Todas las mañanas vas por tu jugo de naranja (el famoso antigripal) y te asedia un séquito de abejas que al mínimo movimiento, pueden encajar su aguijón, causarte mucho dolor, inflamación y hasta calentura. Sin embargo, esa no es su intención. Su naturaleza las lleva a donde está lo dulce (y sabemos que tú no eres precisamente un terrón de azúcar). Las abejas son insectos incomprendidos que provocan rechazo porque no hay nada encantador en un animal invertebrado con seis patas, dos antenas y un poco de pelos.

Pero no por eso dejan de ser fascinantes. Las abejas viven en colonias y su estructura social se divide en tres: abeja reina, zánganos y obreras. Hay más de 20 mil subespecies y se dice que habitan la Tierra, en cada uno de los continentes con excepción de la Antártida, desde hace más de 30 millones de años. Su presencia, además de causar fobia en algunas personas, es importante para la existencia de muchas plantas.Una abejita vive en promedio cinco años, y en general mide poco más de 1,5 centímetros… o tal vez no. La abeja gigante Wallace, la más grande del mundo, puede medir más de 4 centímetros. Y es aquí cuando agradeces las pequeñas abejas que rodean tu jugo o tu pan chino…

La abeja Wallace estuvo “perdida” y casi al borde de la extinción durante 38 años hasta que un grupo de biólogos a principios de 2019, la redescubrieron en Indonesia dentro de un nido de termitas, en un árbol y a dos metros de altura. Las probabilidades eran pocas, pero sucedió. ¿Se acuerdan del leopardo negro que estuvo fuera de nuestra vista por 100 años? Su encuentro fue importante y lo mismo va para esta enorme abeja hembra que supera cuatro veces el tamaño de una normal. Fue absolutamente fascinante ver a este insecto ‘bulldog volador’ del que no estábamos seguros de su existencia. Ver lo hermoso y enorme que es esta especie, escuchar el sonido de sus enorme alas alrededor de mi cabeza, fue increíble”, dijo Clay Bolt, un fotógrafo especializado.

Esta abeja recibió su nombre gracias a Alfred Russel Wallace, quien la descubrió en 1958 durante una expedición en Bacan, una isla tropical de Indonesia. No se supo de ella hasta 1981 cuando se descubrió que utilizaba su mandíbula para agarrar resina y construir nidos de termitas. Su gran tamaño no impidió que estuviera fuera del radar durante casi 40 años, evitando que los científicos pudieran diseñar un perfil, sobre todo el de las hembras y su ciclo de vida.

Una abeja Wallace en comparación con las abejas ‘normales’ / Foto: Clay Bolt

La enorme abeja Wallace está en peligro como consecuencia de la deforestación, pero eso no es lo peor, sino que es objeto de deseo entre coleccionistas por su tamaño y cualidades exóticas. Anunciar que encontraron a la abeja las pone en peligro como dijo Robin Moore, biólogo y director de The Search for Lost Species.

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