¿Por qué me interesa?

El 14 de febrero puede ser el día del amor propio total. Aquí unos viajes para disfrutarnos a nosotros mismos.

El 14 de febrero es una fecha compleja. Para algunos es un invento de la mercadotecnia, para otros es la posibilidad de conectar un poco más con su pareja o amigos y para una hermosa minoría, esas almas solitarias que disfrutan enormemente su propia compañía, es la posibilidad de vivir nuevas aventuras y emprender viajes pequeños para respirar y escapar de los globos en forma de corazón.

Para fortuna de los viajeros solitarios, la CDMX está cerca de lugares asombrosos: bosques, ojos de agua, naturaleza tupida y pueblos eternos que son caminables y nos invitan a resignificar el tiempo. Sí, a menos de dos horas de la capital hay un menú fantástico de posibilidades, desde dormir debajo de las estrellas hasta visitar monasterios solitarios edificados en medio de la nada.

Viajar solos es más fácil de lo que parece/ Imagen unsplash

Estas travesías son tan sencillas como baratas; no se necesita mucho para realizarlas. De hecho, los requisitos para emprenderlas son mínimos: hay que planear bien a dónde queremos ir, investigar un poco del lugar, encontrar rutas para llegar y listo, lo demás es perdernos en el paisaje y encontrar, entre el silencio de nuestra propia compañía, una nueva versión de nosotros mismos.

¿Se animan?

¿Por qué viajar solos?

Alguna vez un sabio dijo: “La vida está hecha para vivirla” y no hay mejor manera de materializar este sentimiento que a través de los viajes. No importa si son largos o cortos, tampoco si se hacen en este país o en otro o si vamos a un hotel o acampamos en el horizonte; lo sustancial es entender que de tanto en tanto nuestra cabeza necesita tomar distancia de la realidad para abstraerla y caminarla mejor.

Y qué mejor si emprendemos esta aventura solos, más que como un lamento por no tener quién nos acompañe, como una declaración valiente de intenciones; después de todo, no hay relación más importante que aquella que formamos con nosotros mismos. Ese vínculo estrecho con nuestro propio espíritu es la única forma de conocernos bien.

Viajar solos nos saca de nuestra zona segura./imagen Unsplash

Las ventajas de atrevernos son múltiples. Un viaje en soledad nos enseña lo que es libertad absoluta porque, entre otras cosas, somos dueños absolutos del itinerario y de cambiar los planes como y cuando queramos. Cuando exploramos el mundo sin compañía, somos los capitanes de nuestro propio barco.

Por otro lado, los viajes solitarios son una forma estupenda de salir de la zona de confort, fortalecer la confianza en uno mismo e identificar nuestras fortalezas en situaciones totalmente desconocidas. Estos tres pilares alimentarán a largo plazo el amor propio, un concepto radicalmente hermoso, sobre todo si lo comparamos con la superficialidad del 14 de febrero.

5 escapadas para los que aman viajar solos

Dicho lo anterior, aquí les dejamos esta breve, pero encantadora, lista de lugares cerca de la CDMX. Esta guía lo tiene todo: pueblos mágicos para ver al menos una vez en la vida, aventuras en la naturaleza para escapar de todo y lagos para flotar de muertito mientras vemos las nubes.

Un vino en Tequisquiapan

A 2 horas de la CDMX

Entre las montañas de Querétaro, hay un pueblo que es verdaderamente mágico. Además de ser la puerta para los que quieran experimentar la Ruta del Vino con sus bucólicos paseos entre viñedos, Tequisquiapan le ofrece a los visitantes manantiales con aguas termales para relajarse con agua caliente y aventuras en la Peña del Bernal, el tercer monolito más grande del mundo.

Tequisquiapan es la entrada de la Ruta del Vino. /imagen Wikpedia

Caminar sobre rocas sagradas en Malinalco

A 1 hora 32 minutos de la CDMX.

Este pueblo es en sí mismo un viaje completo y profundo. Por un lado, nos ofrece el Cuauhcalli un templo monolítico azteca tallado directamente en la montaña, y por otro la posibilidad de caminar entre calles empedradas, recorrer monasterios que parecen obras de arte, visitar boutiques raras y geniales y disfrutar de una gastronomía estupenda, ya sea en el mercado o en alguna de las nuevas propuestas culinarias del pueblo.

Una pirámide única en el mundo. /imagen Wikipedia

Reflexionar entre filas de árboles: Parque Nacional El Chico

A 2 horas de la CDMX

Pocas cosas como pasar el 14 de febrero entre la paz absoluta de más de cincuenta senderos rodeados de árboles gigantes y formaciones rocosas milenarias.

Contacto profundo con la naturaleza./imagen Wikipedia

Este parque nacional está lleno de actividades para los entusiastas de la naturaleza: campamentos debajo de las estrellas, sitios para escalar y alojamientos en medio del bosque para inhalar aire fresco y escuchar el rumor de los pájaros al amanecer.

Artesanías de colores y un convento milenario de Acolman

A 41 minutos de la CDMX.

Para los que quieran un encuentro con la riqueza cultural de México, esta es sin duda la escapada perfecta.

Aquí hay más piñatas que humanos./imagen Wikipedia

Se trata de un pueblo surrealista donde el Ex Convento de San Agustín, recinto lleno de escaleras que van a ninguna parte, coexiste con los piñateros más experimentados del país; pocas cosas como pasear por sus callecitas y de pronto entrar a un taller y entender por qué se dice que en Acolman hay más piñatas que personas. 

Asolearse frente al agua: Tequesquitengo

A 1 hora 59 minutos de la CDMX.

En el municipio de Jojutla, en el Estado de Morelos, hay un lago de más de 130 metros de profundidad, formado hace cientos de años, que le ofrece a los visitantes temperatura templada, cielos despejados, paseos en bicicletas, caminatas a la orilla del agua y una multitud de actividades acuáticas como paseos en lancha, esquí y hasta natación. 

Un lado hermoso y profundo./imagen Wikipedia

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