Yorgos Lanthimos es un director griego posmoderno. Más la segunda que la primera, quizá, considerando que dejó su idioma y su país para entrar de lleno a las producciones hollywoodenses que si bien no pretenden ser un éxito taquillero que marque la historia, sí utilizar sus mejores recursos como el inglés, el dinero y los actores de la lista A que dominan festivales, premios y, por qué no, la misma taquilla.

Sin embargo, hay algo distinto en Lanthimos que lo excluye de una lista de realizadores que ceden a los encantos de la industria del cine como nosotros la conocemos. Y aunque suene complicado, es más sencillo de lo que realmente es: Se trata de un patrón, la narrativa de sus historias oscuras y lo atípico de sus personajes que, al final, siempre se lastiman por amor propio o un objeto de deseo que resulta siempre incomprensible y hasta desconocido.

Basta con irnos hacia atrás, al 2009, para comprender la filmografía de Lanthimos. Ese año, el cineasta lanzó Canino (o Colmillos, depende de la región), un drama familiar en el que un padre mantiene encerrados a sus hijos y esposa en una gran casa alejada de la sociedad. Afuera, les dice, hay monstruos que los matarán, así que deben crecer dentro de las bardas de la residencia. Sin embargo, y por accidente, llega Rocky Balboa a la vida de uno de los miembros que se encuentran confinados y las dudas comienzan a surgir. ¿Es cierto que podré salir cuando se me caigan los colmillos o mejor me los quito?

Luego nos vamos al 2011 con Alps donde la protagonista, una enfermera solitaria, entra a un grupo de personas dedicadas a actuar como el ser querido que acaba de morir. Es decir, adoptan las palabras, posturas y costumbres del difunto para ayudar a los familiares a sobrellevar la pérdida. Todo se trastorna más de lo que realmente es cuando ella quiere convertirse o ser o a quien interpreta. Como pensamos, todo termina mal.

El primer gran salto a Hollywood lo dio con The Lobster en 2015 junto a Colin Farrell y Rachel Weisz. Esta historia es de amor, pero no del convencional o el típico de una chick flick. The Lobster nos presenta un futuro donde las personas que no pueden tener pareja, son enviadas a un hotel para que en menos de 40 días, consigan una pareja funcional. Si fallan, las autoridades tienen el poder de convertirlos en un animal de su elección. David se enamora, pero lo hace de una de las chicas que han escapado y que vive escondiéndose de los cazadores dentro del grupo de los Solitarios. Ella es miope, y antes de fugarse con David, queda completamente ciega. ¿Qué sigue? David se saca los ojos.

Un par de años después, llegó a nosotros The Killing of a Sacred Deer con Farrell nuevamente, pero ahora junto a Nicole Kidman para interpretar un matrimonio ideal (por no decir funcional), con una rutina extraña. La pareja se ve en la necesidad de sacrificar a uno de sus hijos para que todos los demás sobrevivan. ¿La razón? La extraña presencia de un joven sin padre que, sin explicaciones (pues no son necesarias), decide maldecir a la familia. Lanthimos nunca termina bien, no lo hará nunca. Ese es precisamente, el punto de su narrativa: Nada puede terminar bien porque todo, desde el sistema, está mal.

Olivia Colman como la reina Anne.

Su última cinta, The Favourite, no podría ser la excepción a una regla que marca y rompe la comedia negra de los últimos años. Este filme, el cual tuvo su estreno en México en el Festival Internacional de Cine de Los Cabos, está protagonizado por Emma Stone, Rachel Weisz y Olivia Colman como tres mujeres dentro de un triángulo amoroso/sexual/dominante basado en la tragedia y la manipulación de las emociones antes que el cuerpo o las ideas.

Olivia Colman interpreta a la reina Anne, una mujer que toda su vida ha sido manipulada de forma emocional, lo que trae como consecuencia una actitud infantil marcada por las continuas enfermedades y la muerte de sus hijos (algunos no nacidos) representados en el filme por conejos. Weisz da vida a la consejera real de Anne, llamada Sarah, quien desde niña ha mangoneado a la reina a su favor y en pro de una guerra contra Francia que podría dejar al país en la ruina. Sin embargo, su relación lésbica y de dominio conforman la parte central de la historia hasta que llega Stone como Abigail, una chica que cae en ruina cuando su papá la vende y, por ende, deja de ser noble. Tanto Sarah como Abigail, comienzan a pelear por la atención maternal de Anne y su deseo sexual alimentado por la soledad y el cuerpo femenino.

Rachel Weisz como Sarah en ‘The Favourite’.

Las poco más de dos horas de comedia negra y drama en The Favourite, culminan con la idea de que al final, nadie queda satisfecho con el poder y el dinero, pero tampoco con la soledad, la liberación, la traición y la mentira conocida. Para no perder la costumbre, Lanthimos nos ofrece nuevamente a un personaje ignorante (en  un sentido brutal de la palabra), desesperado y capaz de lastimarse a sí mismo o quien esta a su alrededor por responder sus preguntas o conseguir lo que quiere. En el caso de The Favourite, más que un estatus o un lugar “respetable” en la vida noble de la época, el dolor físico y emocional se dirige con el objetivo de sentir que se está vivo.

Podría decirse que Colman como la reina Anne nos da su mejor papel en una carrera actoral que ha sido marcada por otras cosas menos los dramas de época que van de los gracioso a lo verdaderamente perturbador  (hasta ahora que también formará parte de The Crown de Netflix como la reina Isabel II). El punto de quiebre de cada una de las escenas y diálogos cargados de retórica, es Anne y la posibilidad que tiene de hacer un personaje ridículo, alguien totalmente digno de nuestro cariño y, por qué no, lástima.

Emma Stone como Abigail.

The Killing of a Sacred Deer de 2017 es un filme complicado en el que no hay cabida para lo gracioso, y esta pudo haber sido la razón por la cual si bien no pasó desapercibido, no causó el mismo impacto que los trabajos anteriores de Lanthimos. The Favourite, una vez más con el lente del director griego, reinventa todo el concepto de comedia y drama hollywoodense que tenemos, y lo hace evolucionar en algo que puede comprenderse mutuamente y asimismo. ¿Por qué no reírnos de la falta de decisión de una reina que en lugar de comprender los abucheos relacionados a la guerra sólo escucha un “gorda”?