde el principio, está presente en Rocketman. Y se agradece. Las similitudes son evidentes con el ascenso de una leyenda poco probable, un ícono de la comunidad LGBT+, ese villano humano que toma control de su carrera, la mujer heterosexual que sirve de carnada y la redención hallada en el punto de quiebre de su carrera y vida personal.

Sin embargo, la diferencia que notamos, al menos la más importante, es que Rocketman fluye con naturalidad y Elton John deja de ser una leyenda para ser un hombre, para conocerlo así, cosa que no se logró con Freddie Mercury en Bohemian Rhapsody. Por ejemplo, en la biografía del vocalista de Queen se evitó de forma muy evidente y extraña, las muestras de amor sexuales entre dos hombres. En Rocketman, si el personaje central es homosexual, podemos ver esto con naturalidad y cuando es necesario.

Cuesta trabajo crear empatía con una audiencia que no está acostumbrada a los musicales. Pero Rocketman podría ser una excepción porque no busca ser perfecta, sino fantasiosa y muy metafórica (a veces demasiado) para hablar de un hombre que sigue construyendo su carrera musical con éxitos creados en sus momentos más vulnerables. Al igual que la música de Elton John, Rocketman toca las fibras más sensibles de su público, sobre todo con una escena final en la que el abrazo que Reginald Dwight pidió a su padre, en realidad no era para él, sino para Elton John…

Una disculpa, un momento de verdad y un amor propio que se vive en un musical en el que la estrella total no sólo es Elton John o Taron Egerton, sino también Dexter Fletcher por regalarnos un filme sincero que podría no ser de Elton John (cualquier nombre que se les ocurra) y aún así funcionar.