Uno de nuestros diputados favoritos es Sergio Mayer. No porque esté proponiendo cosas muy interesantes que digamos, el afecto que sentimos por él es básicamente porque siempre mete la pata. Pero ahora no brilló por decir joyas como “la vaquita amarilla” o “Yanitza Aparicio”. No, ahora la nota se la robó alguien más aunque, el buen Serch tiene toooodo que ver.

Resulta que el encargado de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputados anda de vacaciones en Perú junto a su familia. Todos los Mayer hicieron una parada en Cusco, una de las ciudades perfectas para conocer y estar cerca de las alpacas (no confundir con las llamas, por favor). Así que, decidieron que era buena idea armar un tour y conocer más sobre estos animalitos. Al ver a un par de alpacas paraditas, pensaron que era el momento perfecto para acercarse, acariciarlas y tomarse una foto con ellas pero, el terror apenas comenzaba.

El pobre Sergio Mayer intentó cubrirse la cara para no recibir ese escupitajo salvaje pero fue imposible, ni siquiera su esposa Issabela Camil metió las manitas por él. La alpaca tuvo la puntería perfecta para darle a nuestro exGaribaldi favorito. Al final, el también actor quiso desquitarse un poquito con su hija por lo que había pasado, echándole la culpa por no apurarse; pero Sergio, de esta no te salvabas aunque fueras el mismísimo encantador de alpacas.

Nuestro querido Checo creyó que era buena idea subir este jocoso video a su cuenta de Instagram y, por supuesto que el mundo del internet no perdona y le tiró carrilla. Su descripción también es una joya, Mayer escribió: “Sin palabras, la alpaca traviesa”. Jajajaja, ya qué le quedaba decir. Chequen el increíble momento donde la naturaleza ataca a continuación: 

 

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Jajajajaj#sin palabras!! La alpaca traviesa #peru #Cusco #qosqo

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No sabemos si Sergio Mayer le había hecho algo antes a la alpaca o si lo anduvo cazando todo este tiempo, solo ella y el diputado favorito de todos sabrán qué fue lo que pasó. No cabe duda de que la naturaleza es sabia y salvaje cuando lo amerita. Moraleja de esta historia: no te metas jamás con las alpacas.